Trump quiso cobrar por Ormuz y el Golfo le obligó a recular
Donald Trump ha retirado su propuesta de cobrar una tasa del 20% a los buques comerciales que atravesaran el Estrecho de Ormuz bajo protección estadounidense. El presidente anunció el cambio el 14 de julio de 2026, menos de un día después de presentar una iniciativa que había provocado inquietud entre los aliados del Golfo y fuertes dudas sobre su aplicación.
La Casa Blanca optará ahora por negociar acuerdos de inversión y comercio con los países de Oriente Medio. El giro reduce una fuente adicional de incertidumbre en una ruta por la que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.
La propuesta inicial planteaba que Estados Unidos recibiera una compensación equivalente al 20% del valor de la carga transportada por los barcos que cruzaran Ormuz. Washington justificaba el cobro por el coste de mantener la seguridad marítima en una zona sometida a una creciente tensión militar.
Sin embargo, Trump dio marcha atrás después de mantener lo que describió como conversaciones productivas con dirigentes de Oriente Medio. La rapidez de la rectificación revela la extraordinaria sensibilidad económica del estrecho, donde cualquier decisión unilateral puede trasladarse inmediatamente al petróleo, al transporte marítimo y a los seguros.
El coste de gravar Ormuz
Aplicar una tasa porcentual sobre toda la carga habría introducido una barrera económica sin precedentes en uno de los principales corredores energéticos del planeta. El impacto no habría recaído únicamente sobre los exportadores del Golfo, sino también sobre refinerías, navieras, industrias y consumidores internacionales.
Lo más grave era el efecto acumulativo. Al precio del crudo se habrían añadido el peaje, el encarecimiento de los seguros y la prima de riesgo geopolítico. La consecuencia podía haber sido una subida general de los costes energéticos justo cuando numerosas economías intentan estabilizar la inflación.
Los mercados reciben la rectificación
El petróleo reaccionó con alivio parcial. El West Texas Intermediate cerró con un avance del 1,5%, hasta los 79,34 dólares por barril, mientras el Brent subió un 1,7%, hasta los 84,73 dólares. Ambos habían alcanzado niveles superiores durante la sesión, antes de conocerse que el proyecto sería retirado.
El comportamiento demuestra que el mercado continúa preocupado por el conflicto regional, pero también que la eliminación del peaje evitó añadir un coste artificial al suministro. Trump no resolvió la crisis de Ormuz, pero sí retiró uno de los factores que podían amplificarla.
Los aliados ganan margen
Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Kuwait mantienen una relación estratégica con Washington, pero dependen de la estabilidad del Estrecho de Ormuz para proteger sus exportaciones y sus planes de crecimiento.
Funcionarios de la región reconocieron que el anuncio inicial les había sorprendido. La retirada permite recuperar margen diplomático y evita obligar a estos países a elegir entre respaldar la presencia militar estadounidense o aceptar un gravamen potencialmente perjudicial para sus propios ingresos. La cooperación conserva así un carácter negociado, no tributario.
De los peajes a la inversión
Trump pretende sustituir el cobro directo por nuevos acuerdos comerciales y compromisos de inversión en Estados Unidos. Los países del Golfo ya habían anunciado proyectos por valor de más de dos billones de dólares, aunque muchas de esas cantidades corresponden a planes de ejecución futura.
El nuevo enfoque resulta económicamente más defendible. En lugar de penalizar el tránsito internacional, Washington buscará convertir su influencia militar y diplomática en capital, contratos y actividad empresarial. La rectificación transforma una amenaza de coste inmediato en una negociación con posibles beneficios a largo plazo.
La legalidad era el gran obstáculo
La viabilidad jurídica del peaje era uno de sus puntos más débiles. Ormuz es una vía marítima internacional y Estados Unidos había rechazado anteriormente que Irán pudiera imponer tasas por atravesarla. Cobrar ahora una tarifa propia habría debilitado esa posición y creado un precedente difícil de controlar.
También existían problemas prácticos: determinar qué cargas debían pagar, cómo se calcularía su valor y qué ocurriría con los buques que rechazaran el cobro. Una medida concebida para demostrar autoridad podía terminar generando más disputas que ingresos.
La retirada del peaje no elimina la confrontación con Irán ni garantiza la normalización del tráfico marítimo. Estados Unidos mantiene la presión sobre Teherán y la región continúa expuesta a incidentes militares capaces de alterar el suministro energético.
Sí representa, no obstante, una corrección relevante. Washington evita agravar el precio del crudo, preserva la cooperación con sus aliados y apuesta por acuerdos de inversión más previsibles. En un enclave donde una decisión precipitada puede afectar a toda la economía mundial, rectificar también constituye una forma de estabilidad.