Trump apoyará ataques israelíes a misiles iraníes si falla el diálogo
La advertencia llegó en privado, lejos de los micrófonos, en una reunión celebrada en Florida el pasado diciembre. Donald Trump trasladó a Benjamin Netanyahu que, si las negociaciones con Teherán encallaban, Washington estaría dispuesto a respaldar ataques israelíes contra el programa de misiles balísticos de Irán. La revelación, publicada ahora a partir de fuentes de inteligencia consultadas por CBS News, llega en pleno despliegue militar estadounidense en la región y en la víspera de una nueva ronda de conversaciones nucleares con mediación de Omán.
La conversación secreta de Mar-a-Lago
Según fuentes citadas por CBS News, la conversación tuvo lugar en la residencia de Trump en Mar-a-Lago, en un encuentro de varias horas con el primer ministro israelí. El mensaje fue inequívoco: si las negociaciones fracasaban, Estados Unidos “no se interpondría” en una ofensiva israelí contra el corazón del programa de misiles iraní y, de hecho, podría facilitarla.
Lo más significativo no es sólo el contenido, sino el contexto. El intercambio se produjo pocos meses después de que Estados Unidos bombardeara instalaciones nucleares iraníes en la operación “Midnight Hammer”, que, según estimaciones estadounidenses, habría retrasado el programa atómico de Teherán entre varios meses y dos años. La consecuencia es clara: Washington ya ha cruzado la línea de la acción directa y ahora sopesa cómo acompañar a Israel en una nueva fase centrada en misiles y no sólo en uranio enriquecido.
Para Netanyahu, inmerso en una guerra de desgaste con Irán desde hace años, el respaldo presidencial supone un aval político crucial. Para Trump, refuerza su imagen de dureza frente a Teherán en pleno clima interno marcado por las elecciones de mitad de mandato y un Congreso cada vez más polarizado en política exterior.
Washington prepara el escenario militar
En paralelo a los mensajes privados, el Pentágono ha desplegado dos grupos de portaaviones en la región —entre ellos el USS Abraham Lincoln y el USS Gerald R. Ford— con un contingente que ronda los 9.000 militares y decenas de cazas listos para operar desde el Golfo. Los planes filtrados apuntan a que Estados Unidos se prepara para operaciones de varias semanas contra objetivos iraníes si la Casa Blanca da luz verde a una escalada.
El diagnóstico es inequívoco: el componente militar ya no es sólo disuasorio. Los ejercicios, los refuerzos y la presencia naval prolongada crean una infraestructura que podría sostener una campaña aérea continua sobre instalaciones de mando, sistemas de defensa antiaérea y bases de misiles iraníes.
En este tablero, el apoyo a Israel encaja con la doctrina de “máxima presión 2.0”: evitar tropas terrestres, priorizar ataques de precisión y combinar bombardeos con sanciones reforzadas. El precedente de junio de 2025 —con ataques estadounidenses a instalaciones nucleares seguidos de represalias iraníes contra bases en Qatar— demuestra el riesgo de una escalada rápida y difícil de controlar.
El muro árabe en el cielo: espacios aéreos cerrados
Uno de los elementos más delicados del plan es puramente geográfico: para que los cazas israelíes lleguen a los objetivos en territorio iraní necesitan sobrevolar otros países o contar con múltiples reabastecimientos en vuelo. Jordania, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han reiterado que no permitirán el uso de su espacio aéreo para ataques ni contra Irán ni desde Irán hacia terceros.
Este cierre complica notablemente cualquier misión: obliga a diseñar rutas más largas —con mayor exposición a radares y sistemas antiaéreos— y aumenta la dependencia de aviones cisterna estadounidenses para garantizar el alcance y el regreso de los escuadrones israelíes. No es casualidad que buena parte de las discusiones internas en Washington se centren en el número de reabastecimientos posibles y en quién asume el riesgo político si algo sale mal, según fuentes citadas por varios medios estadounidenses.
El contraste con operaciones pasadas resulta demoledor. En otros episodios, discretos acuerdos con países árabes permitieron vuelos de reconocimiento o pasos “técnicos” que ahora parecen descartados. La negativa actual refleja el temor de estas monarquías a convertirse en objetivo directo de represalias iraníes y a desestabilizar aún más su entorno interno.
Un programa balístico cada vez más sofisticado
En el centro de esta crisis está la evolución del programa de misiles iraní. En la última década, Teherán ha probado y exhibido misiles con alcances de hasta 2.000 kilómetros, capaces de impactar en cualquier punto de Israel y en gran parte de las bases estadounidenses del Golfo.
Lejos de limitar su arsenal tras el acuerdo nuclear original, Irán ha incrementado la precisión de sus vectores y ha multiplicado el número de lanzaderas móviles, difíciles de localizar y destruir en una sola oleada de ataques. Informes occidentales estiman que el país podría contar con varios centenares de misiles balísticos de corto y medio alcance, además de una creciente flota de drones armados.
Desde Teherán, el mensaje oficial es que se trata de un programa puramente defensivo, respuesta a décadas de sanciones y amenazas externas. Sin embargo, la combinación de misiles de largo alcance, tecnología de guiado mejorada y apoyo a milicias aliadas en la región dibuja un escenario en el que Irán puede proyectar fuerza mucho más allá de sus fronteras, algo que Israel y Estados Unidos consideran inaceptable.
Riesgo para el petróleo y los mercados globales
Más allá del pulso militar, el elemento que más inquieta a Europa y a Asia es el energético. Por el Estrecho de Ormuz transita cerca del 21% del crudo que se comercia en el mundo, una cifra que convierte cualquier tensión militar en la zona en un shock inmediato para los precios.
Desde que trascendieron los planes de Washington y el compromiso de Trump con Netanyahu, el Brent ha llegado a encarecerse cerca de un 4% intradía, mientras las primas de riesgo soberano de varios países emergentes importadores de energía marcan máximos de los últimos doce meses. Los analistas empiezan a incorporar en sus modelos un escenario de cierres parciales o temporales del tráfico marítimo si Irán decide responder con ataques a petroleros o con minas navales.
Para España, altamente dependiente de las importaciones de crudo y gas, un nuevo ciclo de tensión en Oriente Medio podría traducirse en subidas de entre 5 y 7 céntimos por litro en los combustibles en cuestión de semanas y en un repunte de la inflación energética justo cuando el Banco Central Europeo intenta consolidar la desinflación. El efecto dominó sobre márgenes industriales y poder adquisitivo de los hogares sería inmediato.
Diplomacia a contrarreloj en Ginebra
Frente a este horizonte de confrontación, la vía diplomática aún no se ha agotado. Delegaciones de Estados Unidos e Irán se preparan para una segunda ronda de conversaciones en Ginebra, con mediación de Omán, en lo que muchos describen como la última oportunidad para evitar una nueva guerra abierta en Oriente Medio.
El secretario de Estado, Marco Rubio, insiste en público en que prefiere “una salida diplomática” y subraya que las sanciones siguen siendo el instrumento principal de presión. Pero las filtraciones sobre el respaldo de Trump a una posible ofensiva israelí vacían de credibilidad el discurso de la contención: Teherán percibe que Washington negocia con una mano mientras prepara el puño con la otra.