La pausa duró 72 horas: EEUU lanza la mayor oleada contra la Guardia Revolucionaria desde febrero

centcom 2 avión

La pausa duró setenta y dos horas, ni una más. Lo que algunos quisieron leer como el principio de una desescalada —el paréntesis de tres días en los bombardeos, la mediación omaní sobre Ormuz, el lenguaje casi esperanzado de Washington sobre «dar espacio a la diplomacia»— se ha revelado por lo que en realidad era: un respiro táctico que Teherán empleó para reponer lanzaderas y preparar un ataque por sorpresa. En las últimas veinticuatro horas la guerra de Irán ha hecho tres cosas simultáneas y las tres son graves. Se ha reactivado con la mayor oleada de ataques estadounidenses contra la Guardia Revolucionaria desde el inicio del conflicto. Ha incorporado por primera vez a una potencia del Golfo como beligerante declarado, con ataques saudíes reconocidos en suelo iraquí. Y ha saltado geográficamente al Mediterráneo oriental, con un dron sobre un buque gasero de propiedad norteamericana en el puerto egipcio de Damieta.

Mientras tanto, en el otro gran teatro, Rusia ha respondido al regreso de Volodímir Zelenski de Washington con setenta misiles y casi trescientos drones sobre ciudades ucranianas, y un misil de crucero ruso ha cruzado el espacio aéreo de Polonia hasta caer setenta kilómetros dentro del territorio de un país de la OTAN. En un solo día, las dos guerras que definen este tiempo han ensanchado sus fronteras. Y Europa, una vez más, mira. Mira desde la barrera, sin fuerzas navales que ofrecer a la coalición que Riad reclama para el mar Rojo, sin defensa antiaérea suficiente que enviar a Kiev y sin una sola decisión propia que aportar en ninguno de los dos frentes.

Este informe recoge las seis noticias de mayor impacto geopolítico y geoeconómico de las últimas veinticuatro horas, con su contexto verificado, sus implicaciones y los escenarios que de ellas se derivan.

 

II. LAS SEIS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. CENTCOM lanza la mayor oleada de ataques contra la Guardia Revolucionaria desde febrero

Hechos

El Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) inició sus ataques contra Irán a las ocho de la tarde, hora del Este, del miércoles 29 de julio, y los dio por concluidos a las diez de la noche. En su comunicado oficial describe una «oleada pesada» de golpes contra decenas de objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica: centros de mando militar, instalaciones de misiles y de drones, puestos de vigilancia y defensa costera, y capacidades navales. No ha facilitado el número exacto de blancos.

La operación responde a lo que CENTCOM calificó de «intento de ataque por sorpresa» iraní: el martes a las 17:45, hora del Este, la Guardia Revolucionaria lanzó múltiples misiles balísticos contra fuerzas norteamericanas desplegadas en Oriente Medio, con Jordania entre los objetivos. Washington sostiene que todos los proyectiles fueron interceptados. El ejército jordano confirmó por su parte haber destruido cinco misiles procedentes de Irán en la madrugada del miércoles. Conviene recordar que en un ataque iraní anterior sobre una base aérea en Jordania murieron tres militares estadounidenses.

La televisión estatal iraní informó de que uno de los golpes alcanzó una vivienda del barrio de Chah-Tangu, en la isla de Queshm, donde los equipos de rescate trabajaban entre los escombros y dos niños fueron hospitalizados. Horas antes, medios iraníes habían denunciado un ataque en la zona fronteriza de Piranshahr, en la provincia de Azerbaiyán Occidental. En paralelo, la agencia Tasnim, vinculada a los Pasdarán, afirmó que la Guardia Revolucionaria golpeó y detuvo a tres petroleros en el estrecho de Ormuz por «navegar por una ruta insegura e ilegal» pese a las advertencias.

El presidente Trump había anticipado la respuesta con su franqueza habitual: «nos toca a nosotros golpearles», dijo en el Despacho Oval, y añadió que Washington iba a golpear «muy fuerte» y que en Teherán «saben que viene». Dejó, eso sí, una puerta entreabierta: «Ya veremos si llegamos a un acuerdo en algún momento». CENTCOM recordó que más de cincuenta mil militares norteamericanos permanecen desplegados en la región. Un dato menor en apariencia y revelador en el fondo: el almirante Brad Cooper, jefe del Mando Central, dirigió el 28 de julio una carta a sus fuerzas advirtiéndoles de que los vídeos que difunden en redes sociales permiten a Irán evaluar en tiempo casi real el resultado de sus ataques, y que el coste de esa inteligencia de fuentes abiertas «se mide en vidas» de militares estadounidenses y de residentes civiles en los países del Golfo.

Implicaciones

La primera lección es la más incómoda para quienes confundieron la pausa con la paz: el alto el fuego de facto no fue un gesto diplomático, sino una ventana de reconstitución. Teherán la utilizó para preparar una salva de misiles balísticos. Quien negocia mientras rearma no negocia: gana tiempo. Y quien concede tiempo sin exigir verificación regala capacidad al adversario.

