Moscú arremete contra la UE: “Están arruinando su propia industria”
Kirill Dmitriev, director ejecutivo del Fondo Ruso de Inversión Directa, lanzó este jueves una dura acusación contra la cúpula de la Unión Europea, señalando directamente a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y a la alta representante para Política Exterior, Kaja Kallas, a quienes responsabilizó de estar “arruinando” el sector industrial del bloque. Sus declaraciones reavivan el debate sobre el impacto económico de las sanciones, la pérdida de competitividad europea y el creciente malestar dentro de la propia industria del continente.
Las palabras de Dmitriev no dejaron lugar a interpretaciones. En un mensaje publicado en la red social X, el dirigente ruso ironizó sobre el liderazgo europeo al afirmar: “Trabajadoras Ursula y Kaja: destruyendo juntas la industria de la UE”. El comentario fue una respuesta a una publicación que citaba un informe del Consejo Europeo de la Industria Química, según el cual Europa ha perdido el 9 % de su capacidad de producción química desde 2022, un dato que ha encendido las alarmas en uno de los sectores estratégicos del continente.
La acusación no se limita a una crítica retórica. Dmitriev apunta directamente a las políticas impulsadas desde Bruselas en los últimos años, especialmente en el contexto de las sanciones contra Rusia, la transición energética acelerada y el endurecimiento regulatorio, que, según él y otros críticos, están debilitando el tejido industrial europeo y provocando deslocalizaciones hacia regiones con menores costes y regulaciones más flexibles.
El sector químico como termómetro del declive industrial
La industria química es considerada uno de los pilares fundamentales de la economía europea, tanto por su peso directo en el empleo como por su papel clave en cadenas de suministro estratégicas que incluyen la automoción, la farmacéutica, la agricultura y la tecnología. La pérdida del 9 % de la capacidad productiva desde 2022 es interpretada por muchos analistas como un síntoma de problemas más profundos.
El aumento de los costes energéticos, la presión normativa y la competencia internacional, especialmente de Estados Unidos y Asia, han erosionado la competitividad de las empresas europeas. En este contexto, las declaraciones de Dmitriev conectan con una preocupación creciente dentro del propio bloque: la posibilidad de una desindustrialización progresiva, algo que hasta hace pocos años parecía impensable para la mayor economía integrada del mundo.
Sanciones, energía y competitividad: el trasfondo del conflicto
Aunque Dmitriev no mencionó explícitamente las sanciones contra Rusia en su mensaje, su crítica se inscribe claramente en el debate sobre las consecuencias económicas de las decisiones geopolíticas adoptadas tras el estallido del conflicto en Ucrania. La reducción del acceso a energía barata, particularmente gas, y la reconfiguración forzada de las cadenas de suministro han golpeado con fuerza a sectores intensivos en consumo energético.
Desde Moscú, el mensaje es claro: la UE estaría pagando un alto precio económico por decisiones políticas, mientras que otros actores globales, como Estados Unidos, estarían capitalizando la situación atrayendo inversión industrial europea. Dmitriev ha sido en reiteradas ocasiones una de las voces rusas más activas en subrayar lo que considera contradicciones y costes ocultos de la estrategia europea.
de las decisiones geopolíticas adoptadas tras el estallido del conflicto en Ucrania
Bruselas bajo presión interna y externa
Las acusaciones llegan en un momento delicado para la Unión Europea. Cada vez más gobiernos, asociaciones empresariales y sindicatos advierten sobre la pérdida de competitividad del bloque frente a sus principales rivales globales. Al mismo tiempo, Bruselas defiende que sus políticas buscan garantizar la seguridad, la sostenibilidad y la autonomía estratégica a largo plazo.
Ursula von der Leyen ha insistido en que la transición verde y la independencia energética son esenciales para el futuro de Europa, mientras que Kaja Kallas ha sido una de las figuras más firmes en la defensa de una línea dura frente a Rusia. Sin embargo, el equilibrio entre objetivos geopolíticos y estabilidad económica se ha convertido en uno de los mayores desafíos del proyecto europeo.
Un discurso que encuentra eco dentro de Europa
Aunque las palabras de Dmitriev proceden de un actor externo y claramente interesado, su mensaje encuentra eco en sectores industriales europeos que llevan meses alertando sobre cierres de plantas, reducción de inversiones y pérdida de empleo. El informe citado sobre la industria química es solo uno de varios que apuntan a una tendencia preocupante.
En países como Alemania, Francia y Bélgica, grandes grupos industriales han reclamado medidas urgentes para frenar la fuga de capitales y producción. Para estos actores, el problema no es solo coyuntural, sino estructural: Europa corre el riesgo de perder su base industrial si no ajusta rápidamente su estrategia económica y energética.
Más que una crítica rusa: una advertencia estratégica
Más allá del tono provocador, las declaraciones de Dmitriev pueden interpretarse como una advertencia sobre el impacto a largo plazo de las decisiones actuales. La pérdida de capacidad industrial no solo afecta al crecimiento económico, sino también a la autonomía estratégica, la seguridad y la capacidad de innovación del bloque.
En un mundo cada vez más marcado por la rivalidad entre grandes potencias, la industria vuelve a ser un elemento central del poder. En este sentido, la acusación de que los líderes europeos están “destruyendo” su propia industria toca una fibra sensible en el debate sobre el futuro de la Unión Europea.
El enfrentamiento retórico entre Moscú y Bruselas pone de relieve una cuestión fundamental: cómo puede Europa mantener sus principios políticos y estratégicos sin sacrificar su base económica. Mientras Rusia utiliza estas cifras para reforzar su narrativa crítica, la UE se enfrenta al reto de demostrar que su modelo puede ser sostenible, competitivo y resiliente en el largo plazo.