Ormuz, Vahidi y Ankara: tres nombres para explicar el nuevo caos estratégico

Cumbre_OTAN_FOTO_FAMILIA

Escribo esta edición mientras dos relojes marcan la hora de la geopolítica mundial en direcciones opuestas. En Ankara, la Alianza Atlántica celebra su segunda jornada bajo el signo de la desconfianza —un presidente estadounidense «muy decepcionado» que amaga con la puerta mientras exige lealtad y que esta misma mañana ha dado por «terminado» el alto el fuego con Irán—; en el Estrecho de Ormuz, Estados Unidos e Irán vuelven a intercambiar golpes en una de esas guerras de temperatura variable —conflictos de baja resolución pero de altísima destrucción que nadie puede ganar ni permitirse perder— que vengo describiendo desde febrero. Las dos escenas comparten un mismo hilo conductor, que hoy constituye el eje de este informe: la orfandad de mando. La hay en Teherán, donde un halcón brutal domina sin gobernar; y la hay en una Europa que sigue sin tomarse en serio ni su defensa ni su destino.

Todo cuanto sigue está contrastado con múltiples fuentes de primer nivel a la hora de redactar. No hay conjeturas disfrazadas de noticia ni proyecciones de probabilidad sobre hechos pasados: solo lo verificado, leído después con la lente —comprometida, nunca aséptica— que caracteriza mi línea editorial.

 

II. LAS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Ormuz en llamas: Estados Unidos golpea más de 80 objetivos en Irán y Teherán responde contra el Golfo

Hechos

En la noche del 7 al 8 de julio, el Mando Central estadounidense (CENTCOM) ejecutó lo que definió como «una serie de poderosos ataques» (powerful strikes) contra más de ochenta objetivos en territorio iraní: sistemas de defensa antiaérea, redes de mando y control, radares costeros, capacidades de misiles antibuque y más de sesenta lanchas rápidas del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) dentro y alrededor del Estrecho de Ormuz. La operación se presenta como represalia directa por el ataque iraní contra tres buques mercantes —entre ellos el metanero catarí Al-Rekayyat, con un incendio en la sala de máquinas que estuvo a punto de hacerlo estallar, y el superpetrolero de bandera saudí Wedyan—.

En paralelo, el Departamento del Tesoro revocó la exención (waiver) que permitía a Irán vender su crudo, concedida por sesenta días como parte del memorando de entendimiento (MOU) de junio. La respuesta de Teherán no se hizo esperar: el CGRI afirmó haber atacado ochenta y cinco emplazamientos militares estadounidenses en Baréin —puerto de Salman, sede de la V Flota— y Kuwait —base aérea de Ali Al-Salem—. El jefe negociador y presidente del Parlamento, Mohamad Bagher Ghalibaf, acusó a Washington de violar el MOU: «la era del matonismo y la extorsión ha terminado… no nos plegamos». Trump, por cierto, aprobó el plan desde Ankara, reuniendo a Rubio, Hegseth, Bessent y al general Dan Caine.

La escalada culminó esta mañana en la propia Ankara. Sentado junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Trump dio por muerto el alto el fuego: «por lo que a mí respecta, se terminó», sentenció, para añadir que negociar con Teherán es «una pérdida de tiempo» y despachar a los dirigentes iraníes con un vocabulario impropio de la primera potencia del mundo —«escoria», «gente enferma», «mentirosos y tramposos»—. Rutte, lejos de matizar, calificó los ataques nocturnos de «absolutamente necesarios»; la Alta Representante europea, Kaja Kallas, tachó de «inaceptables» los ataques iraníes contra Baréin y Kuwait y convocó para el lunes una reunión de ministros europeos y del Golfo sobre la libertad de navegación. Trump, eso sí, dejó una rendija entreabierta: sus negociadores podrán seguir hablando, «aunque pierdan el tiempo».

Implicaciones

Estamos ante el enésimo episodio de intermitencia caótica en Ormuz, esa sucesión de golpe y contragolpe que mantiene al mundo pendiente del 20 % del crudo marítimo global. La categoría que mejor describe el cuadro sigue siendo la de fractura sistémica contenida: ambas partes tienen un interés objetivo en no desbordar el conflicto, pero —y aquí está el problema— del lado iraní no existe hoy quien pueda garantizar el cumplimiento de nada. Lo desarrollo en la noticia 4.