La segunda remite a una cuestión que venimos subrayando desde hace meses en estos informes: la paradoja del descabezamiento. Estados Unidos e Israel han eliminado a tres comandantes en jefe de la Guardia Revolucionaria en poco más de un año —Hosein Salamí, Mohammad Pakpur y, antes, toda una plana mayor de la Fuerza Quds— y el resultado no ha sido una organización decapitada, sino una organización más brutal y menos calculadora. Quien manda hoy en los Pasdarán es el general Ahmad Vahidi, y su biografía explica la conducta de las últimas horas mejor que cualquier análisis de intenciones. Vahidi fue el primer comandante de la Fuerza Quds, el predecesor de Qasem Soleimani; pesa sobre él una notificación roja de Interpol solicitada por Argentina por el atentado de la AMIA de 1994, en el que fueron asesinadas ochenta y cinco personas; fue ministro de Defensa con Ahmadineyad y ministro del Interior con Raisi, es decir, el hombre que tenía la responsabilidad política de la represión interna. Es, además, uno de los principales valedores del nuevo Líder Supremo, Moytaba Jamenei, y se le atribuye el bloqueo de los nombramientos que el presidente Pezeshkian intentaba hacer en Inteligencia. No estamos ante un militar profesional que administra una derrota: estamos ante el arquitecto de la línea dura que ha convertido a la Guardia Revolucionaria en el verdadero Estado dentro del Estado.

La tercera implicación es operativa. Cuando CENTCOM incluye entre sus blancos «vigilancia y defensa costera» y «capacidades navales», está diciendo sin decirlo que el objetivo estratégico sigue siendo el mismo: desmontar el sistema de extorsión sobre el estrecho de Ormuz. El ataque iraní contra tres petroleros el mismo día demuestra que ese sistema sigue funcionando.

Perspectivas y escenarios

Escenario primero, y hoy el más probable a corto plazo: escalada controlada por ambas partes. Irán lanza salvas que sabe que serán interceptadas para poder presentarlas ante su opinión pública como represalia; Estados Unidos responde con oleadas masivas contra infraestructura militar sin tocar el corazón del régimen. Es la guerra de temperatura variable en estado puro: nadie quiere el escalón siguiente, todos suben un peldaño.

Escenario segundo: error de cálculo. Basta un misil que no sea interceptado sobre una base con militares norteamericanos, o un golpe sobre una instalación energética saudí de primera magnitud, para que la respuesta salte del catálogo militar al catálogo estratégico. La probabilidad no es alta en una semana concreta; es altísima acumulada a lo largo de meses.

Escenario tercero: negociación real. Trump la mantiene sobre la mesa —«ya veremos si llegamos a un acuerdo»— y no hay que despreciarla. Pero con Vahidi al mando de los Pasdarán y Moytaba Jamenei en el liderazgo, el interlocutor iraní no es el que negoció en 2015. Aquí conviene ser claros: nuestra crítica no es a los ataques, que consideramos justificados frente a un Estado terrorista, sino a la ausencia clamorosa de un plan para el día después. Cinco meses de guerra y seguimos sin saber qué quiere Washington que ocurra en Irán si el régimen se pliega o implosiona.

 

2. Arabia Saudí cruza el Rubicón: primeros ataques ofensivos reconocidos y llamamiento a una coalición naval en el mar Rojo

Hechos

En la noche del martes al miércoles, fuerzas estadounidenses y saudíes ejecutaron ataques conjuntos contra «depósitos logísticos y de armamento terroristas en el este de Irak», según el comunicado de CENTCOM. El Ministerio de Defensa saudí confirmó haber realizado «ataques precisos y selectivos» invocando su derecho a la legítima defensa. Las Fuerzas de Movilización Popular iraquíes —la coalición paramilitar proiraní— cifraron en al menos veinte muertos y treinta y dos heridos el resultado, y afirmaron que fueron alcanzados su cuartel general en Bagdad y otros seis emplazamientos. CENTCOM justificó la acción por más de treinta intentos de ataque con drones contra fuerzas norteamericanas e instalaciones energéticas saudíes en los tres días precedentes; Riad, por su parte, ha interceptado drones lanzados desde Irak contra instalaciones petrolíferas en la capital y en el este del país.

Es la primera operación ofensiva reconocida por un Estado del Golfo Pérsico desde que comenzó la guerra el 28 de febrero. La presidencia iraquí condenó los ataques como «una agresión inaceptable y una violación flagrante de la soberanía de Irak», y simultáneamente censuró a las milicias proiraníes por lanzar ataques «contra países vecinos o para saldar cuentas regionales e internacionales».

El miércoles, además, dos fuentes conocedoras de las deliberaciones revelaron que Arabia Saudí está tratando de construir una coalición internacional para proteger el tráfico marítimo en el mar Rojo frente a los ataques hutíes. La composición no está cerrada y se discute con decenas de países. El contexto es conocido: el 20 de julio los hutíes, alineados con Teherán, anunciaron un bloqueo naval contra Arabia Saudí en el mar Rojo alegando un supuesto asedio saudí sobre Yemen, acusación que Riad niega. Desde entonces han atacado buques saudíes y Riad ha bombardeado instalaciones militares hutíes en el puerto de Hodeida. Los tránsitos por el estrecho de Bab el-Mandeb han caído un veintidós por ciento desde el anuncio, mientras los de Ormuz siguen en mínimos. Un ministro del Gobierno yemení internacionalmente reconocido acusa a los hutíes de estar montando, bajo dirección iraní, un sistema de cobro de tasas a los buques que transiten por el mar Rojo y Bab el-Mandeb. Los ministros de Exteriores de Qatar, Kuwait y Baréin han telefoneado a su homólogo saudí, el príncipe Faisal bin Farhan, para subrayar la desescalada y condenar al mismo tiempo los ataques de Irán y de sus milicias.

