Proyectil impacta buque a 25 millas de Ras Al Khaimah

EPA/ALI HAIDER

El ataque, sin autoría confirmada, agrava la crisis en Ormuz y eleva el riesgo para las rutas globales de energía y mercancías.

La alerta saltó cuando el capitán de un portacontenedores informó de daños tras el impacto de un «proyectil sospechoso pero desconocido» a unas 25 millas náuticas (46 kilómetros) al noroeste del emirato de Ras Al Khaimah, en los Emiratos Árabes Unidos. El parte, remitido al centro de operaciones de la United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO), describe un incidente súbito, sin aviso previo y en una de las zonas más sensibles del Golfo Pérsico.

Según la agencia británica, la tripulación está a salvo y la extensión de los daños sigue bajo investigación, aunque fuentes marítimas apuntan a un pequeño incendio ya controlado en la superestructura del barco. El ataque se produce en plena guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán, con Teherán llevando a cabo una campaña de represalias que ya ha incluido misiles, drones y minas en la región. 

Un ataque a escasos kilómetros de la costa emiratí

El aviso de UKMTO sitúa el impacto al noroeste de Ras Al Khaimah, uno de los emiratos del norte de los EAU, en las proximidades del puerto industrial de Mina Saqr, puerta de salida de graneles y contenedores hacia el Índico. La descripción oficial habla de un proyectil de origen desconocido que habría alcanzado al portacontenedores por encima de la línea de flotación, lo que redujo el riesgo inmediato de vertido pero no el peligro para la tripulación.

UKMTO subraya que todos los marineros están «sanos y localizados» y que el barco mantiene capacidad de navegación, aunque inspecciona los daños antes de decidir si continúa viaje o busca refugio en puerto seguro. Como es habitual, la agencia británica ha pedido al resto de buques que transitan la zona que «naveguen con extrema cautela y reporten cualquier actividad sospechosa». No es solo una fórmula burocrática: en la práctica supone reconocer que la amenaza en este sector del Golfo ha pasado de hipotética a tangible.

Lo más grave es el lugar. A 25 millas de la costa, el incidente no se produce en alta mar, sino prácticamente a la vista de una infraestructura portuaria estratégica de un país aliado de Occidente, lo que eleva la presión sobre Abu Dabi para reforzar la seguridad y exigir explicaciones. Este hecho revela, además, que los atacantes –sean quienes sean– envían un mensaje claro: ningún buque comercial cercano al cuello de botella de Ormuz puede sentirse hoy a salvo.

Un corredor por el que pasa una quinta parte del crudo mundial

Ras Al Khaimah se asoma al extremo norte del Golfo Pérsico, a pocos kilómetros del acceso al estrecho de Ormuz, el paso de apenas 40 kilómetros de ancho por el que circula alrededor del 20% del consumo mundial de petróleo y hasta un 27% del crudo transportado por mar. A ello se suma cerca de una quinta parte del comercio global de gas natural licuado (GNL), procedente sobre todo de Qatar.

En tiempos normales, por este corredor circulan más de 20 millones de barriles diarios de crudo y decenas de metaneros y portacontenedores conectan los puertos del Golfo con Asia y Europa. La consecuencia es obvia: cualquier perturbación, por pequeña que sea, se amplifica de inmediato en los mercados de energía, seguros y fletes. Ormuz no es solo un mapa; es el termómetro de la economía global.

Este ataque se inscribe en una dinámica particularmente peligrosa. La Guardia Revolucionaria iraní ha amenazado de forma explícita con cerrar el estrecho si continúan los bombardeos sobre su territorio, mientras Estados Unidos refuerza su presencia naval y anuncia la destrucción de buques minadores iraníes en las inmediaciones. El contraste con otras crisis pasadas resulta demoledor: si entonces el riesgo se concentraba en sabotajes puntuales, hoy se combina con un bloqueo declarado, minas, drones y proyectiles de origen incierto a apenas unas millas de la costa emiratí.

Ola de incidentes en el Golfo: del dron al proyectil

El impacto cerca de Ras Al Khaimah no es un episodio aislado. En los últimos días, varios buques mercantes han sido alcanzados por proyectiles «desconocidos» en aguas próximas a Omán y a la salida del Golfo, según las sucesivas advertencias de UKMTO. Uno de esos incidentes afectó a otro portacontenedores en tránsito por el estrecho, que reportó daños significativos en el casco y un fuego en la sala de máquinas tras un impacto similar.

En paralelo, un petrolero quedó envuelto en llamas tras un ataque con dron suicida reivindicado por la Guardia Revolucionaria en pleno estrecho de Ormuz, dentro de la campaña con la que Irán responde a la muerte del ayatolá Ali Jamenei en el bombardeo conjunto estadounidense-israelí. Lo que antes eran operaciones clandestinas o acciones de piratería de baja intensidad se ha transformado en una estrategia de presión directa sobre la navegación comercial.