Dicho lo cual, no ahorraré la crítica que corresponde a Washington. Una cosa es la respuesta militar a los ataques del CGRI contra buques mercantes —proporcionada, quirúrgica y, a mi juicio, plenamente justificada— y otra muy distinta la reacción retórica del presidente: certificar la defunción del alto el fuego por exabrupto, ante las cámaras y sin deliberación alguna, es una reacción excesiva que regala a Vahidi exactamente lo que busca —el cierre de la vía diplomática que él tampoco quiere ni puede garantizar— y que dinamita un memorando que la propia Administración firmó hace apenas un mes. La ira, por comprensible que resulte frente a un régimen que jamás honra su palabra, no es una política exterior.

Perspectivas y escenarios

Mantengo el Escenario más probable —recaída en el ciclo golpe-represalia con cierre intermitente prolongado del Estrecho— fijo en el 40 %. El escenario de contención pasa por una vuelta rápida a la mesa de Doha; pero, mientras el interlocutor real en Teherán sea el aparato militar y no la diplomacia, cada acuerdo nacerá con fecha de caducidad. La planificación militar y operativa estadounidense merece un 10; la geoestratégica —la del día después— sigue clavada en el 0. Y hoy procede añadir un tercer suspenso: el del control emocional de la Casa Blanca, que ha convertido una represalia defendible en una ruptura declarada.

 

2. Ankara, día dos: una OTAN que estudia suprimir sus cumbres para no irritar a Trump y una España señalada

Hechos

La 36.ª Cumbre de la OTAN afronta su segunda jornada en Ankara. Trump —único líder con recibimiento ceremonial completo, cortesía de su anfitrión Erdogan— declaró estar «muy decepcionado con la OTAN» y llegó a insinuar que no habría asistido de celebrarse en otro lugar. Su reproche esencial es la falta de apoyo aliado en la Operación Epic Fury contra Irán: «Italia nos dijo que no. Y Alemania nos dijo que no, y Francia nos dijo que no». La Alianza, consciente del riesgo, se blindó con cifras: 40.000 millones de dólares en capacidades antidron a cinco años, más de 26.000 millones en defensa aérea y antimisiles integrada y 1600 millones en capacidades de ataque. Solo cinco aliados proyectan alcanzar en 2026 el 3,5 % del PIB en defensa esencial.

A la tensión se suma una revelación de calado institucional: según Bloomberg y Reuters, la Alianza estudia abandonar la práctica de celebrar cumbres anuales para evitar nuevos choques con Trump en la recta final de su mandato. El borrador de la declaración de Ankara omite toda referencia a Albania como sede de la cumbre de 2027 —pese al compromiso explícito adoptado en La Haya—, se baraja un formato bienal y ni siquiera se contempla encuentro alguno en 2028, año electoral en Estados Unidos. Pesan la reticencia de la Administración estadounidense y el bajo gasto en defensa de Tirana, que podría «irritar» al presidente y generar mala prensa; la decisión final corresponde a Rutte. «Mejor pocas cumbres que malas cumbres», resume un diplomático aliado.

Y llega España. Pedro Sánchez se presentó en Ankara con un parche contable bajo el brazo: una transferencia de crédito de 6287 millones de euros al Ministerio de Defensa aprobada en Consejo de Ministros menos de veinticuatro horas antes de la cumbre, con la que Moncloa pretende sostener que un 2,1 % del PIB basta para cumplir los objetivos de capacidades. El presidente del Gobierno reiteró que no gastará más «sin recortar un centímetro» del Estado del bienestar, mantiene la negativa a que las bases de Rota y Morón se utilicen en operaciones vinculadas a Irán y encaja las amenazas de Trump —del embargo comercial a la retirada de tropas y el cierre de ambas bases— con lo que su propia delegación llama «deportividad». El embajador estadounidense ante la OTAN ha verbalizado sin matices que Trump está «decepcionado» con España; la exclusión de la minicumbre de Berlín hizo el resto. Hasta la foto de familia dejó su símbolo: Begoña Gómez no pudo acompañar al presidente porque el juez instructor le denegó la autorización para viajar a Ankara.

