Trump se arroga el peaje de Ormuz: “Si alguien cobra, será Estados Unidos”
Donald Trump ha convertido el estrecho de Ormuz en una factura pendiente. El presidente de Estados Unidos aseguró que durante los próximos 60 días no se cobrarán peajes por el tránsito marítimo en la zona, en línea con el acuerdo temporal con Irán, pero introdujo una advertencia de enorme calado: si alguien tuviera derecho a cobrar, sería Washington. La frase no es menor. Llega justo después de que Irán afirmara haber cerrado el paso por la tensión en Líbano y de que el Mando Central estadounidense respondiera con datos: 55 buques mercantes atravesaron el estrecho el 20 de junio, con más de 17 millones de barriles de petróleo y grandes cargamentos rumbo a los mercados globales.
El peaje del “ángel guardián”
Trump presentó la idea como una compensación por los servicios prestados por Estados Unidos como supuesto “ángel guardián” de los países de Oriente Medio. El planteamiento encaja con su lógica habitual: seguridad a cambio de pago, protección a cambio de retorno económico y poder militar convertido en argumento contractual.
Lo más grave es que la declaración desplaza el debate. Ya no se trata solo de si Irán puede cerrar Ormuz, sino de si Estados Unidos puede monetizar su papel militar en una vía estratégica internacional. Según The Times, Trump amenazó con imponer un peaje si Irán no respeta el acuerdo que garantiza paso libre durante el periodo de tregua. La navegación deja de aparecer como un principio global y empieza a tratarse como un servicio facturable.
Sesenta días de calma vigilada
El acuerdo entre Washington y Teherán prevé que Ormuz permanezca libre de peajes durante 60 días, mientras se intenta cerrar un pacto más amplio. El propio equipo de Trump reconoció que el memorándum solo garantiza ese régimen temporal y no resuelve qué ocurrirá después si las partes no alcanzan un entendimiento definitivo.
Este hecho revela la fragilidad del pacto. La paz no se ha blindado; se ha aplazado. Irán conserva la amenaza del cierre. Estados Unidos conserva la amenaza del peaje. Israel conserva margen militar en Líbano. Y los mercados conservan una duda decisiva: qué pasará cuando expire el reloj de los 60 días.
Ormuz no es una autopista
El estrecho de Ormuz no puede analizarse como una carretera regional. La Agencia Internacional de la Energía calcula que por esta vía se transportaron en 2025 unos 20 millones de barriles diarios de crudo y derivados, lo que la convierte en uno de los principales puntos de estrangulamiento energético del planeta.
La consecuencia es clara: cualquier peaje, amenaza o bloqueo se traslada al precio del petróleo, a los fletes, al seguro marítimo, a los fertilizantes y a la inflación. No paga solo el armador; paga la economía global. Europa lo nota en energía. Asia lo nota en suministro. Wall Street lo nota en expectativas de tipos y beneficios.
El pulso legal y diplomático
La idea de cobrar peajes en Ormuz abre, además, un terreno jurídico extremadamente delicado. La Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que los Estados ribereños no deben obstaculizar el paso en estrechos usados para navegación internacional y que no puede suspenderse el tránsito.
Sin embargo, el conflicto es más complejo porque Estados Unidos, Irán e Israel no son partes plenas de ese marco en los mismos términos. Aun así, la señal política es potente: Washington se atribuye un derecho de cobro por una seguridad que considera financiada con dinero estadounidense. Para Teherán, eso puede leerse como una forma de control indirecto. Para los aliados del Golfo, como una advertencia de que la protección estadounidense tendrá precio.
Irán prueba la narrativa
La respuesta iraní también juega con la ambigüedad. Teherán declaró cerrado el estrecho tras acusar a Israel de violar el alto el fuego en Líbano y a Estados Unidos de no hacer cumplir sus compromisos. Pero los datos de CENTCOM apuntan a que el tráfico no solo continuó, sino que aumentó durante la jornada.
El diagnóstico es inequívoco: Irán está probando cuánto miedo puede generar sin cerrar por completo el grifo. Y Trump responde con una amenaza distinta: si Washington mantiene abierto el paso, Washington podría querer cobrar por ello.
El mercado ante una factura imposible
El riesgo para los mercados es evidente. Mientras Ormuz funcione, el petróleo puede contenerse y el Dow Jones puede sostener el alivio reciente. Pero si la disputa pasa de los comunicados a los costes reales —peajes, seguros de guerra, escoltas militares o interrupciones parciales— el precio del crudo volverá a tensionar inflación, bancos centrales y bolsas.
Trump no ha anunciado un peaje inmediato. Ha hecho algo políticamente más significativo: ha fijado una doctrina. Quien protege la ruta, reclama la renta. Y en Ormuz, esa frase puede valer mucho más que cualquier comunicado diplomático.