Diplomacia internacional

Trump califica de “excelente” su llamada con Xi y abre la puerta a acuerdos clave

EPA/YONHAP

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó este miércoles de “excelente” la conversación telefónica mantenida con su homólogo chino, Xi Jinping, y expresó su confianza en que el diálogo pueda traducirse en “muchos resultados positivos” para ambas potencias. El contacto, descrito por el propio Trump como “largo y exhaustivo”, abordó algunos de los asuntos más sensibles de la agenda internacional, desde el comercio bilateral hasta los principales focos de tensión geopolítica.

Trump dio a conocer el contenido de la conversación a través de su red social, Truth Social, donde subrayó el tono constructivo del intercambio. Según explicó, la llamada se produjo en un contexto de reajuste de equilibrios globales, con Estados Unidos y China obligados a gestionar una relación marcada por la rivalidad estratégica, pero también por una interdependencia económica difícil de romper.

Publicación de Donald Trump en Truth Social

La reactivación del diálogo directo entre ambos líderes se interpreta como una señal de deshielo pragmático, tras meses de tensiones comerciales, restricciones tecnológicas y fricciones diplomáticas que han afectado a los mercados internacionales.

Comercio y relaciones económicas

Uno de los ejes centrales de la conversación fue el comercio bilateral, un ámbito clave en las relaciones entre Washington y Pekín. Estados Unidos y China intercambian bienes y servicios por valor de más de 575.000 millones de dólares anuales, una cifra que convierte a ambos países en socios comerciales estratégicos pese a sus desacuerdos.

Trump no detalló posibles medidas concretas, pero dejó entrever la voluntad de reducir fricciones y avanzar hacia acuerdos que beneficien a ambas economías. Para el presidente estadounidense, el comercio sigue siendo una herramienta fundamental para equilibrar la relación y reforzar la posición de Estados Unidos frente a su principal competidor global.

Uno de los puntos más llamativos del diálogo fue la posibilidad de que China aumente la compra de petróleo y gas estadounidense. Este movimiento tendría un impacto directo en el sector energético de EEUU, que en los últimos años se ha consolidado como uno de los principales exportadores mundiales de gas natural licuado (GNL).

Trump no detalló posibles medidas concretas, pero dejó entrever la voluntad de reducir fricciones y avanzar hacia acuerdos
que beneficien a ambas economías, como la posibilidad de que China aumente la compra de petróleo y gas estadounidense.

China, el mayor importador de energía del planeta, consume más de 14 millones de barriles de petróleo diarios, y diversificar proveedores es una prioridad estratégica para Pekín. Para Washington, lograr que China sustituya parte de sus compras a Rusia o Oriente Medio por suministros estadounidenses supondría una victoria económica y geopolítica.

Seguridad y cooperación militar

Trump también señaló que durante la llamada se abordaron cuestiones relacionadas con la cooperación militar entre ambos países, un terreno especialmente sensible en un contexto de creciente competencia estratégica en Asia-Pacífico.

Aunque no se anunciaron avances concretos, el mero hecho de tratar este asunto sugiere la intención de evitar malentendidos y escaladas innecesarias, especialmente en zonas de alta tensión como el mar de China Meridional o el estrecho de Taiwán.

La cuestión de Taiwán estuvo presente en la conversación, confirmando que sigue siendo el principal foco de fricción entre Washington y Pekín. Estados Unidos mantiene una política de apoyo a la isla, mientras que China considera a Taiwán una provincia rebelde y no descarta el uso de la fuerza para lograr la reunificación.

Taiwan sigue siendo el principal foco de fricción entre Washington y Pekín

Trump no reveló detalles sobre el intercambio, pero fuentes diplomáticas subrayan que cualquier diálogo directo sobre Taiwán es crucial para reducir riesgos de confrontación militar entre las dos mayores potencias del mundo.

Ucrania e Irán, en el tablero global

La conversación también incluyó referencias al conflicto en Ucrania y a las tensiones en torno a Irán, dos escenarios en los que China juega un papel cada vez más relevante. Pekín mantiene una posición ambigua respecto a la guerra en Ucrania y ha reforzado sus lazos con Moscú, mientras que en el caso de Irán actúa como socio económico y actor diplomático clave.

Para Trump, implicar a China en estos asuntos forma parte de una estrategia más amplia para reconfigurar el equilibrio de poder global y limitar la influencia de actores hostiles a los intereses estadounidenses.

Una relación personal como activo político

En su mensaje, Trump puso especial énfasis en su relación personal con Xi Jinping, a la que calificó de “extremadamente buena”. “Ambos entendemos lo importante que es mantenerla”, escribió, sugiriendo que la diplomacia personal puede ser un factor decisivo para desbloquear acuerdos complejos.

Este enfoque ha sido una constante en el estilo diplomático de Trump, que apuesta por el contacto directo entre líderes como vía para superar bloqueos institucionales y acelerar decisiones estratégicas.

Reacciones y lectura internacional

Los mercados y los analistas han recibido el anuncio con cautela. Mientras algunos ven en la llamada un posible primer paso hacia una estabilización de las relaciones, otros recuerdan que las tensiones estructurales entre Estados Unidos y China siguen intactas, especialmente en tecnología, defensa y control de cadenas de suministro.

La experiencia de años anteriores demuestra que los gestos positivos no siempre se traducen en acuerdos duraderos, pero sí pueden reducir la volatilidad política y económica a corto plazo.

Si el tono de la conversación se mantiene, no se descarta la celebración de nuevos contactos de alto nivel o incluso una futura reunión presencial entre Trump y Xi. Un avance en comercio o energía podría tener efectos inmediatos en los mercados globales y en la inflación.

Por ahora, la llamada deja un mensaje claro: pese a la rivalidad estratégica, Estados Unidos y China siguen necesitando canales de diálogo. Y, al menos según Trump, la voluntad política para mantenerlos abiertos sigue existiendo.