El trasfondo es un repliegue estadounidense sin precedentes —retirada escalonada de aviones, destructores y submarinos, revisión «NATO 3.0» de seis meses sobre la postura de fuerzas, y planes de sacar de Europa entre 9000 y 13.000 efectivos— que alimenta, en palabras de Torrey Taussig (Atlantic Council), una «crisis de confianza» sobre el compromiso con el Artículo 5. Se añaden la fricción con Dinamarca por Groenlandia —la primera ministra Mette Frederiksen recordó que la isla «no está en venta»— y una tanda de acuerdos bilaterales de Zelenski con Estonia, Países Bajos y Dinamarca.

Implicaciones

Aquí debo ser fiel a lo que vengo sosteniendo sin ambages. La ausencia de España del directorio informal europeo —el E5 de Berlín— está plenamente justificada, «con toda razón»: quien exhibe el gasto en defensa más bajo de la Alianza no puede sorprenderse de que no se le siente a la mesa donde se decide. El marco es el de siempre: «de la irrelevancia a la sospecha». España ya no es solo un socio secundario, sino un aliado cuya fiabilidad se cuestiona, con una profunda desconfianza de todos los aliados que costará mucho reconstruir. La misma orfandad de mando que sufre Teherán —un vacío en la cúspide— tiene aquí su reflejo europeo: una silla vacía y un liderazgo ausente.

Seré durísimo porque los hechos lo exigen. Un país serio no financia su defensa con transferencias de crédito aprobadas la víspera de una cumbre —la enésima artimaña de quien gobierna sin Presupuestos Generales del Estado desde 2023—, sino con planificación plurianual y verdad presupuestaria. Un aliado fiable no niega sus bases al socio que garantiza su seguridad mientras presume de cumplir «capacidades» sobre el papel. Y un Gobierno responsable no convierte la política exterior en cabotaje doméstico, más pendiente de no incomodar a sus socios parlamentarios que de la credibilidad internacional de España: esa neutralidad rayana en la irresponsabilidad —más hostil hacia Washington que hacia Teherán— tiene hoy nombre, apellidos y factura. En cuanto a la Alianza, que se plantee suprimir sus propias cumbres para no contrariar el temperamento de un solo hombre es la otra cara de la misma enfermedad: el apaciguamiento elevado a método institucional. Ninguna organización se fortalece escondiéndose de sí misma.

Perspectivas y escenarios

El dinero fluye; la política, no. La duda que planea sobre Ankara —lo señalan desde Özgür Ünlühisarcikli (German Marshall Fund) hasta el ministro sueco Pål Jonson— no es cuánto se gasta, sino si ese gasto se traducirá con rapidez en capacidades reales y en una autonomía europea que deje de ser retórica. Soy atlantista de corazón y europeísta convencido; precisamente por ello exijo a Europa que crezca de una vez.

 

3. Kyiv bajo el fuego: el mayor ataque ruso del año y el déficit de interceptores Patriot

Hechos

En la madrugada del 6 de julio, Rusia lanzó contra Ucrania cerca de 351 drones y 68 misiles, matando al menos a 22 personas —quince en la propia Kyiv— e hiriendo a más de cincuenta. El dato demoledor: las 29 balísticas alcanzaron sus objetivos y ninguna fue derribada. El ataque, precedido el 2 de julio por otro que causó una treintena de muertos, se enmarca en la represalia rusa por los golpes ucranianos de largo alcance contra refinerías —que están provocando escasez de combustible y aprietan a Putin como pocas veces—. El déficit global de interceptores Patriot, agravado por la guerra de Oriente Próximo, deja a las ciudades ucranianas peligrosamente expuestas.

Implicaciones

Se ve con nitidez la interdependencia de los teatros: la guerra del Golfo canibaliza el suministro mundial de interceptores que Ucrania necesita para sobrevivir. Reitero mi posición de principio —contraria sin matices a la agresión rusa y al uso de la fuerza para adquirir territorios—: el territorio solo puede cambiar por la voluntad libre de los pueblos, jamás por la coacción de las armas. Conviene subrayar, además, el diagnóstico del Institute for the Study of War (ISW): la ofensiva rusa de primavera-verano de 2026 ha fracasado, con un ritmo de avance en junio que es una fracción del de un año antes.