Implicaciones

Riad ha dejado de cubrirse las espaldas. Durante años, la política saudí consistió en pagar el seguro de todas las pólizas a la vez: garantía americana, entendimiento chino, deshielo con Teherán auspiciado por Pekín en 2023. El bloqueo hutí y los drones sobre sus instalaciones petrolíferas han terminado con esa ambigüedad. Cuando un Estado reconoce públicamente que ha bombardeado milicias en un tercer país junto a los Estados Unidos, ha elegido bando y lo ha dicho en voz alta. Es una noticia de primer orden y en España apenas se ha reparado en ella.

Segunda implicación: el sistema de extorsión se traslada. Lo que Teherán y sus apoderados montaron en Ormuz —cobrar por el paso, decidir quién navega y quién no— se está replicando en Bab el-Mandeb. No es piratería: es fiscalidad marítima impuesta por la fuerza, y su objetivo último no es Riad, sino el comercio mundial. Quien controla dos de los grandes cuellos de botella del planeta controla el precio de la energía en Rotterdam, en Yokohama y en Algeciras.

Tercera implicación, y aquí conviene reiterar nuestra posición: el acuerdo nuclear civil entre Washington y Riad, que aplaudimos en su momento, cobra hoy pleno sentido estratégico. Arabia Saudí no es Irán. Es un aliado sólido de los Estados Unidos, un pilar de la estabilidad regional, y quiere dejar de quemar crudo y gas para generar electricidad. Washington verificará que su programa siga siendo estrictamente civil, cosa que nadie puede garantizar respecto del iraní. Lo que estamos viendo estos días —un Riad que combate abiertamente a las milicias de Teherán— confirma que la apuesta era la correcta.

Cuarta implicación, la más dolorosa: ¿dónde está Europa? La coalición naval que Riad reclama se discute «con decenas de países». La Unión Europea tiene una operación en la zona, Aspides, con un puñado de fragatas y unas reglas de enfrentamiento tan defensivas que rozan lo testimonial. La experiencia de Prosperity Guardian en 2024 debería servir de advertencia: las coaliciones de voluntarios funcionan cuando hay voluntad, y en Europa hay comunicados.

Perspectivas y escenarios

Escenario primero: la coalición se anuncia con gran aparato y se materializa en muy poco. Es el precedente histórico y, por desgracia, el más probable. Pocos gobiernos querrán enviar sus marinas contra un actor hutí atrincherado y con misiles antibuque.

Escenario segundo: Washington respalda políticamente la iniciativa saudí pero no la lidera ni participa directamente, delegando en una fuerza árabe con apoyo de inteligencia y logística norteamericana. Sería coherente con la doctrina de reparto de cargas de esta Administración y probablemente lo más eficaz.

Escenario tercero, el que más nos preocupa: que el mar Rojo se convierta en un frente permanente de baja intensidad y alto coste, con primas de seguro de guerra disparadas, desvío masivo por el cabo de Buena Esperanza y una nueva sacudida inflacionista global. El canal de Suez, del que depende una parte sustancial de los ingresos de Egipto, sería la primera víctima económica. Y un Egipto con menos ingresos es un Egipto más inestable.

 

3. Damieta: la guerra salta al Mediterráneo y revela el eje Teherán-Moscú

Hechos

El miércoles, hacia las 14:20 GMT, al menos un dron impactó contra la unidad flotante de almacenamiento y regasificación Energos Winter, con bandera de las Islas Marshall, propiedad y operación norteamericanas —fletada por la estadounidense New Fortress Energy—, atracada en el puerto egipcio de Damieta, en el delta del Nilo mediterráneo. El incendio se propagó a un segundo buque, el gasero Gaslog Salem, con bandera de Bermudas. Las tripulaciones y los servicios portuarios egipcios extinguieron los fuegos sin víctimas. Las consultoras de seguridad marítima Ambrey y Vanguard atribuyeron el suceso a un ataque con dron; Reuters verificó la localización mediante imágenes y datos de seguimiento de buques. El Ministerio de Petróleo egipcio confirmó el incendio pero negó que se tratara de un ataque, atribuyó el suceso a una investigación en curso y subrayó que ni las operaciones portuarias ni la infraestructura energética se vieron afectadas. Nadie ha reivindicado la acción.

El dato decisivo es otro, y es el que convierte esta noticia en algo mucho mayor que un incidente marítimo. Dos días antes, la televisión estatal iraní había exhibido un mapa de objetivos posibles bajo el titular «¿Cuáles pueden ser los objetivos de la venganza de Irán contra Ucrania?». Damieta figuraba señalada, con su descripción: «GNL de Damieta: capacidad de producción de 5,2 millones de toneladas anuales de gas licuado. Puerta de entrada para las exportaciones de gas a Europa». La amenaza respondía a un ataque ucraniano contra un buque iraní en el mar Caspio el fin de semana pasado; Kiev sostiene que transportaba armamento destinado a Rusia, y Teherán afirma que murió un marinero iraní. Los ministros de Exteriores de ambos países hablaron el martes: Abbás Araqchí declaró que Teherán «no busca la escalada» pero exigió «compensaciones» a Kiev. Preguntado en la Casa Blanca por el ataque de Damieta, Trump respondió que había sido informado y lo describió como «un poco más de lo mismo».

