Rodríguez afirma que Maduro es “legítimo presidente” pese a su detención
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, reafirmó este jueves que Nicolás Maduro es el “legítimo presidente” del país, calificando de inocentes tanto al mandatario depuesto como a su esposa, Cilia Flores, en una declaración que intensifica la crisis política en Caracas y complica el panorama regional. La entrevista, concedida a la cadena estadounidense NBC News, marca un nuevo capítulo en el pulso entre el régimen chavista, la oposición interior y las potencias internacionales que buscan una transición democrática en Venezuela.
Ratificación de Maduro: un mensaje político y legal
Rodríguez no se limitó a expresar solidaridad personal con Maduro; subrayó su interpretación como abogada de que él es el presidente legítimo de Venezuela, pese a su detención en el extranjero. “Puedo decirles, como abogada que soy, que el presidente Nicolás Maduro es el presidente legítimo. Tanto el presidente Maduro como Cilia Flores son inocentes”, afirmó la mandataria interina en la entrevista.
Este respaldo contrasta con la posición oficial de gobiernos como el de Estados Unidos y varios países europeos, que cuestionan la validez de las últimas elecciones venezolanas y la continuidad del chavismo en el poder. Caracas, sin embargo, mantiene que la captura de Maduro y Flores fue una violación de la soberanía venezolana y un ataque inaceptable a la estructura constitucional del país.
El contexto de la captura de Maduro y su impacto
En una operación sin precedentes, fuerzas estadounidenses intervinieron en Venezuela a principios de enero de 2026 y trasladaron a Maduro y su esposa a Nueva York para enfrentar cargos federales. Este acontecimiento no solo fracturó la política interna venezolana, sino que también desató debates sobre la legalidad, la soberanía nacional y el futuro del país petrolero.
La administración actual de Rodríguez ha denunciado ese acto como una “agresión militar” y un atropello a la autodeterminación venezolana, sosteniendo que la legitimidad de Maduro no puede ser anulada por acciones externas. En un discurso anterior transmitido por medios estatales, Rodríguez incluso declaró que “aquí manda el pueblo venezolano y hay un Gobierno, el Gobierno del presidente Nicolás Maduro”, subrayando la continuidad institucional pese a las circunstancias adversas.
Maduro y Flores: inocencia, inoculación política
Al defender la inocencia de Maduro y Flores, Rodríguez no solo responde a los cargos que enfrentan en Estados Unidos, sino que intenta reconfigurar la narrativa interna y externa sobre la crisis venezolana. Esta estrategia gubernamental busca consolidar apoyo entre sectores leales y moderar la presión internacional que exige un proceso de transición democrática inclusive y transparente.
Rodríguez afirmó además que su labor como presidenta encargada ha sido “muy intensa”, señalando que su equipo considera incluso una posible visita a Estados Unidos tras recibir una invitación formal, aunque no detalló fechas ni condiciones. Esta apertura diplomática refleja un intento de dialogar con Washington, en medio de una relación que oscila entre la confrontación y la búsqueda de acuerdos prácticos, especialmente en torno al petróleo y la reconstrucción económica.
Estados Unidos, sino que intenta reconfigurar la narrativa interna y externa sobre la crisis venezolana
Maria Corina Machado: foco de críticas internas
La jefa del gobierno interino también se refirió a María Corina Machado, la prominente activista opositora y ganadora del Premio Nobel de la Paz, que salió del país en diciembre de 2025 ante la creciente presión política. Rodríguez desestimó las preocupaciones sobre la seguridad de Machado, sugiriendo que la oposición ha exagerado el riesgo y recalcando que, si decide regresar, tendrá que responder por sus acciones políticas. “Tendrá que responderle a Venezuela por qué llamó a una intervención militar”, señaló Rodríguez, apuntando a las peticiones de sanciones y apoyo externo que Machado y otros opositores han promovido.
Este comentario refuerza la narrativa oficial de que ciertos líderes opositores buscaron, según el chavismo, soluciones externas que supuestamente agravaron la crisis interna y abrieron puertas a intervenciones foráneas, una acusación repetida por figuras del régimen en los últimos meses.
Presión internacional y falta de reconocimiento
A nivel internacional, la postura de Rodríguez y el chavismo enfrenta rechazo de numerosos gobiernos y organismos multilaterales. La Unión Europea, por ejemplo, ha descartado reconocer a Rodríguez como presidenta legítima, partiendo de objeciones sobre las elecciones de 2024 y la falta de observación independiente en los comicios, y ha respaldado la necesidad de un proceso democrático legítimo liderado por la sociedad venezolana.
Diversos países de la región, como Uruguay, también han sido explícitos en su no reconocimiento de Rodríguez como presidente, argumentando que ni ella ni Maduro cuentan con legitimidad electoral según estándares democráticos internacionales.
El dilema constitucional venezolano
Dentro del propio país, la situación constitucional se ha convertido en un terreno de disputa. Según interpretaciones legales, la ausencia de Maduro debería haber activado un proceso electoral en plazos definidos por la Constitución, pero el chavismo ha optado por consolidar el liderazgo de Rodríguez como presidenta encargada, extendiendo su mandato en un contexto de emergencia declarado tras la captura de Maduro. Esta lectura ha generado gran controversia legal entre juristas, políticos y ciudadanos, que ven en la lealtad al chavismo una violación al espíritu de renovación democrática.
La reafirmación de Rodríguez de que Maduro es el presidente legítimo complica aún más las perspectivas de una salida política consensuada. A corto plazo, es probable que Caracas intensifique su ofensiva diplomática, buscando apoyo entre países aliados y tratando de debilitar las posiciones críticas de Occidente. A medio plazo, la oposición y países externos mantendrán presión para organizar elecciones libres y observadas internacionalmente. La consecuencia es clara: Venezuela queda atrapada en una lucha por legitimidad interna y reconocimiento global, con implicaciones profundas para su estabilidad política y económica.