Perspectivas y escenarios

Zelenski llega a Ankara con una sola petición —defensa aérea, y más defensa aérea— y una reunión bilateral con Trump prevista para hoy. La presión estadounidense empuja hacia una negociación; el riesgo, que esa prisa por cerrar se traduzca en una paz sin arquitectura, el mismo pecado original que ya denuncié en el caso iraní.

 

4. El ascenso del general Vahidi: la paradoja del descabezamiento en su fase más aguda

Hechos

El funeral de seis días por Ali Jamenei —muerto el 28 de febrero en los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel— ha servido de escenario para la reaparición pública del general Ahmad Vahidi, comandante en jefe del CGRI desde el 1 de marzo y desaparecido de la escena durante meses. Vahidi no es un militar cualquiera: exministro de Defensa con Ahmadineyad e Interior con Raisi, pesa sobre él una notificación roja de Interpol por el atentado terrorista de la AMIA (Buenos Aires, 1994). Analistas como Mohammad Ali Shabani (director de Amwaj Media) lo describen sin eufemismos como «brutal», y a sus predecesores, «maestros de escuela a su lado». Fue de los que empujaron la designación de Mojtaba Jamenei como «supremo» y la de Zolghadr al frente del Consejo Nacional de Seguridad, al tiempo que bloquea sistemáticamente al presidente Pezeshkian.

Implicaciones

Conviene precisar, una vez más, la paradoja del descabezamiento. No consiste —nunca consistió— en la eliminación de moderados, porque no los había. Estamos ya en una fase nueva: Vahidi es, de facto, el primus inter pares del triunvirato del CGRI —completado por Mohamad B. Zolghadr, secretario del Consejo Nacional de Seguridad y jefe de las brigadas Al-Quds, y por Rezaei, asesor militar interino del líder—. Pero un primus inter pares no es un árbitro absoluto al modo de Jamenei: su primacía descansa en la fuerza, el miedo y el fanatismo, no en la autoridad ideológica, institucional y religiosa que permitía al viejo líder imponer disciplina interna y arrancar concesiones al aparato.

De ahí que la paradoja no se resuelva, sino que se intensifique: quien se impone es precisamente el más despiadado y brutal de los tres —«de lejos la peor de las opciones»—, capaz de pilotar y dominar la negociación, pero incapaz —y sin voluntad— de garantizar el cumplimiento. El régimen tiene por fin una figura dominante, pero sigue careciendo de un garante fiable de las concesiones. No es ya «iguales sin árbitro», sino «un halcón dominante sin la autoridad legítima —ni la voluntad— de cumplir». Una paradoja de gobernanza, no de moderación. Y ahí reside la explicación de la intermitencia caótica del Estrecho que abría este informe. Mojtaba Jamenei, inexplicablemente llamado «supremo», no es más que un líder marioneta y desaparecido.

Perspectivas y escenarios

Mantengo el Escenario B en el 40 %. Y regreso al leitmotiv que vertebra la edición de hoy: la orfandad de mando. La hay en Teherán, donde Vahidi domina por la fuerza pero no arbitra; y la hay en Madrid, con su silla vacía en el directorio europeo. Dos vacíos de autoridad, en las antípodas ideológicas, que sin embargo comparten la misma consecuencia: la imposibilidad de comprometerse de forma creíble.

 

5. El petróleo se tensa: Ormuz vuelve a mover los mercados

Hechos

Los mercados reaccionaron con nervio a la nueva escalada. El Brent —referencia internacional— cerró el 7 de julio con una subida cercana al 3 %, hasta los 74,16 dólares por barril, y el West Texas (WTI) un 2,8 %, hasta 70,44. Tras conocerse la revocación de la licencia petrolera iraní, el repunte se acentuó en operaciones posteriores al cierre (after-hours): el Brent llegó a 76,04 dólares (+5,6 %) y el WTI a 72,25 (+5,4 %). La jornada del 8 de julio convirtió la tendencia en estampida: tras dar Trump por «terminado» el alto el fuego, el Brent se disparó más de un 5 %, hasta rozar los 78,4 dólares, y el WTI hizo otro tanto, hasta el entorno de los 74,6. Recordemos que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) llegó a calificar la crisis de Ormuz como «la mayor disrupción de suministro de la historia del mercado petrolero».