Añádase un elemento económico que multiplica el interés del blanco: esta misma semana Eni y TotalEnergies adoptaron la decisión final de inversión para desarrollar el yacimiento de Cronos, en la zona económica exclusiva de Chipre, que se conectará por gasoducto precisamente con Damieta para devolver a esa terminal su papel de plataforma exportadora de gas hacia Europa.

Implicaciones

Aquí está, en un solo dron, la demostración de lo que llevamos meses sosteniendo: no hay dos guerras, hay un solo sistema. Irán castiga a Ucrania por un ataque en el Caspio, y lo hace en territorio egipcio, contra propiedad norteamericana, golpeando el suministro de gas a Europa. Cuatro países y dos teatros en un mismo acto. Quien siga analizando la guerra de Ucrania y la guerra de Irán como compartimentos estancos no está entendiendo nada. El eje Teherán-Moscú no es una alianza formal, pero funciona como tal: drones iraníes en Ucrania, protección diplomática rusa a Irán, y ahora represalia iraní por cuenta del interés ruso.

Segunda implicación: la elección del blanco es un mensaje dirigido a Bruselas. Damieta es, textualmente y según la propia televisión iraní, «la puerta de entrada del gas a Europa». Teherán ha querido decirle a los europeos que su seguridad energética está al alcance de un dron barato lanzado desde vaya usted a saber dónde. Y ha elegido hacerlo la misma semana en que dos gigantes energéticos europeos comprometían miles de millones en la ruta Chipre-Damieta.

Tercera implicación: la negación egipcia. El Cairo no puede permitirse admitir que es un objetivo. Con el turismo, los ingresos del canal de Suez y una divisa frágil como pilares de una economía que sostiene a más de cien millones de personas, reconocer un ataque en su territorio sería catastrófico para la prima de riesgo del país. Es un reflejo comprensible y, al mismo tiempo, peligroso: negar la amenaza no la desactiva, sólo retrasa la respuesta.

Perspectivas y escenarios

Escenario primero: incidente aislado y mensaje entregado. Teherán ha demostrado alcance, ha cobrado su «compensación» simbólica de Kiev y no repite. Es posible, sobre todo porque Irán tiene ahora frentes más urgentes.

Escenario segundo: apertura de un frente mediterráneo de hostigamiento contra infraestructura energética europea y norteamericana. Si esto ocurre, las consecuencias para las primas de seguro, para el tráfico de gas licuado y para la propia viabilidad del proyecto Cronos serían muy serias. Es el escenario que obligaría a Europa a mirar por fin al Mediterráneo oriental como lo que es: su frontera estratégica, no su patio de vacaciones.

Escenario tercero: acuerdo tácito Teherán-Kiev de no reiteración. Es el más deseable y el menos verificable. Araqchí ha dicho que no busca la escalada; en boca de la diplomacia iraní, esa frase ha significado históricamente todo y su contrario.

 

4. Rusia responde al viaje de Zelenski con una oleada masiva y un misil de crucero cruza el espacio aéreo polaco

Hechos

En la madrugada del jueves 30 de julio, Rusia lanzó contra Ucrania más de setenta misiles balísticos y de crucero y más de doscientos ochenta drones de ataque, según el propio presidente Zelenski, que cifró en más de doscientos sesenta los drones interceptados y advirtió de la «escasez crítica de misiles de defensa antiaérea» que sufre su país. El balance provisional supera los trece muertos. En Kiev falleció una persona y se registraron incendios en instalaciones no residenciales, según el alcalde Vitali Klitschkó; en Krivói Rog, ciudad natal de Zelenski, un misil balístico detonó en el interior de una vivienda y mató a seis personas, entre ellas dos niñas de cinco y doce años; hubo muertos también en las regiones de Dnipropetrovsk y Poltava. En Lviv, en el extremo occidental del país, dos bloques de viviendas resultaron dañados, con más de una quincena de heridos y personas atrapadas entre los escombros. Los ataques alcanzaron asimismo Ivano-Frankivsk.

Polonia hizo despegar cazas para proteger su espacio aéreo. Hacia las 3:40 de la madrugada, hora centroeuropea, un objeto no identificado fue detectado sobre territorio polaco y desapareció del radar; equipos con helicópteros localizaron después un cráter junto a la localidad de Tarnawa-Kolonia, setenta kilómetros dentro de la frontera polaca. No se registraron víctimas. El primer ministro Donald Tusk confirmó que «durante el ataque masivo ruso con misiles sobre el oeste de Ucrania se produjo una violación del espacio aéreo polaco» y convocó a un equipo de crisis. El ministro de Exteriores ucraniano, Andrí Sibiga, afirmó que un misil de crucero ruso había entrado en Polonia formando parte de la oleada.

