El presidente de EE.UU. se alía con el gobernador de Luisiana para intervenir en el Ártico alegando falta de atención sanitaria en la isla danesa
Donald Trump ha dado un paso más en su ambición por consolidar la influencia de Estados Unidos sobre Groenlandia mediante una maniobra que mezcla la asistencia humanitaria con la alta estrategia geopolítica. En colaboración con el gobernador de Luisiana, Jeff Landry, el mandatario ha anunciado el envío inminente de un buque hospital a la isla autónoma danesa bajo el pretexto de atender una supuesta crisis sanitaria desatendida por Copenhague. Esta maniobra, revelada a través de su plataforma Truth Social, se produce apenas semanas después de que Trump sugiriera en el Foro Económico Mundial de Davos haber alcanzado un pacto estratégico con el secretario general de la OTAN sobre el control del Ártico. Lo que se presenta como una misión de misericordia es, en realidad, un movimiento de ajedrez diplomático que sitúa a la soberanía de Dinamarca en una posición de extrema vulnerabilidad.
El origen de la ineficiencia percibida
La justificación oficial de la Casa Blanca para este despliegue se basa en una narrativa de abandono institucional. Según Trump, existe una gran cantidad de personas en Groenlandia que están "enfermas y no están siendo atendidas" por el sistema de salud danés. Este hecho revela una táctica clásica de la administración Trump: identificar una ineficiencia en un territorio de interés estratégico para justificar una intervención externa. Al cuestionar la capacidad de Copenhague para gestionar el bienestar de sus 56.000 habitantes, Washington está, de facto, cuestionando la legitimidad de la administración danesa sobre el territorio ártico.
Sin embargo, el diagnóstico de los observadores internacionales es mucho más cínico. Groenlandia posee un sistema sanitario financiado públicamente que, si bien enfrenta los retos lógicos de la dispersión geográfica, no ha solicitado ayuda internacional. La consecuencia es clara: el uso de un buque hospital actúa como un «caballo de Troya» de poder blando. Al desplegar servicios médicos bajo bandera estadounidense, Trump busca ganarse la lealtad de la población local y establecer una presencia física permanente en una región donde la competencia por los recursos naturales y las nuevas rutas comerciales se ha vuelto encarnizada.
Red, white and blue lanterns and lights are seen on the North Portico of the White House during the Fourth of July Celebration, Thursday, July 4, 2024. (Official White House Photo by Oliver Contreras)
Un despliegue con sello de Luisiana
La alianza con el gobernador Jeff Landry añade una capa de interés industrial y doméstico a la operación. Luisiana, un estado con una potente industria de construcción naval y logística, se perfila como el centro de operaciones para el equipamiento y mantenimiento de este buque hospital. Este hecho revela un intento de Trump por movilizar el tejido productivo de estados leales a su causa para ejecutar políticas exteriores que, de otro modo, encontrarían mayores trabas burocráticas en el Pentágono. La colaboración con Landry sugiere que el buque podría ser una unidad civil-militar adaptada, lo que permitiría eludir ciertas restricciones del Congreso sobre el despliegue de activos de la Marina.
Lo más grave para la diplomacia europea es la opacidad con la que se ha gestado esta colaboración estatal. «No estamos solo enviando medicinas; estamos enviando una declaración de intenciones sobre quién es el verdadero protector del Ártico», señalan fuentes cercanas al entorno del gobernador de Luisiana. La participación de Landry asegura que el coste de la misión, que se estima en más de 2,4 millones de dólares diarios operando a plena capacidad, sea vendido a la opinión pública estadounidense como una inversión en empleos y capacidades industriales dentro de sus propias fronteras, reforzando la narrativa del "America First".
El pacto secreto de Davos y la OTAN
La clave de este despliegue sanitario reside en lo que ocurrió durante el último Foro Económico Mundial. Trump, que en 2019 fue ridiculizado por su propuesta de comprar Groenlandia, parece haber cambiado de táctica tras su encuentro en Davos con el secretario general de la OTAN. Según el mandatario, ambos habrían llegado a un acuerdo sobre el papel de la isla en la defensa del Atlántico Norte. Este hecho revela que Estados Unidos ha decidido que Groenlandia es una pieza demasiado valiosa para dejarla exclusivamente en manos de una Dinamarca que, a ojos de Washington, no invierte lo suficiente en defensa ártica.
La consecuencia es una redefinición del papel de la OTAN en la región. Al enviar un buque hospital, Trump está estableciendo una infraestructura que puede ser reconvertida rápidamente en una base de apoyo logístico para operaciones militares. El diagnóstico es inequívoco: Washington está aplicando una doctrina de presencia constante para disuadir la creciente influencia de Rusia y China en el Ártico, donde se estima que se encuentra el 25% de las reservas mundiales de hidrocarburos aún por descubrir. El buque hospital es la punta de lanza de una militarización encubierta bajo el paraguas de la OTAN.
