Rusia lanza 147 drones sobre Ucrania y Kiev responde cerrando aeropuertos en territorio ruso
La guerra de Ucrania vuelve a elevar su intensidad. Rusia lanzó durante la noche del 6 al 7 de agosto 147 drones contra territorio ucraniano, mientras Kiev respondió prolongando su campaña de ataques a larga distancia contra objetivos situados cientos de kilómetros dentro de Rusia.
La Fuerza Aérea ucraniana asegura haber derribado o neutralizado 114 aparatos, aunque se registraron impactos en diferentes puntos. Paralelamente, las incursiones ucranianas obligaron a restringir temporalmente operaciones en al menos seis aeropuertos rusos este viernes.
La escalada coincide con una advertencia especialmente sensible de la inteligencia estadounidense: Vladímir Putin podría intentar comprobar hasta dónde está dispuesta a llegar la OTAN.
Una oleada de 147 drones
Rusia empleó drones de ataque y señuelos para intentar saturar simultáneamente diferentes capas de la defensa aérea ucraniana. Según Kiev, 114 de los 147 vehículos no tripulados fueron destruidos mediante sistemas antiaéreos, guerra electrónica y unidades móviles.
La estrategia se ha convertido en una constante de la guerra. Lanzar grandes cantidades de drones relativamente baratos obliga a Ucrania a decidir qué sistemas utiliza para cada amenaza y preserva los misiles interceptores más sofisticados para proyectiles balísticos.
La presión no se mide únicamente por los objetivos destruidos, sino por el coste de impedir que sean alcanzados.
Cada noche de ataques consume munición, obliga a dispersar defensas y mantiene bajo alerta infraestructuras energéticas, logísticas y urbanas.
Rusia tampoco mantiene segura su retaguardia
Kiev continúa respondiendo mediante operaciones de largo alcance contra instalaciones rusas. Este viernes, una nueva oleada provocó suspensiones o limitaciones temporales en al menos seis aeropuertos, demostrando cómo los drones pueden alterar la actividad económica incluso cuando son interceptados antes de alcanzar su objetivo.
Los ataques ucranianos ya han alcanzado instalaciones situadas a más de 2.000 kilómetros de la frontera, como ocurrió con un almacén de Wildberries en Ekaterimburgo. Unos 800 trabajadores tuvieron que ser evacuados de aquellas instalaciones.
La consecuencia es clara: la profundidad territorial rusa ya no garantiza inmunidad. Aeropuertos, centros industriales, refinerías y almacenes pueden sufrir interrupciones aunque permanezcan muy alejados del frente.
EEUU alerta sobre una prueba a la OTAN
El elemento más inquietante procede de Washington. Nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense consideran que Putin podría intentar realizar una acción limitada contra algún miembro de la OTAN para medir la determinación de la Alianza.
Los escenarios analizados abarcan desde ciberataques hasta una incursión terrestre de pequeña escala. No significa que Washington considere inminente una guerra abierta entre Rusia y la OTAN: la probabilidad de una ofensiva convencional a gran escala continúa siendo reducida.
Lo más grave es la posibilidad de una provocación calculada precisamente para situarse en una zona ambigua y comprobar si los aliados reaccionan colectivamente.
El verdadero objetivo sería poner a prueba el artículo 5 sin desencadenarlo de manera inequívoca.
Trump guarda los Patriot
La preocupación llega cuando Ucrania reclama más capacidad para interceptar misiles balísticos. Donald Trump rechazó recientemente una petición de Volodímir Zelenski para recibir cientos de interceptores Patriot adicionales, argumentando la necesidad de preservar las propias reservas estadounidenses.
La decisión muestra los límites materiales de la ayuda occidental. Estados Unidos debe mantener suficientes existencias para responder simultáneamente a crisis en Europa, Oriente Próximo y el Indo-Pacífico.
Ucrania ha comprobado el problema directamente. Durante recientes ataques contra Kiev, sus defensas consiguieron destruir numerosos drones, pero fueron incapaces de interceptar determinados proyectiles balísticos ante la insuficiencia de sistemas especializados.
Zelenski acelera sus propias armas
La respuesta de Kiev consiste en reducir progresivamente su dependencia exterior. Zelenski ha anunciado avances en el desarrollo de sistemas antibalísticos ucranianos, con colaboración europea, y pruebas de misiles balísticos fabricados por la propia industria nacional.
El cambio posee una dimensión estratégica. Ucrania ya ha demostrado capacidad para producir drones de largo alcance en cantidades crecientes. Si consigue trasladar ese modelo a los misiles y a la defensa antiaérea, aumentará considerablemente su autonomía militar.
Pero fabricar sistemas antibalísticos resulta mucho más complejo que producir drones. Exige radares avanzados, sensores, interceptores extremadamente rápidos y una industria capaz de fabricar componentes con precisión.
Una guerra que supera cada vez más el frente
El intercambio de 147 drones rusos, las restricciones aeroportuarias dentro de Rusia y las advertencias sobre posibles provocaciones contra la OTAN muestran que el conflicto se extiende mucho más allá de las trincheras del Donbás.
Rusia intenta desgastar la defensa ucraniana mientras Kiev traslada parte del coste de la guerra al interior ruso. Al mismo tiempo, Washington debe decidir cuántas de sus reservas militares puede seguir enviando a Europa sin reducir su propia capacidad de respuesta.
La tecnología ha ampliado el campo de batalla miles de kilómetros. Y precisamente por ello, el siguiente gran desafío para la OTAN puede no llegar mediante una invasión convencional, sino mediante una acción deliberadamente limitada diseñada para descubrir dónde termina la disuasión occidental.