Trump cierra la puerta a negociar con Irán en plena ofensiva

Trump

El presidente estadounidense exige a Teherán una propuesta «significativa» mientras la campaña militar eleva el riesgo sobre el petróleo y las rutas comerciales.

Estados Unidos ha completado diez noches consecutivas de ataques contra Irán, pero Donald Trump descarta por ahora una reapertura formal de las negociaciones. El presidente sostiene que Teherán busca desesperadamente un encuentro después de haber sufrido graves daños militares y económicos.

La declaración, realizada este martes junto al presidente libanés Joseph Aoun en el Despacho Oval, endurece la posición de Washington en un momento especialmente delicado. Las explosiones registradas en Sirik, Bandar Abbas, la isla de Qeshm, Shiraz e Isfahán confirman que la ofensiva continúa ampliando su radio de acción.

La diplomacia queda subordinada al resultado militar. Y esa estrategia amenaza con prolongar una guerra que ya golpea las rutas energéticas, eleva el coste del petróleo y extiende la inestabilidad por todo Oriente Próximo.

Una puerta cerrada desde Washington

Trump asegura que Irán «quiere desesperadamente» reunirse con Estados Unidos porque sus capacidades están siendo destruidas. Sin embargo, ha condicionado cualquier contacto a que Teherán acuda con una propuesta que Washington considere verdaderamente sustancial.

La posición supone algo más que una negativa coyuntural. Estados Unidos pretende negociar únicamente después de alterar por la fuerza el equilibrio estratégico, reduciendo el margen militar iraní y obligando al régimen a aceptar condiciones que antes rechazaba.

El problema es que esta doctrina también elimina incentivos para una desescalada inmediata. Mientras Washington interpreta los ataques como un instrumento de presión, Teherán puede considerar que sentarse ahora equivaldría a reconocer una derrota.

Diez noches de ofensiva

La campaña estadounidense ha alcanzado instalaciones y enclaves situados en distintas zonas del territorio iraní. Los últimos ataques se producen después del colapso de los intentos de alto el fuego y en medio de una pugna por el control efectivo del estrecho de Ormuz.

Irán conserva capacidad para responder mediante misiles, drones y ataques contra infraestructuras regionales. Cerca de 100 militares estadounidenses han resultado heridos durante las últimas semanas, aunque el Pentágono sostiene que la mayoría sufrió lesiones leves y pudo regresar al servicio.

Lo más grave es que la superioridad aérea estadounidense todavía no se ha traducido en un desenlace político. Destruir objetivos resulta más sencillo que construir una salida estable.

El petróleo vuelve al centro

La consecuencia económica es clara. El estrecho de Ormuz, por donde tradicionalmente ha transitado alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo, continúa condicionado por los ataques, las amenazas y la paralización de parte del tráfico marítimo.

El Brent ha superado los 88 dólares por barril, mientras el precio medio de la gasolina estadounidense se aproxima a los cuatro dólares por galón. La tensión ya no es exclusivamente militar: se está trasladando a la inflación, al transporte y a los costes industriales.

Una guerra prolongada podría volver a encarecer la energía europea y deteriorar las expectativas de crecimiento de las principales economías importadoras.

Irán aún conserva capacidad de respuesta

La ofensiva ha debilitado instalaciones iraníes, pero no ha eliminado la capacidad de Teherán para interrumpir rutas estratégicas. Un nuevo petrolero fue atacado en Ormuz y su tripulación tuvo que abandonar el buque, una señal de que la seguridad marítima continúa lejos de estar garantizada.

Además, los ataques iraníes contra posiciones estadounidenses y países aliados amplían el coste político para Trump. Al menos 17 militares de Estados Unidos han muerto desde febrero, según el balance difundido durante la escalada.

Este hecho revela la principal vulnerabilidad de Washington: puede multiplicar los bombardeos, pero no controlar todas las respuestas asimétricas de Irán.

Los mediadores buscan una tregua

Qatar, Egipto, Pakistán y Omán trabajan en una propuesta de alto el fuego de diez días que permitiría abrir nuevas conversaciones y facilitar el tránsito por Ormuz. Ninguna de las partes ha aceptado todavía el planteamiento.

Trump parece convencido de que el tiempo juega a favor de Estados Unidos. Los mediadores, por el contrario, temen que cada jornada de ataques dificulte más cualquier acuerdo y aumente el riesgo de un error de cálculo.

La diplomacia permanece activa, pero su margen se estrecha a medida que la campaña militar se intensifica y las represalias alcanzan nuevos objetivos.

El efecto dominó regional

La reunión con Joseph Aoun no fue casual. Líbano intenta conseguir la retirada israelí del sur del país, reforzar el control del Ejército libanés y avanzar hacia el desarme de Hizbulá. La guerra con Irán condiciona directamente ese proceso.

También los hutíes han amenazado con extender la presión sobre el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb, otra arteria esencial para el comercio internacional. Un bloqueo simultáneo en ambas rutas provocaría retrasos, mayores primas de seguro y un encarecimiento generalizado del transporte marítimo.

El diagnóstico es inequívoco: cuanto más tarde llegue una negociación real, mayor será la factura económica y estratégica, incluso para quienes hoy creen estar ganando la guerra.