El ataque llegó horas después de que Zelenski regresara de los Estados Unidos, donde afirma que Trump aceptó conceder a Ucrania licencias para misiles Patriot, y de que hiciera escala en la ciudad polaca de Lublin —a escasa distancia del punto de impacto— para reunirse con Tusk. El presidente ucraniano había advertido públicamente el día anterior de que Moscú preparaba un ataque masivo. En el frente, el Instituto para el Estudio de la Guerra señalaba el 29 de julio que la situación en Kostiantínivka se deteriora sin que las fuerzas rusas hayan tomado la ciudad, que el Kremlin niega estar preparando una movilización pese a no ir camino de cumplir sus objetivos de reclutamiento para 2026, y que Moscú sigue creando las condiciones para bloquear Telegram y cerrar el internet abierto.

Implicaciones

El destinatario de esta oleada no es Kiev: es Washington. Rusia ha bombardeado en las horas siguientes al regreso de Zelenski de la Casa Blanca, y lo ha hecho llegando hasta Lviv, es decir, hasta el extremo del país más próximo a la frontera de la OTAN. El mensaje es transparente: cada avance diplomático ucraniano se pagará con sangre civil. Es la vieja gramática del Kremlin, la de quien negocia bombardeando, y confirma nuestra tesis de siempre: Moscú no busca un acuerdo, busca una capitulación pactada.

La violación del espacio aéreo polaco es el elemento verdaderamente grave del día, y merece más atención de la que le está dando la prensa continental. Un misil de crucero ruso que cae setenta kilómetros dentro de un país aliado no es un error de navegación anecdótico: es la enésima comprobación de que la disuasión aliada tiene agujeros. Varsovia hará lo que ha hecho en ocasiones anteriores —consultas, quizá el artículo 4, protestas— y Moscú habrá vuelto a medir el umbral de tolerancia de la Alianza sin pagar precio alguno.

Y aquí llegamos, inevitablemente, a la miseria estratégica europea. Zelenski ha dicho literalmente que la vida de sus ciudadanos depende de la disposición de sus socios a entregar defensas antimisiles, y ha reconocido una escasez crítica de interceptores. Es una frase que debería sonrojar a los ministerios de Defensa de un continente de cuatrocientos cincuenta millones de habitantes que sigue siendo la primera potencia comercial del planeta. La aritmética es implacable: Moscú lanzó anoche más de setenta misiles y doscientos ochenta drones, y Ucrania sólo pudo neutralizar una parte, sencillamente porque los interceptores que Europa fabrica en un mes se consumen en una sola noche. Mientras un misil de crucero ruso cae en territorio polaco, seguimos debatiendo porcentajes de gasto en lugar de fabricar munición.

Perspectivas y escenarios

Escenario primero: gestión rutinaria del incidente polaco. Varsovia protesta, la OTAN refuerza la vigilancia aérea del flanco oriental y la cosa queda ahí. Es lo más probable y también lo más corrosivo, porque cada incidente normalizado eleva el listón del siguiente.

Escenario segundo: activación del artículo 4 y respuesta aliada más visible, con despliegues adicionales de defensa antiaérea en Polonia y Rumanía. Sería lo prudente y lo pedagógico.

Escenario tercero: continuidad e intensificación de la campaña rusa contra la red eléctrica ucraniana de cara al invierno, con Ucrania cada vez más dependiente de unas entregas occidentales que llegan tarde y en cantidades insuficientes. Es el escenario más probable a medio plazo y el que decidirá si la guerra de desgaste se inclina definitivamente.

 

5. China estrecha el cerco marítimo sobre Taiwán por el este

Hechos

A lo largo de junio y julio, la Administración de Seguridad Marítima y el Servicio de Guardacostas de China han escenificado múltiples patrullas y «operaciones especiales de aplicación de la ley marítima» en aguas situadas al este de Taiwán. No es la primera vez que Pekín patrulla el estrecho de Formosa, pero sí la primera en que las patrullas se desplazan al este de la isla con esta frecuencia. Taipéi contabilizó cincuenta y cinco avistamientos de guardacostas y buques de investigación chinos en junio, frente a treinta en mayo, incluidos avistamientos en las proximidades de las islas Dongsha —Pratas—, controladas por Taiwán en el mar de la China Meridional. El 4 de julio, el servicio de guardacostas chino anunció que las actividades de aplicación de la ley al este de Taiwán continuarían para «salvaguardar con firmeza la soberanía territorial y los derechos e intereses marítimos de China». Pekín presenta estas operaciones como respuesta a las negociaciones entre Japón y Filipinas para delimitar sus fronteras marítimas.

El analista K. Tristan Tang, del National Bureau of Asian Research, resume el cambio con precisión: Pekín señala que quiere extender su reivindicada jurisdicción administrativa a las aguas orientales de Taiwán, esto es, rodear la isla en lugar de limitarse a erosionar su espacio en el estrecho. Entretanto, el miércoles 29 de julio el Hai Kun, primer submarino de fabricación nacional taiwanesa, zarpó del puerto de Kaohsiung para iniciar sus pruebas de mar, y la empresa taiwanesa Thunder Tiger presentó junto a la norteamericana Shield AI una demostración de autonomía de misión con vehículos navales no tripulados.

Implicaciones

Esto es guerra jurídica —lawfare, guerra por medio del derecho— en estado puro, y es el método chino por excelencia. Pekín no envía portaaviones: envía guardacostas, es decir, fuerzas de policía, precisamente porque una acción policial presupone una jurisdicción. Cada patrulla que no encuentra respuesta se convierte en precedente, y los precedentes acumulados se convierten en título. Es exactamente el mismo manual aplicado en el mar de la China Meridional durante quince años, con las islas artificiales, los bancos de arena y el desprecio olímpico al laudo arbitral de 2016.

