Damasco clausura el paso de Al-Masnaa salvo para refugiados sirios mientras Israel asegura haber atacado más de 250 objetivos de Hezbolá desde el lunes

Siria cierra su principal frontera con Líbano tras aviso israelí

EPA/MOHAMMED AL-RIFAI

La Autoridad Siria de Puertos Terrestres y Marítimos ha ordenado este miércoles el cierre del paso fronterizo de Al-Masnaa, el más importante entre Siria y Líbano, tras recibir una advertencia de Israel sobre ataques inminentes en la zona. Solo se permitirá la entrada de sirios que huyen de los bombardeos en territorio libanés, mientras el resto del tráfico queda suspendido. El movimiento llega en pleno repunte de la confrontación entre Israel y Hezbolá, con el Ejército israelí asegurando haber golpeado más de 250 objetivos en Líbano desde el lunes, y convierte a este estrecho corredor en el último eslabón de una cadena de presión militar, humanitaria y económica que amenaza con asfixiar aún más a un Líbano exhausto. El cierre no solo reordena los mapas de seguridad; reabre el fantasma de un bloqueo terrestre de facto y anticipa una nueva oleada de desplazados y tensiones regionales.

El paso de Al-Masnaa–Jdeidat Yabous es la arteria terrestre que une Beirut con Damasco y el principal punto oficial de cruce entre Líbano y Siria. Un tramo de unos ocho kilómetros de “tierra de nadie” separa ambos controles fronterizos, pero en la práctica este corredor ha sido durante años la vía de salida para refugiados, mercancías y combustible en ambos sentidos.

Desde la escalada entre Israel y Hezbolá de otoño de 2024, la zona se ha convertido en objetivo recurrente. Bombardeos israelíes cortaron en varias ocasiones la autopista internacional y llegaron a abrir cráteres de varios metros en el asfalto, obligando a cerrar el cruce a vehículos durante días y dejando solo tránsito a pie en algunos momentos. En ese contexto, solo a través de Masnaa llegaron a cruzar hacia Siria en cuestión de semanas unos 236.000 refugiados sirios y 60.000 ciudadanos libaneses, según cifras de medios libaneses, que lo describieron como el principal corredor de evacuación del país.

Desde entonces, cada nueva sacudida militar en la frontera convierte a Al-Masnaa en un termómetro inmediato de la crisis: cuando este paso se bloquea, el margen de maniobra de Líbano se reduce a mínimos y cientos de miles de personas quedan, literalmente, sin salida segura.

El aviso israelí y la nueva fase del conflicto

La decisión de Damasco llega tras un aviso directo de Israel sobre posibles ataques adicionales en las inmediaciones del cruce. Según la información difundida por medios locales, la Autoridad Siria de Puertos Terrestres y Marítimos habría optado por cerrar el paso al tráfico ordinario y mantener únicamente el flujo de “llegadas” de nacionales sirios que abandonan Líbano, una fórmula destinada a minimizar víctimas civiles sin renunciar a ofrecer refugio a sus propios ciudadanos.

En paralelo, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) han asegurado haber golpeado más de 250 objetivos de Hezbolá en Líbano desde el lunes, en una campaña que incluye bombardeos sobre los suburbios del sur de Beirut, el sur del país y el valle de la Bekaa. En los últimos días, esos ataques han dejado decenas de muertos y más de un centenar de heridos, además de provocar un nuevo desplazamiento interno de miles de personas que buscan refugio en escuelas, centros públicos y pueblos del norte.

El mensaje implícito del aviso israelí es claro: el cruce de Al-Masnaa no solo es un corredor humanitario sino también, a ojos de Israel, un posible punto de tránsito de armamento y logística de Hezbolá, una sospecha que ya motivó ataques contra la carretera y puentes adyacentes en 2024. La consecuencia es inequívoca: cada vez que Tel Aviv señala la frontera y Damasco reacciona cerrándola, el espacio para el tráfico civil se estrecha mientras crece el riesgo de una extensión duradera del conflicto.

