Trump aprieta el “cordón del petróleo” a Cuba: el pulso con Venezuela entra en fase de castigo energético
Donald Trump ha asegurado que no habrá “ni más petróleo ni más dinero” desde Venezuela hacia Cuba, y ha instado a La Habana a “hacer un acuerdo” antes de que sea tarde. La declaración llega tras el vuelco político en Caracas y mientras Washington construye un marco para controlar ingresos petroleros venezolanos bajo supervisión del Tesoro. En la isla, el posible corte agudiza una vulnerabilidad estructural: electricidad y transporte dependen del combustible importado.
Qué ha dicho Trump y por qué importa
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado un mensaje sin matices: “no habrá más petróleo ni dinero hacia Cuba desde Venezuela, cero”. Lo hizo a través de Truth Social, añadiendo una advertencia política —“hagan un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”— y justificándolo en la idea de que Cuba habría sostenido durante años a Caracas a cambio de “servicios de seguridad” para los “dos últimos dictadores venezolanos”.
Más allá del tono, el fondo es estratégico: el petróleo es el principal vector de presión sobre Cuba. Cualquier interrupción significativa en los flujos energéticos puede traducirse en apagones, caída de actividad y mayor tensión social, especialmente en un país que ya arrastra un deterioro económico severo y una crisis crónica de abastecimiento.
Lo que está construyendo Washington: control financiero del crudo venezolano
El mensaje de Trump no llega aislado. Reuters ha informado de un marco legal y operativo en el que la administración busca administrar ingresos del crudo venezolano en cuentas bajo supervisión del Tesoro y, además, proteger esos fondos de embargos de acreedores mediante una orden ejecutiva. Este diseño pretende convertir el petróleo venezolano en palanca de estabilización “post-Maduro”, pero también en herramienta de política exterior regional.
En paralelo, se reportan conversaciones para un acuerdo de suministro de crudo (bajo supervisión estadounidense) con el gobierno interino en Caracas. En este contexto, el “corte” a Cuba se encuadra como parte de un nuevo reparto de prioridades energéticas y geopolíticas.
La respuesta de Cuba: derecho a importar y rechazo al relato de “mercenarios”
La Habana ha respondido con un argumento clásico: tiene derecho a comprar petróleo en el mercado internacional y niega que la isla “cobre” por desplegar personal en el exterior. Según Reuters, el canciller cubano Bruno Rodríguez rechazó el planteamiento de Washington y defendió la posición de su gobierno ante lo que interpreta como un intento de estrangular financieramente al país.
El choque es, por tanto, doble: energético y narrativo. Washington intenta retratar a Cuba como un sostén operativo del aparato de seguridad venezolano; Cuba replica que se trata de cooperación histórica y que las sanciones son el origen real del colapso económico.
Cuánto petróleo está en juego: cifras distintas, mismo riesgo
Las estimaciones sobre cuánto crudo llega a Cuba desde Venezuela varían según fuente y metodología. Datos de analítica de flujos citados por OPIS/Kpler señalan que en 2025 Venezuela habría enviado más de 9.000 barriles/día y México más de 12.000, mientras que un análisis de Kpler apuntaba a volúmenes “modestos” en el entorno de 14.000 barriles/día. Otros expertos citados por ABC News estiman que, antes del último vuelco, Cuba podía recibir del orden de 35.000 barriles/día desde Venezuela, además de aportes menores de México y Rusia. Lo relevante no es solo el número exacto, sino la dependencia: el sistema eléctrico cubano es intensivo en combustibles líquidos y cualquier recorte se amplifica.
La variable México: proveedor “puente” con límites
En este nuevo mapa, México aparece como un sostén parcial. AP ha reportado que México se ha convertido en un proveedor crucial para La Habana, aunque con capacidad limitada para reemplazar por completo los volúmenes que históricamente llegaban desde Venezuela. Esto implica que, si Washington endurece el cerco sobre los flujos venezolanos hacia Cuba, el margen de maniobra de la isla dependerá de acuerdos alternativos y de su capacidad financiera para comprar combustible a precios de mercado.