Los avisos de UKMTO repiten un patrón: proyectil no identificado, impacto por encima de la línea de flotación, fuego controlado, tripulación ilesa y recomendación de extremar la vigilancia. En la letra pequeña, sin embargo, se lee el verdadero mensaje: los atacantes calibran el daño para infundir miedo sin provocar, por ahora, catástrofes ambientales o una respuesta militar masiva. Es una guerra híbrida a cámara lenta, en la que cada nuevo incidente encarece un poco más cada contenedor y cada barril que cruzan el Golfo.

Navieras en retirada y primas de seguro disparadas

El efecto inmediato de esta sucesión de ataques es que las grandes navieras están abandonando el Golfo. Maersk ha suspendido rutas clave que conectaban la región con Europa y Asia y ha introducido recargos de emergencia específicos para los tráficos vinculados a Ormuz. Evergreen, CMA CGM, MSC y otros grupos han invocado cláusulas de fuerza mayor, reordenado sus servicios y estrangulado la capacidad disponible hacia puertos del Golfo.

Al mismo tiempo, el mercado de seguros vive un terremoto. Los primas de guerra para buques en el Golfo han llegado a multiplicarse por diez, con incrementos de hasta el 1.000% en algunos casos, según las corredurías especializadas. Antes de la escalada, el recargo rondaba el 0,25% del valor del casco; ahora se sitúa en torno al 1% o más para determinadas travesías, lo que añade millones de dólares al coste de cada viaje de un superpetrolero.

Las aseguradoras más expuestas han empezado directamente a retirar la cobertura de guerra en el estrecho y parte del Golfo, obligando a muchos armadores a fondear sus buques fuera de la zona o a buscar alternativas por rutas mucho más largas, como la circunnavegación por el cabo de Buena Esperanza. La consecuencia es inmediata: menos barcos, fletes disparados y cadenas de suministro sometidas de nuevo a una tensión que recuerda a la pandemia, pero sobre un cuello de botella energético aún más crítico.

El riesgo directo para la energía y los precios globales

Con el estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado, el tráfico de buques se ha desplomado en torno al 90-94%: de unos 130-140 barcos diarios a apenas una decena, según los últimos recuentos. Los petroleros que se atreven a cruzar transportan, en conjunto, apenas 1,6 millones de barriles diarios, alrededor del 20% del flujo previo al conflicto.

En paralelo, los precios del crudo han vivido jornadas de vértigo: el Brent ha llegado a rozar los 120 dólares por barril antes de retroceder hacia la cota de los 85 dólares tras mensajes de calma y promesas de uso de reservas estratégicas. Arabia Saudí, a través de Aramco, alerta de «consecuencias catastróficas» para la economía global si el bloqueo se prolonga y ha anunciado que solo puede redirigir alrededor del 70% de sus exportaciones a través de oleoductos hacia el mar Rojo.

Los gobiernos del G7 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) preparan la mayor liberación de reservas de la historia reciente para amortiguar el golpe, pero incluso un paquete de 1.000-1.200 millones de barriles apenas cubriría unas semanas de un flujo de Ormuz que, en condiciones normales, mueve unos 20 millones de barriles diarios. El diagnóstico es inequívoco: mientras la guerra alcance a los buques, ni los oleoductos alternativos ni las reservas podrán neutralizar por completo el shock sobre la inflación y el crecimiento.

Autoría sin confirmar y un mensaje inequívoco a los mercados

UKMTO, fiel a su mandato técnico, evita atribuir la autoría del ataque cerca de Ras Al Khaimah. No hay reivindicación formal y las autoridades emiratíes guardan silencio, conscientes de que cualquier acusación directa contra Irán elevaría todavía más la tensión en un frente que ya acumula misiles, drones y operaciones navales de alto riesgo.

Sin embargo, el contexto pesa. Medios internacionales sitúan los ataques a buques dentro de la campaña de represalias iraní en el Golfo tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel que acabó con la vida del líder supremo, Ali Jamenei, y golpeó infraestructuras militares y energéticas en todo el país. Teherán ha declarado el cierre de Ormuz, ha amenazado con atacar barcos vinculados a Occidente y ha utilizado ya drones suicidas contra al menos un petrolero.

Más allá de la atribución concreta, el patrón apunta a una estrategia de «riesgo calculado»: golpes a buques comerciales, preferiblemente sin víctimas, para elevar las primas de seguro, forzar la retirada de navieras y presionar a Washington y sus aliados a negociar desde una posición de debilidad energética. Cada proyectil que impacta en el casco de un barco cerca de los EAU se traduce, con apenas unas horas de retraso, en un nuevo repunte de volatilidad en petróleo, tipos de interés y bolsas.