Refugiados atrapados entre dos guerras

El cierre parcial llega cuando Líbano sigue albergando, según distintas estimaciones oficiales y de la ONU, entre 1,1 y 1,5 millones de sirios desplazados, en el país con mayor número de refugiados per cápita del mundo. A pesar de que en 2025 más de 500.000 sirios abandonaron Líbano rumbo a su país en el marco de planes de retorno organizados, cientos de miles permanecen aún en campos informales y barrios empobrecidos, atrapados entre una economía colapsada y una guerra que nunca termina de apagarse.

En los meses más intensos de la campaña israelí de 2024, informes de organizaciones humanitarias cifraron en más de 320.000 los refugiados sirios que regresaron a Siria desde Líbano, muchos de ellos a través de Al-Masnaa, y en 117.000 los libaneses que cruzaron en sentido inverso buscando refugio temporal. El cruce se convirtió así en una puerta giratoria de poblaciones enteras, con familias que salían de un país en guerra para entrar en otro en reconstrucción.

El anuncio de hoy dispara el miedo a un nuevo escenario de “encierro” para quienes siguen en Líbano: si la frontera se estrecha para los civiles mientras se intensifican los ataques, aumentará la presión sobre rutas irregulares y traficantes, encareciendo el viaje y multiplicando el riesgo de desapariciones, extorsiones y devoluciones forzosas.

Golpe a un corredor económico ya debilitado

Más allá del drama humanitario, el cierre de Al-Masnaa golpea de lleno a una economía regional ya profundamente dañada. El comercio formal entre Líbano y Siria se ha reducido prácticamente a la mitad en una década, pasando de unos 467 millones de dólares a apenas 228 millones en 2023, según datos recopilados por organismos internacionales y autoridades europeas. Aun así, sigue siendo un canal vital para el intercambio de plásticos, alimentos, combustibles y bienes de consumo básicos.

Antes de los ataques de 2024, fuentes sirias estimaban que entre 30 y 40 camiones sirios cruzaban a diario hacia Líbano por Masnaa, cargados de alimentos procesados, textiles y productos plásticos. En sentido inverso, solo en 2024 las exportaciones libanesas a Siria superaron los 100 millones de dólares, con peso destacado de frutas, verduras, cereales, maquinaria y vehículos. Cada interrupción del tráfico por la frontera incrementa los costes logísticos, dispara el precio del combustible y de los alimentos en los mercados locales y empuja a empresas pequeñas y medianas al borde del cierre.

Lo más grave es que, a medida que el comercio formal se encoge, aumenta el peso de las redes de contrabando que operan a través de los más de 100 pasos irregulares documentados entre ambos países, donde circulan desde carburantes hasta captagon. El cierre de Al-Masnaa refuerza ese desplazamiento hacia la economía sumergida y priva a ambos Estados de ingresos fiscales imprescindibles en plena crisis.

El riesgo de un bloqueo terrestre de facto

El cierre decretado por Siria se suma a un patrón más amplio que inquieta tanto a Beirut como a las capitales europeas: la combinación de bombardeos sobre carreteras y puentes, restricciones en el aeropuerto de Beirut y cierres parciales de otros pasos fronterizos ya llevó a responsables libaneses a hablar de un “asedio no declarado” en 2024.

Hoy, la clausura de Masnaa en sentido saliente —salvo para sirios que regresan— alimenta el temor a un bloqueo terrestre de facto, especialmente si el conflicto con Hezbolá se prolonga o se amplía. Para Líbano, un país cuya economía depende de que el comercio de bienes y personas equivalga a más del 100 % de su PIB, cualquier interrupción sostenida de las rutas terrestres implica más inflación, más escasez y más presión migratoria hacia el Mediterráneo y Europa.

El contraste con otros episodios recientes resulta demoledor: cuando en 2024 se cerraron la mayoría de los pasos con Siria y solo quedó Masnaa operativo, la decisión fue presentada como una medida temporal de seguridad; ahora es el propio lado sirio el que baja la persiana ante la amenaza de nuevos ataques, dejando a Líbano aún más expuesto y con menos capacidad de decisión sobre su conectividad básica.