Implicaciones

El componente geoeconómico es de primer orden. Estados Unidos, potencia energética, se beneficia relativamente de unos precios altos; Europa y Asia, importadoras, quedan expuestas a un choque inflacionario global —cifrado en torno a ocho décimas si la disrupción persiste— que arrastra a los fertilizantes (urea) y, con ellos, a la seguridad alimentaria. No es dato menor que Irán llegara a dar prioridad al paso de buques chinos por el Estrecho: la dependencia energética asiática de Ormuz es una palanca que Pekín sabe manejar.

Perspectivas y escenarios

Mientras no se restablezcan flujos sostenidos, analistas como Rory Johnston (fundador de Commodity Context) sitúan el Brent en una horquilla de 80-90 dólares. La volatilidad, más que el nivel, será la norma: cada titular sobre Ormuz moverá el barril varios puntos en cuestión de horas.

 

6. Trump y Al-Sharaa en Ankara: el realineamiento sirio y la sombra de Hizbulá

Hechos

Al margen de la cumbre, Trump se reúne hoy, 8 de julio, con el presidente sirio Ahmed al-Sharaa —el antiguo Abu Mohamed al-Jolani, exjefe de AL-NUSRA la rama siria de Al Qaeda—, en el tercer encuentro entre ambos. La agenda es densa: el levantamiento de las sanciones —el Departamento de Estado ha prorrogado otros 180 días su suspensión, aunque las más duras, las «Caesar», requieren aval del Congreso—; la contención del DAECH (Estado Islámico) mediante el ingreso de Damasco en la coalición anti-DAECH; y las relaciones con Israel. Trump insiste en que Siria «se ocupe de Hizbulá» en el Líbano —idea que Damasco rechaza una y otra vez—. Dos explosiones sacudieron la capital siria el 7 de julio, con 18 heridos, y Macron prepara una visita a Damasco. Para empezar el nuevo régimen sirio tiene que ocuparse de los brutales enemigos que tiene en casa: DAECH, Hizbollah de Siria y las milicias terroristas pro-iraníes de Siria y de Iraq.

Implicaciones

Hablo de Líbano con conocimiento directo y con el corazón, y por eso no rehúyo la incomodidad del cuadro: la realpolitik estadounidense rehabilita a un exafiliado de Al Qaeda convertido en interlocutor preferente. Puedo entender el cálculo —estabilizar Siria, cerrar los campos que incuban al yihadismo, contener a un Hizbulá terrorista debilitado tras la guerra—, pero no dejaré de vigilar de cerca a quien un día militó en la internacional del terror. La reconstrucción siria, que el Banco Mundial cifra en más de 200.000 millones de dólares, será la verdadera prueba de fuego de esta apuesta.

Perspectivas y escenarios

Siria no entrará militarmente en el Líbano —al-Sharaa lo ha descartado de plano—, y hace bien: arrastrar a Damasco a la guerra libanesa desestabilizaría a un gobierno que aún necesita consolidarse. El vacío dejado por Hizbulá, sin embargo, reconfigura todo el Levante, y ahí se juega buena parte del equilibrio regional de la próxima década.

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

Escalada EE. UU.-Irán en Ormuz — Trump da por «terminado» el alto el fuego tras el intercambio de golpes; el MOU, herido de muerte, y el Estrecho, en cierre intermitente. Tendencia claramente al alza.

Vacío de autoridad en Teherán — El halcón Vahidi domina pero no arbitra ni garantiza cumplimiento —paradoja del descabezamiento en fase aguda—. Máxima incertidumbre.

Defensa aérea de Ucrania — Déficit crítico de interceptores Patriot agravado por la guerra del Golfo; ciudades expuestas a las balísticas rusas.

Cohesión de la OTAN y repliegue estadounidense — Retirada de medios y de tropas de EE. UU., dudas sobre el Artículo 5 y una Alianza que estudia suprimir la cumbre de 2027 para no irritar a Trump; el gasto sube, la confianza política no.

