TRUMP

Una socialista de 29 años "asusta" a Donald Trump tras ganar unas primarias: "Es etíope"

Melat Kiros.

Melat Kiros, abogada, hija de inmigrantes etíopes y socialista democrática de 29 años, ha terminado en una sola noche con una de las carreras más longevas del Congreso estadounidense. Su victoria sobre Diana DeGette, representante de Denver desde 1997, rompe una estructura de poder construida durante 15 legislaturas.

Kiros se impuso después de convertir la vivienda, la sanidad, la financiación política y Gaza en las grandes líneas divisorias de la campaña. La interpretación viral presenta su triunfo como una amenaza directa para Donald Trump. No consta, sin embargo, una reacción personal del presidente ante este resultado concreto. Lo indiscutible es que el terremoto alcanza también al aparato demócrata.

Seis puntos que cambian una época

Kiros ganó las primarias demócratas del primer distrito de Colorado por aproximadamente seis puntos de diferencia. Durante el recuento decisivo acumulaba un 48,6% de los votos, frente al 44,2% de DeGette y el 7,3% de Wanda James. La derrota resulta especialmente significativa porque el escaño no elegía una nueva dirección desde hacía casi tres décadas.

El distrito, concentrado en Denver, no elige a un republicano desde 1970. Por eso, superar las primarias equivale prácticamente a obtener el billete hacia Washington. Kiros se enfrentará en noviembre a la republicana Christy Peterson, pero parte como clara favorita en una circunscripción profundamente demócrata.

El dinero no fue suficiente

La campaña también deja un mensaje incómodo para los grandes donantes. DeGette recaudó 1,67 millones de dólares y gastó 1,65 millones durante el ciclo electoral. Kiros reunió 1,09 millones y desembolsó alrededor de 965.000 dólares. La veterana tenía más recursos, una estructura consolidada y tres décadas de reconocimiento público. Perdió igualmente.

Además, tres comités externos movilizaron cerca de 1,3 millones de dólares para proteger a DeGette, principalmente mediante publicidad contra su rival. Kiros también recibió apoyo independiente —unos 500.000 dólares de Justice Democrats y otros 140.000 de American Priorities—, por lo que no fue una campaña ajena al dinero externo. El contraste estuvo en su rechazo formal a los fondos de comités corporativos.

Una ruptura generacional

DeGette no era una conservadora infiltrada en el Partido Demócrata. Formaba parte del Caucus Progresista, defendía Medicare para todos y desempeñaba un papel relevante en la comisión sanitaria de la Cámara. Su experiencia incluía la renovación del programa de seguro médico infantil y la elaboración de la reforma sanitaria de 2010.

Precisamente por eso, la derrota resulta más profunda. Kiros no venció únicamente a una dirigente del centro: convenció a los votantes de que el progresismo institucional había dejado de ser suficiente. La antigüedad, antes presentada como experiencia, pasó a interpretarse como dependencia del sistema.

Gaza rompe el equilibrio

La política hacia Israel marcó la frontera más clara entre ambas candidatas. Kiros reclama un embargo de armas y el fin de la ayuda militar estadounidense. DeGette defendía mantener la financiación para la capacidad defensiva israelí, aunque rechazaba el envío de armamento ofensivo.

Kiros perdió su empleo en un bufete después de publicar un texto en defensa de estudiantes propalestinos. Lejos de destruir su trayectoria, aquel episodio se convirtió en el origen de su identidad política. Su victoria demuestra que Gaza ya no representa una cuestión secundaria para una parte del electorado joven: funciona como medida de credibilidad frente al poder establecido.

Un programa sin matices

La candidata no ocultó sus posiciones. Propone Medicare para todos, cuidado infantil universal, impuestos más altos para las grandes fortunas, vivienda como derecho y la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, que sustituiría por un sistema centrado en vías legales, jueces de asilo y seguridad comunitaria.

Su agenda también incluye retirar los 3.800 millones de dólares anuales destinados a ayuda militar para Israel y trasladar esos recursos hacia vivienda, educación y sanidad. El programa facilita el ataque republicano, pero evita una de las grandes debilidades del centrismo: la dificultad para explicar qué pretende cambiar realmente.

El socialismo pierde su estigma

Kiros forma parte de los Democratic Socialists of America, una organización que ya supera los 100.000 afiliados, distribuidos en más de 200 agrupaciones locales. Su expansión se ha acelerado tras varias victorias en Nueva York, Washington y Colorado.

El cambio generacional también aparece en las encuestas. Un estudio de Cato y YouGov sitúa la valoración favorable del socialismo entre los jóvenes en el 53%, frente al 45% del capitalismo. Incluso el comunismo obtiene un 38%. Estos porcentajes no implican una comprensión idéntica de cada concepto, pero revelan que las antiguas etiquetas de la Guerra Fría han perdido capacidad disuasoria.

El aviso para ambos partidos

La victoria no demuestra que Estados Unidos haya girado completamente hacia el socialismo. Denver es un territorio urbano y marcadamente progresista. El gran interrogante será si estas candidaturas pueden ganar en distritos competitivos, rurales o suburbanos.

Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco. De los 159.000 votantes que participaron en las primarias demócratas de Denver, un 35% eligió una combinación de candidatos progresistas, el doble del bloque que respaldó simultáneamente a los nombres del aparato.

Kiros no ha derrotado todavía a Donald Trump. Ha hecho algo más inmediato: demostrar que treinta años de cargo, millones de dólares y una etiqueta progresista ya no garantizan obediencia electoral.