El desplazamiento al este de Taiwán tiene además un significado militar inequívoco. Las aguas orientales de la isla son la vía de aproximación de cualquier fuerza norteamericana procedente de Guam o de Japón, y son también la ruta de suministro de Taiwán en caso de bloqueo del estrecho. Normalizar la presencia china allí es preparar el cerco.

Y llega, por supuesto, en el momento escogido: con Occidente absorbido por dos guerras simultáneas en Oriente Medio y en Europa oriental. Pekín no necesita crisis; le basta con nuestra distracción. Lo mismo cabe decir de su presión sobre materias primas estratégicas y tierras raras, y de su avance metódico en África, en el Índico y en Iberoamérica. Somos, y debemos seguir siendo, extraordinariamente vigilantes con el expansionismo chino, precisamente porque avanza sin disparar.

Perspectivas y escenarios

Escenario primero: continuidad del desgaste administrativo, con incremento gradual de patrullas y ampliación progresiva del área declarada. Es el escenario base y el más peligroso a largo plazo, porque no genera titulares.

Escenario segundo: incidente con la guardia costera taiwanesa en Dongsha o al este de la isla, con riesgo de escalada limitada. La probabilidad crece con el número de encuentros.

Escenario tercero: cuarentena o inspección selectiva de buques con destino a Taiwán, presentada como acción policial y no como bloqueo. Sería el paso más grave y el más difícil de responder para Washington, porque obligaría a decidir si se rompe un cordón policial con medios militares.

 

6. Venezuela: la normalización del régimen de los Rodríguez avanza con bendición de Washington

Hechos

La presidenta en funciones de Venezuela, Delcy Rodríguez, recibió en Caracas a una delegación del Congreso de los Estados Unidos, la primera visita de legisladores norteamericanos al país en una década. Los congresistas mantuvieron también conversaciones con el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, hermano de la anterior, quien calificó el encuentro de «fructífero» y señaló que se trataron la agenda legislativa y la inversión internacional, aprovechando además para agradecer a los Estados Unidos su apoyo tras los terremotos gemelos del 24 de junio. La delegación se reunió después con responsables del Ministerio de Defensa y de la Superintendencia Nacional Antidrogas. Uno de los congresistas declaró sentirse «honrado» de participar en la primera delegación parlamentaria a Venezuela en diez años y afirmó que la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero situó al país «en la trayectoria de convertirse en un aliado clave» de los Estados Unidos. En paralelo, los Gobiernos de Venezuela y de Perú anunciaron el inicio de un proceso gradual de restablecimiento pleno de relaciones diplomáticas, rotas en 2024.

El telón de fondo es conocido: Maduro fue capturado el 3 de enero y trasladado a Nueva York para responder ante la justicia; Delcy Rodríguez juró como presidenta en funciones el 5 de enero; los terremotos del 24 de junio, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron más de tres mil ochocientos muertos según cifras oficiales que los especialistas consideran subestimadas, y la gestión de la catástrofe ha generado un profundo malestar social; la líder opositora y premio Nobel de la Paz María Corina Machado sigue sin poder entrar en su propio país; y no hay elecciones convocadas. Entretanto, el consejo editorial de The Washington Post publicaba el 28 de julio un editorial en el que sostiene que los ataques contra las lanchas del narcotráfico constituyen un abuso de los poderes de guerra del presidente y que, además, no han reducido el flujo de cocaína hacia los Estados Unidos.

Implicaciones

Digámoslo sin rodeos, porque es lo que corresponde. Nosotros hemos defendido y seguimos defendiendo los ataques contra las narcolanchas y la política de mano dura contra el narcotráfico; hemos celebrado la caída de Maduro; y deseamos que la inmensa organización mafiosa que es el chavismo se desmorone de una vez. Pero lo que estamos presenciando no es la caída del régimen: es su reciclaje. Se ha sustituido una cabeza chavista por otra —los siniestros hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, que no son forasteros del régimen sino sus arquitectos financieros y políticos— y se está construyendo, con visitas parlamentarias, cooperación energética y reconocimiento diplomático regional, la respetabilidad internacional de quienes deberían estar respondiendo ante los tribunales.

Que una delegación del Congreso norteamericano se reúna con la Superintendencia Nacional Antidrogas de un régimen cuyo ministro de Defensa y cuyo ministro del Interior fueron imputados por narcotráfico por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos en 2020 es, sencillamente, difícil de digerir. Y que la premio Nobel de la Paz, la mujer que ganó unas elecciones que le fueron robadas, no pueda pisar el suelo de su patria mientras se negocia con quienes se lo impiden, es una anomalía moral que ningún cálculo energético justifica.

En cuanto al editorial del Washington Post, discrepamos frontalmente de su fondo y coincidimos parcialmente con una de sus premisas. Discrepamos porque la interdicción del narcotráfico, que es narcoterrorismo cuando lo protege un Estado, no puede tratarse como un asunto de policía de proximidad. Coincidimos, en cambio, en que golpear sin plan político no basta: es exactamente la misma «paradoja del descabezamiento» que observamos en Irán. Se elimina la cabeza y se olvida el cuerpo. Se gana la operación y se pierde la transición.

