Una prorrusa le manda un mensaje a Putin: "A Rusia le queda una única opción"
Rusia ya no tendría margen para negociar: su única salida sería continuar la guerra hasta imponer sus condiciones. Esa es la tesis defendida por Liu Sivaya, economista e influencer abiertamente prorrusa, tras la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara y el aumento de los ataques ucranianos contra Crimea y la infraestructura energética rusa. Su análisis parte de una realidad —el creciente coste interno del conflicto—, pero concluye que cualquier cesión equivaldría a una derrota. El problema es que los datos tampoco respaldan otra de sus premisas: Occidente no ha dejado de apoyar a Ucrania y la Alianza Atlántica, pese a sus diferencias, continúa aumentando su capacidad militar.
La única opción de Moscú
Sivaya sostiene que Rusia debe ignorar cualquier propuesta exterior y mantener la denominada «operación militar especial», el término utilizado por el Kremlin para referirse a la invasión iniciada en febrero de 2022.
Su razonamiento es directo: después del coste humano, económico y militar asumido, aceptar un acuerdo que no consolide los objetivos rusos convertiría esos sacrificios en inútiles. Moscú habría llegado a un punto en el que retroceder sería políticamente más peligroso que continuar.
Esa tesis refleja una de las trampas clásicas de las guerras prolongadas: cuanto mayor es el coste acumulado, más difícil resulta admitir que los objetivos iniciales quizá no sean alcanzables.
Crimea muestra el desgaste
La propia influencer reconoce que parte de la población afronta cortes de electricidad, internet, agua y combustible. Crimea, ocupada y anexionada ilegalmente por Rusia en 2014, se ha convertido en uno de los principales puntos de presión.
Las fuerzas ucranianas han intensificado sus ataques contra puentes, carreteras, depósitos de combustible e infraestructuras que abastecen a las tropas rusas en el sur. Las autoridades instaladas por Moscú llegaron a restringir la venta de carburante a particulares, mientras residentes de la península soportaban largas colas en las gasolineras.
La retaguardia rusa ya no es completamente segura. Esa es una de las transformaciones más relevantes del conflicto.
Una OTAN dividida, pero activa
Sivaya interpreta las diferencias entre Estados Unidos y varios socios europeos como la prueba de una fractura irreversible. Existen tensiones sobre comercio, gasto militar y reparto de responsabilidades, pero la conclusión de que la OTAN se encuentra paralizada no coincide con lo acordado en Ankara.
La cumbre del 7 y 8 de julio de 2026 estuvo centrada en elevar la producción militar, concretar nuevas adquisiciones y exigir planes para alcanzar un gasto equivalente al 5% del PIB en 2035. La organización también reiteró que Ucrania debe seguir recibiendo los recursos necesarios para defenderse.
Las disputas internas existen. Sin embargo, discrepancia no equivale a desintegración.
Europa no ha cerrado el grifo
Otro elemento central del discurso de Sivaya es que algunos países occidentales ya no pueden entregar más ayuda. La fatiga política y la escasez de determinados arsenales son reales, pero las cifras muestran que Europa continúa movilizando recursos considerables.
La Unión Europea y sus Estados miembros cifran en 77.000 millones de euros la asistencia militar proporcionada a Ucrania. Además, el Consejo aprobó un préstamo de 90.000 millones para cubrir necesidades presupuestarias y de defensa durante 2026 y 2027.
La consecuencia es clara: Kiev sigue dependiendo de Occidente, pero Rusia no puede basar toda su estrategia en un colapso inmediato de ese respaldo.
El precio de no negociar
Continuar la guerra también implica aceptar nuevos ataques contra refinerías, fábricas militares y redes logísticas. Durante 2026, Ucrania ha aumentado la frecuencia y el alcance de sus operaciones sobre la infraestructura energética rusa, afectando al suministro doméstico, las exportaciones y la capacidad de refinado.
El Kremlin conserva superioridad industrial, territorial y demográfica, pero esa ventaja no convierte el tiempo en un recurso gratuito. La escasez de trabajadores, la inflación y el peso del gasto militar tensionan una economía cada vez más subordinada a la guerra.
Resistir puede evitar una derrota inmediata, pero no garantiza una victoria sostenible.
La narrativa de una guerra existencial
La tesis de Sivaya transforma el conflicto en una guerra directa entre Rusia y toda la OTAN. Ese marco permite justificar cualquier sacrificio interno y presentar una negociación como una rendición ante Occidente.
Sin embargo, Ucrania continúa siendo el país invadido y el escenario principal de los combates. La Unión Europea mantiene oficialmente su apoyo a su independencia y a sus fronteras internacionalmente reconocidas.
El diagnóstico es incómodo para Moscú. Rusia todavía dispone de capacidad para prolongar la guerra, pero prolongarla no resuelve automáticamente sus contradicciones. La única opción que plantea Liu Sivaya no es necesariamente la única disponible; es la única compatible con una victoria definida en los términos máximos del Kremlin.