Rusia ataca Ucrania con 70 misiles y 280 drones en una noche

Misil Foto de Gábor Szűts en Unsplash

La ofensiva deja al menos ocho muertos, incluidos tres niños, y vuelve a evidenciar la escasez crítica de sistemas antiaéreos capaces de interceptar misiles balísticos.

Rusia lanzó durante la madrugada del jueves más de 70 misiles y 280 drones de ataque contra una decena de regiones ucranianas, en una de las mayores ofensivas aéreas de las últimas semanas. Al menos ocho personas murieron y más de 50 resultaron heridas, según las autoridades de Ucrania.

El episodio más trágico se produjo en Radushne, en la región de Dnipropetrovsk, donde un misil balístico destruyó una vivienda y mató a un matrimonio y sus tres hijos. La magnitud del bombardeo vuelve a situar en primer plano la vulnerabilidad de las ciudades ucranianas y el agotamiento de sus reservas de interceptores.

Una familia sepultada bajo los escombros

El ataque sobre Radushne, cerca de Krivói Rog, concentró el balance más doloroso de la noche. El impacto directo de un misil balístico arrasó una vivienda particular y acabó con la vida de cinco miembros de una misma familia. Otros dos menores fueron rescatados con vida entre los restos del inmueble.

La escena resume la naturaleza de una ofensiva diseñada para desbordar las defensas ucranianas mediante oleadas simultáneas. Primero llegan los drones, más baratos y numerosos; después, los misiles de crucero y los proyectiles balísticos, mucho más difíciles de neutralizar. La combinación obliga a Kiev a consumir munición antiaérea a un ritmo que sus aliados no siempre pueden reponer.

Diez regiones bajo ataque

Los bombardeos alcanzaron Kiev y su área metropolitana, además de Dnipropetrovsk, Leópolis, Poltava, Járkov, Mykolaiv, Sumy, Vinnytsia, Cherkasy e Ivano-Frankivsk. Zelenski denunció la destrucción o el deterioro de decenas de viviendas, empresas civiles e infraestructuras.

La amplitud geográfica no resulta casual. Algunas de las zonas atacadas se encuentran a cientos de kilómetros del frente y próximas a la frontera polaca. Rusia busca así obligar a Ucrania a dispersar sus recursos defensivos, encarecer la protección de los núcleos urbanos y golpear instalaciones logísticas alejadas de las líneas de combate.

La defensa interceptó más de 260 drones

Las fuerzas ucranianas afirmaron haber destruido más de 260 de los 280 drones lanzados por Rusia, una tasa superior al 92%. También fueron derribados numerosos misiles de crucero gracias a la aviación y a unidades móviles de defensa, según Zelenski.

Sin embargo, el dato decisivo está en los proyectiles balísticos. Ucrania habría interceptado solo uno de los nueve misiles balísticos disparados durante la ofensiva. El diagnóstico es inequívoco: Kiev conserva una elevada capacidad contra drones, pero sigue expuesto ante armas de mayor velocidad y trayectoria más compleja.

El cuello de botella de los Patriot

Los sistemas Patriot se han convertido en el principal escudo ucraniano frente a los misiles balísticos. Su problema no es únicamente el número de baterías disponibles, sino la escasez de interceptores y la lentitud de las entregas occidentales.

Zelenski sostiene que las demoras en el suministro obligan a sus tropas a operar con recursos limitados. “Cuando los misiles para los sistemas de defensa aérea no llegan o se retrasan, nuestros soldados hacen cosas extraordinarias”, afirmó el presidente ucraniano.

La consecuencia es clara: incluso una tasa de interceptación elevada contra drones no evita daños graves cuando uno solo de los proyectiles balísticos consigue atravesar el sistema defensivo.

La amenaza alcanza territorio de la OTAN

Polonia abrió una investigación después de que un posible misil ruso penetrara en su espacio aéreo y terminara cayendo cerca de Tarnawa-Kolonia, en la región de Lublin. El incidente dejó un cráter de aproximadamente 10 metros, aunque no provocó víctimas. Varsovia movilizó aeronaves militares para vigilar la frontera.

El episodio eleva la presión política sobre la OTAN. Aunque una entrada accidental no equivale a un ataque deliberado, cada incursión aumenta el riesgo de un error de cálculo entre Rusia y los países de la Alianza Atlántica.

Una guerra cada vez más aérea

La ofensiva confirma la transformación del conflicto en una guerra de desgaste tecnológico. Rusia combina drones económicos con misiles de alto valor para saturar radares, agotar interceptores y mantener bajo presión permanente a la población civil.

Más de 350 proyectiles aéreos fueron lanzados en apenas unas horas. El contraste entre el coste reducido de muchos drones y el elevado precio de los misiles utilizados para derribarlos favorece a Moscú en una campaña prolongada. Para Ucrania, la cuestión ya no consiste únicamente en recibir más sistemas, sino en garantizar una producción estable de munición y ampliar sus capacidades antiaéreas nacionales.

El bombardeo del 30 de julio demuestra que la defensa del país depende cada vez más de la velocidad industrial y política de sus aliados. Cada retraso se mide en edificios destruidos, infraestructuras dañadas y vidas perdidas.