Perspectivas y escenarios

Escenario primero: consolidación de Delcy Rodríguez con apoyo tácito norteamericano a cambio de cooperación energética y antidroga, sin elecciones a la vista. Es hoy el escenario más probable, y también el peor para el pueblo venezolano.

Escenario segundo: fractura interna del chavismo entre el aparato militar —Padrino López, Cabello— y el núcleo civil de los Rodríguez, con Washington arbitrando desde fuera. La combinación de terremoto mal gestionado, malestar social y expectativas frustradas es un caldo de cultivo clásico.

Escenario tercero: reapertura de un proceso electoral con garantías y retorno de Machado. Es el escenario deseable y hoy, con toda la crudeza, el menos probable. Nada de lo ocurrido en estos siete meses apunta en esa dirección.

 

III. RACK DE MEDIOS

Reuters ha marcado la agenda del día con dos exclusivas sucesivas: la coalición naval que Riad busca para el mar Rojo, atribuida a dos fuentes conocedoras de las deliberaciones, y la verificación por imagen y datos de seguimiento del ataque contra los gaseros de Damieta. Es periodismo de agencia en su mejor versión: primicia comprobada y contrastada.

CNN y CBS News han sostenido el relato en directo del ciclo iraní, con especial atención al lenguaje presidencial —«nos toca a nosotros»— y a los mercados: Brent por encima de los noventa dólares tras una subida superior al siete por ciento el miércoles, y desvío de tráfico petrolero hacia Suez como consecuencia del bloqueo hutí. La cobertura de CBS ha sido notable en el ángulo iraquí, con la condena de la presidencia de Bagdad a los ataques y, simultáneamente, a las milicias que los provocaron.

Al Jazeera y Middle East Eye han enfatizado, previsiblemente, la dimensión de la coalición saudí y las llamadas de los ministros del Golfo pidiendo desescalada, con menor relieve para la responsabilidad iraní. The Jerusalem Post y The Times of Israel han subrayado el vínculo entre Damieta y la amenaza televisada por Teherán contra intereses ucranianos, que es exactamente la clave analítica del suceso. Gulf News ha dado prioridad a la desmentida oficial egipcia; Ynet, en cambio, ha destacado la contradicción entre esa negativa y las evaluaciones de las consultoras de seguridad marítima.

En el frente ucraniano, Reuters, Al Jazeera, The Irish Times y Euronews han coincidido en las cifras y en el elemento decisivo: los cazas polacos y el cráter de Tarnawa-Kolonia. The Kyiv Independent y Ukrinform han aportado el detalle de que la oleada llegó horas después del regreso de Zelenski de Washington. El Institute for the Study of War mantiene su nivel habitual de rigor sobre Kostiantínivka y sobre las dificultades rusas de reclutamiento.

Sobre Taiwán, Al Jazeera ha publicado el mejor análisis del cerco marítimo oriental, con la aportación del National Bureau of Asian Research; el South China Morning Post ha cubierto el asunto con la contención que le impone su condición. Focus Taiwan ha destacado las pruebas de mar del Hai Kun, dato que la prensa europea ha ignorado casi por completo.

En Venezuela, la cobertura sigue siendo insuficiente y polarizada. El editorial del Washington Post ha fijado el debate en Washington sobre las narcolanchas, y Venezuelanalysis —fuente afín al chavismo y que debe leerse con esa cautela— ha aportado el detalle de la visita congresual. La prensa española, salvo excepciones, sigue sin dar a la restauración de la respetabilidad del régimen de los Rodríguez la atención que merece.

Anotación crítica: llama la atención el escaso eco continental de la violación del espacio aéreo polaco por un misil de crucero ruso. Que un hecho de esta naturaleza no abra los informativos europeos dice mucho de nuestra capacidad de percibir el peligro.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

🔴  Guerra de Irán y estrecho de Ormuz — MUY ALTO. Ruptura de la pausa, mayor oleada estadounidense desde febrero, tres petroleros atacados, cincuenta mil militares norteamericanos expuestos. Sin plan para el día después.

🔴  Mar Rojo y Bab el-Mandeb — MUY ALTO. Bloqueo hutí declarado, tránsitos caídos un veintidós por ciento, coalición saudí aún sin composición ni mandato. Riesgo directo sobre el canal de Suez y sobre Egipto.

🔴  Frente ruso-ucraniano y flanco oriental de la OTAN — MUY ALTO. Misil de crucero ruso setenta kilómetros dentro de Polonia, oleada de setenta misiles y doscientos ochenta drones, escasez crítica de defensa antiaérea ucraniana.

🟠  Mediterráneo oriental e infraestructura energética — ALTO. Primer ataque contra gaseros en puerto egipcio, amenaza iraní explícita contra la ruta del gas hacia Europa, decisión de inversión Cronos recién adoptada.

🟠  Irak como campo de batalla por delegación — ALTO. Primeros ataques saudíes reconocidos, veinte milicianos muertos, condena de Bagdad, soberanía iraquí erosionada por ambos lados.

🟠  Taiwán y mar de la China Meridional — ALTO. Cerco administrativo por el este, avistamientos casi duplicados de mayo a junio, ventana de distracción occidental abierta.

