El Mossad alertó a Trump sobre una instalación nuclear subterránea de Irán

Instalación nuclear Irán

Roman Gofman se reunió con responsables de la CIA y la Casa Blanca para trasladar información sobre Pickaxe Mountain, el uranio iraní y la situación económica de Teherán.

El director del Mossad, Roman Gofman, viajó a Washington hace dos semanas para compartir con altos cargos de la Administración de Donald Trump información sensible sobre el programa nuclear iraní. El centro de las conversaciones fue Pickaxe Mountain, una instalación subterránea levantada junto al complejo de Natanz y considerada uno de los objetivos militares más difíciles de alcanzar de Oriente Próximo.

La visita, la primera de Gofman a Estados Unidos desde que asumió el cargo en junio, incluyó reuniones con el director de la CIA, John Ratcliffe, y responsables de la Casa Blanca. El viaje revela hasta qué punto la coordinación de inteligencia entre Washington e Israel se ha convertido en una pieza central de la estrategia frente a Teherán.

Una reunión en el momento más delicado

Las conversaciones se produjeron en plena escalada entre Estados Unidos e Irán y mientras Donald Trump endurecía sus amenazas contra las infraestructuras estratégicas iraníes. Según las informaciones publicadas, Gofman entregó datos sobre el estado del uranio, la economía del país y las actividades desarrolladas en Pickaxe Mountain.

No se trató, por tanto, de una visita protocolaria. El contenido de los encuentros apunta a una evaluación conjunta de objetivos, capacidades defensivas y posibles respuestas iraníes. La inteligencia económica resulta tan relevante como la militar, porque permite medir cuánto tiempo puede sostener Teherán un conflicto prolongado y qué efecto tendrían nuevas sanciones o ataques sobre su aparato productivo.

El secreto bajo la montaña

Pickaxe Mountain, cuyo nombre iraní es Kuh-e Kolang Gaz La, se encuentra al sur de Natanz, uno de los principales centros de enriquecimiento de uranio del país. El complejo comenzó a desarrollarse después de sucesivos sabotajes y ataques contra instalaciones nucleares situadas en zonas más expuestas.

La construcción estaría enterrada a hasta 100 metros de profundidad, una cota que podría situarla fuera del alcance efectivo de buena parte de las bombas antibúnker disponibles. Los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica no han accedido al recinto y su función exacta continúa sin estar acreditada públicamente.

La combinación de profundidad, secretismo y proximidad a Natanz ha convertido la instalación en el principal símbolo de las dudas occidentales sobre el programa nuclear iraní.

Centrifugadoras y uranio

Estados Unidos e Israel sospechan que el emplazamiento podría utilizarse para fabricar, instalar o proteger centrifugadoras avanzadas. Estos equipos permiten aumentar la concentración del uranio y constituyen uno de los elementos más sensibles de cualquier programa nuclear.

Sin embargo, no existe confirmación independiente de que Pickaxe Mountain esté enriqueciendo uranio actualmente. La ausencia de inspecciones obliga a trabajar con imágenes por satélite, movimientos logísticos e información de inteligencia. Este hecho revela el principal problema para Washington: actuar demasiado tarde podría permitir a Irán consolidar una infraestructura difícil de neutralizar, pero hacerlo sin pruebas concluyentes elevaría el coste diplomático y militar.

Un objetivo casi inexpugnable

La profundidad estimada del complejo supera los 328 pies y plantea serias dudas sobre la eficacia de un ataque convencional. La bomba estadounidense GBU-57, con un peso cercano a las 30.000 libras, tiene una capacidad de penetración inferior a la profundidad atribuida a la instalación.

La consecuencia es clara. Destruir el recinto exigiría una operación prolongada, varios impactos o el bloqueo de sus accesos. Incluso en ese último supuesto, Irán podría intentar abrir nuevas galerías y recuperar parte de la infraestructura. Los expertos advierten de que un bombardeo podría retrasar el programa, pero no necesariamente eliminar el conocimiento técnico acumulado.

La nueva etapa del Mossad

Gofman asumió la dirección del servicio de inteligencia israelí en junio de 2026, después de haber ejercido como secretario militar de Benjamin Netanyahu. Su mandato está previsto para cinco años y comienza con Irán como prioridad absoluta.

Su rápido desplazamiento a Washington muestra una continuidad estratégica: Israel busca conservar una interlocución directa con la CIA y la Casa Blanca, evitando que las decisiones estadounidenses sobre negociación, sanciones o ataques se adopten sin incorporar la información israelí.

El riesgo de una escalada regional

La eventual ofensiva contra Pickaxe Mountain tendría consecuencias más amplias que la destrucción de una instalación. Irán podría responder contra bases estadounidenses, intereses israelíes o el tráfico marítimo del golfo Pérsico. Cerca de una quinta parte del petróleo mundial atraviesa el estrecho de Ormuz, por lo que cualquier interrupción sostenida tendría un impacto inmediato sobre los precios energéticos, la inflación y el transporte internacional.

El contraste resulta demoledor: una instalación cuyo funcionamiento continúa rodeado de incógnitas puede condicionar la seguridad regional y la economía global. La reunión de Gofman con los responsables de Trump confirma que Pickaxe Mountain ya no es únicamente un asunto de inteligencia. Se ha convertido en una posible línea roja militar.