España, de la irrelevancia a la sospecha — Gasto en defensa más bajo de la Alianza, bases negadas al principal aliado y parches contables de última hora; el aislamiento de Madrid se consolida y la confianza aliada tardará años en reconstruirse.

Choque energético e inflación global — Repunte del Brent y del WTI, presión sobre fertilizantes y seguridad alimentaria; volatilidad como norma.

Realineamiento sirio y presión sobre Hizbulá — Rehabilitación de al-Sharaa y pulso por el Líbano; reconfiguración del Levante con final abierto.

Inversión europea en defensa — Los anuncios de Ankara (antidron, defensa aérea, capacidades de ataque) son una señal positiva… si se traducen en capacidades reales y rápidas.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay días en que la actualidad se ordena sola en torno a una sola idea, y hoy esa idea es la orfandad de mando. En Teherán, la muerte de Ali Jamenei no ha traído moderación alguna —jamás la traería—, sino el ascenso del más brutal de una camarilla de fanáticos: el general Vahidi manda por la fuerza, el miedo y el fanatismo, pero no gobierna, no arbitra y, sobre todo, no puede garantizar nada. Esa es la razón última de que Ormuz se abra y se cierre a golpe de impulso: un régimen que dispone de un halcón dominante, pero carece de un garante fiable de sus propias concesiones. La oligarquía yihadista iraní —nunca la llamaré «teocracia»— exhibe así su naturaleza más peligrosa, la de un Estado terrorista cósmicamente corrupto que ni siquiera es dueño de su propia palabra.

En Ankara, el espejo europeo devuelve una imagen igual de desoladora. Aplaudo sin reservas la política exterior de Trump cuando es pragmática y realista y camina de la mano de la sensatez de Marco Rubio —y le reconozco éxitos diplomáticos nada desdeñables—; pero le censuro, con la misma franqueza, cuando decide por intuición y exabrupto. El golpe a Irán ilustra ambas caras: impecable en lo militar, huérfano en lo geoestratégico. Y lo de hoy en Ankara pertenece, sin paliativos, a la segunda categoría: dar por «terminado» el alto el fuego por exabrupto, llamando «escoria» a un adversario con el que hace un mes se firmaban memorandos, es una reacción excesiva que confunde la firmeza con la incontinencia verbal y que entrega la iniciativa de la escalada a quien menos la merece: Vahidi. Un plan sin arquitectura para el día después no es una estrategia, es una apuesta; una diplomacia dinamitada por impulso ni siquiera es una apuesta: es una abdicación. Confío, como siempre, en que el sistema —y la sensatez de Marco Rubio— acaben imponiéndose al impulso.

Queda España, y no me temblará la mano. El espectáculo de Ankara ha sido sonrojante: un presidente que llega a la cumbre con un parche contable de 6287 millones aprobado la víspera —la enésima transferencia de crédito de quien gobierna sin Presupuestos desde 2023—, que niega Rota y Morón a su principal aliado mientras exhibe «deportividad» ante las amenazas de represalia, y cuya erosión es ya tan visible que ni la fotografía de familia pudo completarse. Su neutralidad rayana en la irresponsabilidad —más hostil hacia Washington que hacia Teherán— y su gasto en defensa, el más bajo de la Alianza, tienen consecuencias: la exclusión del directorio europeo está plenamente merecida, «con toda razón». Hemos transitado «de la irrelevancia a la sospecha», y reconstruir la confianza de los aliados será una tarea ímproba que excederá con mucho a este Gobierno. Soy atlantista de corazón y europeísta convencido, y precisamente por ello me duele: una Europa que no se toma en serio su defensa, su seguridad ni su destino se condena a ser objeto, y no sujeto, de la historia. La misma silla vacía de Madrid y el mismo vacío en la cúspide de Teherán son, en el fondo, dos rostros de una misma enfermedad: la incapacidad de mandar y de comprometerse. Frente a ella, insisto en lo de siempre —sensatez, sentido común y firmeza en la defensa de la democracia liberal—. Lo demás es dejarse llevar por la corriente.