Tensión en Oriente Medio: Irán responde con ataques tras la muerte de Ali Larijani

Israel asegura haber eliminado a Ali Larijani y al jefe de la Basij; Teherán responde con misiles, y la región entra en fase de alto riesgo.
Sirenas antiaéreas activadas en Jerusalén tras ataques con misiles desde Irán<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Tensión en Oriente Medio: Irán responde con ataques tras la muerte de Ali Larijani

Israel sostiene que ha descabezado de un golpe parte del aparato de seguridad iraní: Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y el general Gholam Reza Soleimani, jefe de la Basij, habrían sido “eliminados” en ataques nocturnos cerca de Teherán.
Irán, de momento, no lo confirma; pero sí responde: nuevas salvas de misiles y drones han activado sirenas en Israel y han ampliado la presión sobre vecinos del Golfo.
El conflicto, iniciado el 28 de febrero, entra en su tercera semana con una mezcla explosiva de precisión militar y ruido informativo.
La pregunta ya no es si habrá represalias. Es si queda margen para que la escalada no se convierta en un choque abierto regional.

El golpe contra la cúpula iraní

La operación anunciada por Israel se presenta como un salto cualitativo: no un ataque a infraestructura, sino a personas. Según fuentes oficiales israelíes, Larijani y Soleimani fueron abatidos en ataques separados, una maniobra que pretende demostrar dos capacidades a la vez: inteligencia humana dentro de Teherán y libertad operativa para golpear en el corazón del régimen.

En la narrativa israelí, ambos nombres tienen una carga simbólica. Larijani aparece descrito como uno de los “más poderosos” tras la muerte del líder supremo en los primeros compases de la guerra; Soleimani, como el rostro de la coerción interna, vinculado a la represión de protestas.

El mensaje de Tel Aviv no es sutil: si estos golpes se confirman, el régimen no solo pierde cuadros; pierde predictibilidad. Y esa erosión es el verdadero objetivo estratégico: obligar a Teherán a dedicar energía a sobrevivir, no a planificar.

La niebla informativa y el precio de la incertidumbre

Lo más grave es lo que no se sabe. Irán no ha validado públicamente las muertes, y esa ausencia de confirmación alimenta dos hipótesis, igualmente inquietantes: que Teherán intenta ganar tiempo para recomponer la cadena de mando, o que busca evitar el impacto psicológico interno de admitir que su perímetro ha sido perforado.

Israel, en cambio, eleva el tono y convierte el anuncio en doctrina. En Washington Post se recoge la idea de “seguir cazando” al liderazgo iraní, con una metáfora que busca intimidar y movilizar. «Continuaremos cazando al liderazgo… cortar la cabeza del pulpo… y evitar que vuelva a crecer», deslizó el ministro de Defensa, Israel Katz.

Ese lenguaje tiene un destinatario doble: el rival y la opinión pública propia. Pero también expone a Israel a un coste diplomático creciente. Turquía, por ejemplo, ya ha denunciado estas “eliminaciones” como actos ilegales.
La consecuencia es clara: cuanto más se premia el golpe quirúrgico, más se empuja al adversario a responder con acciones de alto impacto —aunque sean menos “limpias”.

Sirenas en Israel y la amenaza de la munición de racimo

La represalia iraní ha seguido un patrón de saturación: drones, misiles y, en episodios recientes, municiones de racimo. Es una escalada técnica con efecto político: no se busca solo golpear, sino forzar a la defensa a gastar interceptores y a la población a vivir en alarma permanente.

El uso de racimo añade un elemento especialmente corrosivo. Según información difundida por medios israelíes, algunas ojivas dispersan entre 24 y 80 submuniciones en un radio de hasta 8 kilómetros, aumentando la probabilidad de daños dispersos y dejando restos sin explosionar.
En una de las últimas oleadas, se reportaron daños materiales en varios puntos sin heridos, un detalle que no reduce el riesgo: lo desplaza al “día después”, cuando esos restos se convierten en trampas.

En términos de estabilidad regional, este salto importa: la guerra deja de ser solo precisión y se acerca a la lógica de desgaste. Y el desgaste, en Oriente Medio, tiende a desbordar fronteras.

Europa en alerta y Washington endurece el pulso

La escalada no se juega únicamente en el aire. Se juega en capitales. La UE observa con alarma la combinación de asesinatos selectivos y respuesta balística, mientras Estados Unidos, con Trump al frente, alterna mensajes de determinación con una presión creciente sobre aliados para implicarse más en la contención del conflicto.

La fractura es tangible: varios socios han mostrado reticencias a ampliar la implicación militar, especialmente en el frente marítimo. Y esa tibieza complica cualquier arquitectura de desescalada: si no hay coalición clara para blindar rutas, la disuasión se debilita y el incentivo a “probar límites” aumenta.

Mientras tanto, el conflicto ya desborda el eje Israel-Irán. Según Associated Press, Irán ha atacado también a vecinos del Golfo y ha mantenido la presión sobre infraestructuras energéticas, elevando el coste para terceros países que, hasta hace semanas, buscaban mantenerse al margen.

Ormuz y el frente económico: cuando la guerra se paga en barriles

En paralelo al ruido de sirenas, el verdadero termómetro está en el petróleo. El Estrecho de Ormuz —por donde transita una quinta parte del petróleo mundial— se ha convertido en el principal multiplicador del riesgo.
La señal es inequívoca: cuando ese paso se tensiona, la guerra deja de ser regional y se convierte en inflación importada.

La crisis energética ya asoma en cifras. AP sitúa el Brent por encima de 100 dólares y describe el estrecho como “casi cerrado” por ataques a buques comerciales. Y Guardian habla de un repunte del precio del crudo de hasta el 40% por el miedo a un bloqueo sostenido.

Este hecho revela por qué Israel insiste en los golpes a la cúpula: busca acortar la guerra antes de que el coste económico erosione apoyos. Pero también explica la lógica iraní: si no puede igualar la superioridad aérea, puede encarecer el mundo. Y esa palanca, históricamente, ha sido suficiente para forzar negociaciones.

Comentarios