Ormuz mueve el 20% del petróleo: Starmer y Trump exigen paso libre

Buque petrolero Foto de Scott Tobin en Unsplash

La tregua de dos semanas abre la puerta a reactivar el estrecho, pero Irán mantiene un control que amenaza precios, seguros y suministros energéticos.

Con el alto el fuego aún caliente, el tablero ya ha cambiado de fase. Keir Starmer y Donald Trump han conversado en plena gira del primer ministro británico por el Golfo para subrayar una prioridad compartida: restaurar la “libertad de navegación” en el Estrecho de Ormuz. El mensaje es nítido, pero el cuello de botella sigue ahí: el tráfico continúa por debajo de lo normal y el mercado descuenta que la reapertura será, de momento, condicionada y frágil.

El chokepoint que decide la factura energética

Ormuz no es una ruta más: es el paso obligado de casi una quinta parte del suministro mundial de crudo y un punto crítico para el gas natural licuado. La EIA advierte de que por ese corredor transita cerca del 20% del petróleo global; cuando se estrecha, el shock se traslada a precios, fletes y riesgos financieros.
La dimensión asiática agrava el efecto dominó: en 2024, el 84% del crudo y el 83% del LNG que cruzó Ormuz acabó en Asia, según estimaciones de la EIA. No es un detalle: es la razón por la que cualquier “peaje”, veto o retraso desordena desde Shanghái hasta Rotterdam.

Londres busca músculo diplomático sin disparar

Downing Street presenta la llamada con Trump como un intento de convertir la tregua en “la siguiente etapa” hacia una salida política. En el fondo, el Reino Unido trata de reconstruir influencia en un área donde el coste de la inacción se paga en inflación importada. Starmer ha reforzado contactos con líderes del Golfo y mandos militares, con una tesis que en Londres se repite en voz baja: si la reapertura depende de la voluntad de Teherán, el mercado no creerá en la normalidad.
“El alto el fuego y la reapertura deberían ser el arranque de una resolución, no un paréntesis”, trasladan en el entorno del Ejecutivo británico. La frase, elegante, esconde un diagnóstico incómodo: sin garantías internacionales, el estrecho puede convertirse en palanca de presión permanente.

Reapertura “controlada”: pocos barcos y demasiada incertidumbre

En teoría, el acuerdo de dos semanas debía desbloquear el tránsito. En la práctica, los datos de movimiento marítimo muestran un arranque raquítico: apenas una docena de buques cruzaron en los primeros compases del cese de hostilidades, muy lejos del flujo habitual de más de 100 tránsitos diarios.
La consecuencia es logística y psicológica: colas de cientos de barcos, cargamentos esperando ventana, traders sin visibilidad. El propio jefe de la petrolera estatal de Abu Dabi llegó a admitir que el estrecho “no está abierto” en términos reales, porque el paso continúa restringido y condicionado.
Lo más grave es la señal: aunque la guerra se pause, el riesgo se queda. Y el riesgo se paga.

El peaje de Irán y el precedente que inquieta a todos

La reapertura no solo va de barcos; va de reglas. La hipótesis de cobros o “tasas” por transitar Ormuz ha desatado alarmas por su impacto en el derecho de paso en estrechos internacionales. Incluso sin entrar en tecnicismos, el precedente sería explosivo: si se normaliza en Ormuz, ¿por qué no en otros pasos estratégicos? Associated Press ya ha advertido de que el planteamiento choca con normas marítimas consolidadas y que el debate no es académico, sino comercial y geopolítico.
Aquí aparece el incentivo perverso: si el control genera ingresos o poder de negociación, la “normalidad” deja de ser un objetivo y pasa a ser una concesión. De ahí el tono de Londres y Washington: reapertura sí, pero sin legitimar un control discrecional.

Seguros y fletes: el termómetro real de la reapertura

Hay un indicador que suele adelantarse a la política: el seguro. En Londres, los aseguradores avisan de que el alto el fuego no devolverá el mercado a la calma de un día para otro. Lloyd’s List ha descrito una escalada de primas de guerra de hasta 10 veces respecto a niveles previos, y el sector anticipa que los costes tardarán en caer aunque los cañones se silencien.
Esto explica por qué el petróleo se acerca otra vez a los 100 dólares por barril: aunque la geografía permita pasar, la economía exige certidumbre. Cuando el seguro se dispara, el cargamento se encarece y el consumidor lo nota en surtidor, factura de gas y cesta de la compra.

Qatar y el gas: el flanco más sensible para Europa

Ormuz no solo mueve crudo. La IEA recuerda que por el estrecho transita en torno al 19% del comercio mundial de LNG, con Qatar como gran pivote. En números aún más duros: el 93% de las exportaciones qataríes y el 96% de las emiratíes cruzan ese paso. El riesgo para Europa es evidente: si el gas se tensiona, la inflación energética regresa por la puerta grande.
De ahí que el diálogo Starmer–Trump no sea un gesto protocolario, sino un intento de blindar el canal antes de que se consoliden nuevas “condiciones” de tránsito. En paralelo, las conversaciones previstas entre Washington y Teherán —con mediación regional— se convierten en el verdadero juez de paz: si el acuerdo se interpreta de forma distinta por cada parte, Ormuz seguirá siendo rehén del matiz.