Rusia advierte: el tratado nuclear con EEUU expira sin respuesta de Washington
El Kremlin ha vuelto a elevar la presión sobre Estados Unidos al denunciar públicamente que Washington sigue sin responder a su propuesta sobre el tratado New START, el último gran acuerdo de control nuclear vigente entre ambas potencias. Con la fecha de caducidad fijada para el próximo 5 de febrero, Moscú alerta de un escenario de máxima incertidumbre estratégica que podría reabrir una carrera armamentística global.
Rusia ha decidido hacer explícita su impaciencia. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, aseguró este jueves que Estados Unidos no ha dado ningún tipo de respuesta a la iniciativa rusa para abordar el futuro del tratado New START. “Seguimos esperando, pero el plazo se está agotando. No ha habido respuesta por parte de Estados Unidos”, afirmó en declaraciones a la agencia RIA Novosti.
El mensaje no es casual ni improvisado. Moscú busca situar el foco internacional en Washington, presentándose como la parte dispuesta a negociar mientras denuncia un silencio que, a su juicio, pone en riesgo el último pilar del sistema de control nuclear heredado de la Guerra Fría. La proximidad de la fecha límite añade dramatismo a un asunto que afecta directamente al equilibrio estratégico mundial.
del tratado New START. “Seguimos esperando, pero el plazo se está agotando. No ha habido respuesta por parte de Estados Unidos”
Qué es el tratado New START y por qué importa
El New START fue firmado en 2010 por los entonces presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev. Desde entonces, ha sido el principal marco legal que limita el número de ojivas nucleares estratégicas desplegadas por ambas potencias. En concreto, el acuerdo fija un máximo de 1.550 cabezas nucleares y 700 sistemas de lanzamiento (misiles balísticos intercontinentales, misiles lanzados desde submarinos y bombarderos estratégicos) para cada país.
Más allá de las cifras, el tratado incluye mecanismos de verificación, inspección y transparencia que han permitido durante más de una década reducir la desconfianza mutua. Sin New START, no existiría ningún instrumento vinculante que obligue a Rusia y Estados Unidos a informar sobre sus arsenales nucleares estratégicos, lo que supone un salto cualitativo en el riesgo de errores de cálculo.
el número de ojivas nucleares estratégicas desplegadas por ambas potencias.
El contexto geopolítico que lo complica todo
La tensión actual no puede entenderse sin el deterioro general de las relaciones entre Moscú y Washington. La guerra en Ucrania, las sanciones económicas, la ruptura de canales diplomáticos y la creciente rivalidad entre bloques han convertido cualquier negociación en un terreno minado.
En este contexto, Estados Unidos ha condicionado cualquier avance en materia de control de armas a cambios sustanciales en el comportamiento ruso, especialmente en el plano militar. Rusia, por su parte, acusa a Washington de instrumentalizar el tratado y de no mostrar una voluntad real de diálogo estratégico.
El resultado es un bloqueo político que amenaza con dejar caducar el acuerdo sin un plan alternativo, algo que no ocurría desde hace décadas.
El riesgo de quedarse sin reglas
La expiración del New START sin renovación ni sustitución abriría un escenario inédito desde los años setenta. Por primera vez desde el final de la Guerra Fría, no habría ningún límite legal al despliegue de armas nucleares estratégicas por parte de las dos mayores potencias atómicas del planeta.
Los expertos advierten de varias consecuencias inmediatas. En primer lugar, la posibilidad de que ambos países aumenten rápidamente sus arsenales para ganar ventaja estratégica. En segundo lugar, la pérdida total de los mecanismos de verificación, lo que incrementa la opacidad y la desconfianza mutua. Y, en tercer lugar, un efecto dominó sobre otros actores nucleares, que podrían sentirse legitimados para reforzar sus propios programas.
no habría ningún límite legal al despliegue de armas nucleares estratégicas por parte de las dos mayores potencias atómicas del planeta.
Europa y el mundo, en segundo plano pero afectados
Aunque el pulso se libra entre Moscú y Washington, Europa es uno de los actores más expuestos a las consecuencias de un colapso del control nuclear. La proximidad geográfica, la presencia de bases militares y el aumento de la retórica disuasoria convierten al continente en un escenario especialmente sensible.
Al mismo tiempo, países como China observan con atención. Pekín ha rechazado hasta ahora participar en acuerdos trilaterales de control de armas, pero un vacío total entre Rusia y Estados Unidos podría acelerar una carrera armamentística global con múltiples actores y sin reglas claras.
¿Estrategia negociadora o ruptura definitiva?
La pregunta clave es si la advertencia rusa forma parte de una estrategia de presión negociadora o si realmente estamos ante el preludio de una ruptura definitiva. Desde Moscú, el mensaje es claro: Rusia dice estar dispuesta a hablar, pero exige una señal concreta por parte de Washington antes de que expire el plazo.
Estados Unidos, en cambio, mantiene una postura ambigua. Oficialmente, reconoce la importancia del control de armas, pero evita comprometerse públicamente mientras persistan las tensiones actuales. Este silencio, denunciado ahora por el Kremlin, puede interpretarse tanto como cautela diplomática como una decisión calculada de dejar morir el tratado.
A pocas semanas de la fecha límite, el margen de maniobra es mínimo. Renovar o prorrogar el tratado requeriría una decisión política rápida y un mínimo de confianza mutua, dos elementos escasos en el clima actual. Si no hay respuesta estadounidense, el 5 de febrero podría marcar el inicio de una nueva era de incertidumbre nuclear.
Lo que está en juego no es solo un documento diplomático, sino la arquitectura básica de la seguridad global. La advertencia de Rusia no es un simple gesto retórico: es un recordatorio de que, sin reglas, el equilibrio estratégico se vuelve más frágil y el riesgo, mucho mayor.