Rusia estalla por Epstein y acusa a Occidente de fabricar una gran mentira
El Kremlin ha entrado de lleno en la tormenta internacional que rodea al caso Jeffrey Epstein. Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa y uno de los principales emisarios diplomáticos de Moscú, negó este miércoles de forma tajante que el financiero condenado por delitos sexuales actuara como espía ruso. La reacción llega tras las acusaciones del primer ministro polaco, Donald Tusk, y de antiguos responsables de inteligencia occidentales, en un contexto de máxima tensión política y con nuevos documentos del caso Epstein sacudiendo gobiernos y servicios secretos en todo el mundo.
Moscú niega cualquier vínculo entre Epstein y la inteligencia rusa
En un mensaje publicado en la red social X, Dmitriev rechazó de plano las insinuaciones de que Jeffrey Epstein tuviera conexiones con el KGB o con los actuales servicios de inteligencia rusos. Según el alto cargo ruso, se trata de una narrativa construida por “élites izquierdistas desesperadas” que buscan desviar la atención y manipular la opinión pública. “El mundo está cansado de vuestras mentiras”, escribió, en un tono inusualmente duro incluso para los estándares de la diplomacia rusa.
Dmitriev respondió directamente a las declaraciones del primer ministro polaco, Donald Tusk, quien había sugerido que el caso Epstein podría esconder vínculos con los servicios secretos de Moscú. Para el entorno del Kremlin, estas acusaciones no solo carecen de pruebas, sino que forman parte de una campaña política más amplia destinada a asociar cualquier gran escándalo global con Rusia, independientemente de los hechos.
Ataque directo a exespías occidentales
El dirigente ruso también dirigió sus críticas hacia Christopher Steele, exagente del MI6 británico y figura central del llamado Russiagate. Steele había insinuado en el pasado que Epstein podría haber mantenido algún tipo de relación con redes de inteligencia extranjeras, incluidas las rusas. Dmitriev lo calificó sin rodeos como “el autor desacreditado del mayor bulo político de los últimos años”.
Este señalamiento no es casual. Desde Moscú consideran que figuras como Steele simbolizan una industria de la sospecha que, según Rusia, ha erosionado la credibilidad de los servicios de inteligencia occidentales. Para el Kremlin, vincular a Epstein con Rusia busca explotar el impacto mediático del escándalo sexual para reforzar viejos relatos geopolíticos.
Los archivos Epstein vuelven a sacudir a gobiernos y servicios secretos
La polémica se produce en un momento especialmente delicado, tras la publicación de una nueva tanda de documentos relacionados con el caso Epstein. Estos archivos han reavivado preguntas incómodas sobre las conexiones del financiero con políticos, empresarios y figuras influyentes de varios países. Aunque la mayoría de los documentos no mencionan directamente a Rusia, su impacto ha sido suficiente para alimentar teorías y acusaciones cruzadas.
En Polonia, el gobierno anunció incluso la creación de un grupo de trabajo especial para investigar posibles vínculos entre Epstein y servicios de inteligencia extranjeros. Esta decisión ha sido interpretada en Moscú como una maniobra política que responde más a alineamientos internacionales que a evidencias concretas.
conexiones del financiero con políticos, empresarios y figuras influyentes de varios países.
El trasfondo político de las acusaciones
Para Rusia, el momento elegido para relanzar estas acusaciones no es inocente. El escándalo Epstein coincide con un contexto de máxima confrontación entre Moscú y Occidente, marcado por la guerra en Ucrania, las sanciones económicas y una creciente batalla informativa. En este escenario, cualquier tema con alto impacto emocional y mediático se convierte en un arma política.
Fuentes cercanas al Kremlin sostienen que vincular a Epstein con Rusia permite desviar la atención de fallos internos en países occidentales, especialmente en lo relativo a cómo instituciones financieras, judiciales y políticas permitieron durante años las actividades del financiero sin consecuencias reales.
Una narrativa que Moscú quiere cortar de raíz
La reacción de Dmitriev refleja la intención de Rusia de frenar de inmediato cualquier asociación entre el caso Epstein y su aparato estatal. A diferencia de otros episodios donde Moscú ha optado por el silencio o la ambigüedad, en esta ocasión la respuesta ha sido frontal, rápida y personalizada.
Analistas internacionales apuntan que el Kremlin teme que el caso Epstein se utilice como un nuevo símbolo global de corrupción sistémica, en el que Rusia vuelva a aparecer como actor oculto, aunque no existan pruebas verificables. Para Moscú, permitir que esa narrativa se consolide supondría un nuevo frente en la guerra informativa con Occidente.
Las declaraciones de Dmitriev han provocado reacciones dispares. Mientras medios y analistas occidentales reclaman investigaciones independientes y más transparencia, desde Rusia se insiste en que ninguna prueba sólida ha vinculado jamás a Epstein con la inteligencia rusa. Al mismo tiempo, el cruce de acusaciones amenaza con tensar aún más las relaciones diplomáticas entre Moscú y varios países europeos.
En un contexto de desconfianza creciente, el caso Epstein se convierte así en un nuevo campo de batalla simbólico, donde la verdad judicial se mezcla con intereses políticos, luchas de poder y narrativas estratégicas.