🟡  Venezuela y Caribe — MEDIO-ALTO. Normalización acelerada del régimen de los Rodríguez, oposición excluida, sin calendario electoral, debate abierto en Washington sobre la legalidad de la interdicción marítima.

🟡  Seguridad energética y precios — MEDIO-ALTO. Brent por encima de noventa dólares, primas de guerra al alza, doble cuello de botella Ormuz-Bab el-Mandeb, presión inflacionista en Europa y Asia.

🟠  Capacidad de defensa europea — ALTO Y ESTRUCTURAL. Ausencia europea en la coalición naval que reclama Riad, incapacidad para suministrar a Ucrania la defensa antiaérea que pide, producción de interceptores muy por debajo del consumo real del frente. Es el riesgo que no cotiza en los mercados y el que más nos acabará costando.

🟢  Golfo Pérsico como bloque político — MODERADO Y EN MEJORA. Coordinación reforzada entre Riad, Doha, Kuwait y Manama, y alineamiento saudí explícito con Washington. Es la única buena noticia estructural del día.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay un hilo que cose las seis noticias de hoy y conviene nombrarlo: la brecha entre la capacidad de golpear y la capacidad de construir. Los Estados Unidos han demostrado en cinco meses que pueden destruir, con una precisión asombrosa, la cúpula militar de un Estado terrorista, cerrar sus puertos, hundir sus lanchas rápidas y decapitar a su Guardia Revolucionaria tres veces seguidas. Lo que no han demostrado —y a estas alturas empieza a ser inquietante— es que sepan qué quieren que ocurra después. Ni en Teherán, ni en Caracas. El mismo vacío, la misma paradoja del descabezamiento: se elimina la cabeza, el cuerpo sobrevive, y el sucesor es siempre peor que el eliminado. Vahidi es peor que Pakpur; los hermanos Rodríguez son la continuidad, no la ruptura. Nadie ha ganado nunca una guerra sin saber qué paz quería.

Somos favorables a los ataques contra el régimen oligárquico-yihadista de Irán, como lo somos a la lucha sin cuartel contra el narcoterrorismo. Lo hemos escrito muchas veces y lo repetimos hoy sin matices: Teherán es un Estado terrorista que exporta inestabilidad a través de Hezbolá, de los hutíes, de Hamás y de las milicias iraquíes, y el chavismo es una organización mafiosa disfrazada de Estado. Pero apoyar el golpe no es lo mismo que aplaudir la improvisación. La política exterior del presidente Trump ha cosechado éxitos diplomáticos reales y verificables en menos de dos años —Camboya y Tailandia, Gaza, Azerbaiyán y Armenia—, y los ha cosechado invariablemente cuando ha actuado con prudencia y aconsejado por Marco Rubio. Cuando la decisión es errática, transaccional y presidida por el exabrupto, el resultado es lo que vemos hoy: una guerra que se ensancha sin objetivo político declarado, un Caracas que se normaliza sin transición y unos aliados que no saben qué esperar de una semana para otra. Confiamos en que el sistema y la sensatez de quienes le rodean acaben imponiéndose. Es una confianza, no una certeza.

Pero el capítulo más humillante del día no se escribe en Washington ni en Teherán: se escribe en Bruselas, en París y en Berlín. Un misil de crucero ruso ha caído setenta kilómetros dentro de Polonia y el continente ha reaccionado con un comunicado. El presidente de Ucrania ha dicho en voz alta que la vida de sus ciudadanos depende de que sus socios entreguen antimisiles, y ha reconocido una escasez crítica que nadie en Europa se apresura a cubrir. Arabia Saudí busca una coalición naval «entre decenas de países» para el mar Rojo, y nadie espera seriamente que Europa aporte algo más que una declaración de preocupación. Llevamos tres años proclamando la autonomía estratégica y anunciando cifras de rearme que impresionan en las ruedas de prensa y no aparecen en las líneas de producción. Entre lo que Europa promete y lo que Europa entrega hay una distancia que ya no es un retraso administrativo: es una vulnerabilidad.

Y España, en todo esto, ¿dónde está? Ni en la mesa donde se decide el rearme europeo, ni en la conversación sobre el mar Rojo, ni en el debate sobre la defensa antiaérea del flanco oriental. Un país que aspira a contar en la seguridad del continente no puede limitarse a firmar los comunicados que otros redactan. Y conviene recordar, porque en esto tenemos razón y memoria, que el presidente Macron acertó de pleno cuando advirtió que cada vez que los europeos fabricamos fragmentación nos sentimos bien en el momento y estamos construyendo los retrasos del mañana. La frase es impecable; el problema es que ninguno de los que la aplauden está dispuesto a ceder un solo punto de cuota nacional para evitarlo.

Somos atlantistas de corazón y europeístas convencidos, y precisamente por eso no podemos callar. Europa no será tomada en serio mientras siga confundiendo la retórica de la autonomía estratégica con la realidad de una defensa común. No hay soberanía sin capacidades, ni capacidades sin industria compartida, ni industria compartida sin la voluntad política de ceder cuota nacional en beneficio del conjunto. Mientras tanto, los drones vuelan sobre Damieta, los misiles cruzan la frontera polaca, los guardacostas chinos rodean Taiwán y Riad busca socios navales que Europa no puede ofrecer. El mundo no va a esperar a que nos pongamos de acuerdo. Nunca lo ha hecho.