¿Qué pasaría si Irán cerrara completamente el estrecho de Ormuz?
Un bloqueo total del estrecho por parte de Irán paralizaría cerca de una quinta parte del petróleo mundial y tensionaría de inmediato el gas natural licuado, el transporte marítimo y los precios en Asia y Europa.
Un cierre completo del estrecho de Ormuz no sería una crisis regional. Sería un shock energético global. Por ese corredor pasan alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, cerca del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos, según la EIA. Además, transita aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado, sobre todo desde Qatar. La consecuencia sería clara: subida brusca del Brent, encarecimiento del transporte, tensión en el gas asiático y europeo, y presión inmediata sobre la inflación.
El cuello de botella decisivo
Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el mar Arábigo. Es estrecho, militarmente vulnerable y económicamente desproporcionado. Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos, Qatar, Bahréin e Irán dependen en distinto grado de esa salida para colocar crudo, condensados, productos refinados o gas en los mercados internacionales. La Agencia Internacional de la Energía calcula que en 2025 pasaron por allí casi 20 millones de barriles diarios de petróleo, incluidos cerca de 15 millones de crudo.
Petróleo más caro en horas
El primer impacto sería financiero: futuros del Brent al alza, primas de riesgo marítimo disparadas y compradores buscando cargamentos alternativos. No haría falta que faltase gasolina en las estaciones para notar el golpe. Bastaría con que las refinerías anticipasen escasez. La EIA recuerda que incluso tensiones sin bloqueo ya movieron el Brent de 69 a 74 dólares en apenas una jornada de junio de 2025. Un cierre total tendría un efecto mucho mayor.
Gas: el golpe olvidado
Lo más grave no sería solo el petróleo. El gas natural licuado sufriría un golpe más difícil de amortiguar. Qatar exportó en 2025 más de 112 bcm de GNL y prácticamente todo sale por Ormuz. La AIE advierte de que no existen rutas alternativas reales para llevar ese gas al mercado mundial a corto plazo. Una interrupción restaría más de 300 millones de metros cúbicos diarios de oferta global.
Asia, la primera víctima
El contraste con Europa resulta relevante. Asia absorbería la mayor parte del golpe. La EIA estima que en 2024 el 84% del crudo y condensado y el 83% del GNL que pasaron por Ormuz tuvieron destino asiático. China, India, Japón y Corea del Sur serían los principales damnificados. En gas, Bangladesh, India y Pakistán importaron en 2025 casi dos tercios de su GNL a través de ese paso, según la AIE.
Las alternativas no bastan
Arabia Saudí y Emiratos tienen oleoductos que evitan Ormuz, pero la capacidad disponible es limitada. La EIA estima unos 2,6 millones de barriles diarios de margen alternativo; la AIE eleva el rango a 3,5-5,5 millones. Incluso en el mejor escenario, eso cubriría solo una parte de los flujos bloqueados. Este hecho revela el problema central: la infraestructura de respaldo existe, pero no está diseñada para sustituir el estrecho completo.
Inflación y respuesta militar
El cierre elevaría costes de energía, fertilizantes, transporte y seguros. Europa no sería la más expuesta en volumen, pero sí sufriría por precios globales: electricidad, gas industrial, aviación, petroquímica y alimentos. Además, un bloqueo total probablemente activaría una respuesta naval de Estados Unidos y aliados, porque Ormuz no es solo una ruta comercial: es un eje de seguridad energética. El mercado descontaría una crisis prolongada hasta ver escoltas, corredores seguros o reapertura parcial.
El efecto económico final
Si Irán cerrara completamente Ormuz, el mundo entraría en un episodio de estanflación importada: energía más cara, crecimiento más débil y bancos centrales con menos margen para bajar tipos. La duración lo sería todo. Un cierre de días sería un shock severo pero absorbible con reservas. Uno de semanas obligaría a liberar inventarios estratégicos, racionar demanda industrial y redirigir cargamentos. Uno de meses sería otra cosa: una crisis energética global con epicentro en Asia, pero factura repartida en todo Occidente.