EP_TRUMP_DAVOS
Los datos que nadie quiere ver: el coste del despliegue
Operar un buque de estas características, similar a la clase Mercy o Comfort de la Marina estadounidense, conlleva una carga financiera que el presupuesto de Luisiana no podría soportar de forma aislada. Un despliegue de 150 días en las gélidas aguas de Groenlandia supondría un coste operativo directo superior a los 360 millones de dólares, sin contar el equipamiento médico de alta tecnología y el personal especializado. Este hecho revela que existe una financiación federal encubierta o un acuerdo con grandes contratistas de defensa que ven en Groenlandia el nuevo mercado emergente de la seguridad nacional.
Además, el impacto económico sobre la isla podría ser disruptivo. Al ofrecer servicios médicos gratuitos y masivos, el buque estadounidense podría desestabilizar la planificación sanitaria local, creando una dependencia de la ayuda externa que Washington podría utilizar como palanca en futuras negociaciones sobre derechos de minería. Groenlandia alberga las mayores reservas de tierras raras fuera de China, y el control sobre la salud de su población es, para Trump, un paso previo necesario para el control sobre sus recursos minerales. El contraste con la ayuda tradicional al desarrollo resulta demoledor: aquí el paciente es el territorio y la medicina es la influencia política.
Del deseo de compra al "soft power" sanitario
La evolución de la postura de Trump respecto a Groenlandia muestra un aprendizaje estratégico. Si en su primer mandato el intento de compra directa provocó un conflicto diplomático con la reina Margarita II, ahora el enfoque es mucho más sutil y difícil de rechazar. Rechazar un buque hospital que ofrece cuidar a los enfermos es una decisión políticamente costosa para cualquier gobierno. Este hecho revela que la administración Trump ha pasado de la "diplomacia del talonario" a la "diplomacia de la bata blanca", una forma de intervencionismo que Copenhague difícilmente puede calificar de hostil sin parecer insensible.
Sin embargo, el objetivo último sigue siendo el mismo: la integración de Groenlandia en la esfera de seguridad económica de Estados Unidos. La consecuencia de este despliegue será un aumento de la presión sobre el gobierno autónomo de Nuuk para que facilite la apertura de nuevas instalaciones estadounidenses en la isla. El diagnóstico es claro: Trump está construyendo una relación de patronazgo. Al señalar que la gente "no está siendo cuidada allí", está preparando el terreno para una oferta de asociación que podría incluir la gestión conjunta de infraestructuras críticas, vaciando de contenido la soberanía danesa de forma progresiva.
El efecto dominó que viene en el Ártico
La presencia de un buque hospital estadounidense en aguas groenlandesas tendrá una respuesta inmediata por parte de Moscú. Rusia, que ha reabierto más de 50 bases militares en el Ártico desde 2015, verá este movimiento como una provocación directa a su hegemonía en la Ruta del Mar del Norte. La consecuencia es clara: el Ártico se encamina hacia una carrera de infraestructuras donde cada "gesto humanitario" será respondido con un despliegue de seguridad mayor. Este hecho revela que Groenlandia es hoy el epicentro de una nueva Guerra Fría donde el control de los hielos es sinónimo de control sobre el futuro comercio global.
Por otro lado, China, que se autodefine como un "estado casi ártico", también vigila con recelo esta intervención. Pekín ha intentado en varias ocasiones invertir en aeropuertos y minas en Groenlandia, siendo bloqueado sistemáticamente por las presiones de Washington a Dinamarca. Al desplegar el buque hospital, Trump está enviando un mensaje nítido a Pekín: Groenlandia está bajo el paraguas de seguridad estadounidense, y cualquier necesidad, ya sea sanitaria, económica o militar, será satisfecha por la administración de Luisiana o por la Casa Blanca, cerrando la puerta a la inversión china.
Qué puede pasar ahora: la soberanía danesa bajo asedio
La respuesta de Copenhague será determinante para el equilibrio de poder en Europa del Norte. Dinamarca se encuentra en una encrucijada imposible: aceptar el buque y admitir tácitamente su fracaso en la gestión de la isla, o rechazarlo y enfrentarse a la furia de un Trump que no duda en imponer aranceles o retirar apoyo militar a los aliados que no se alinean con sus deseos. Este hecho revela la debilidad de las medianas potencias europeas ante el unilateralismo de Washington. La consecuencia es una erosión de la cohesión interna en el Reino de Dinamarca, donde los sectores pro-independentistas groenlandeses podrían ver en Trump un aliado más útil que en la metrópoli danesa.
El escenario futuro apunta a una "americanización" acelerada de Groenlandia. Con la apertura de consulados, el despliegue de buques hospitales y la posible construcción de bases de la OTAN, la isla dejará de ser una autonomía danesa para convertirse en un protectorado estadounidense de facto. El diagnóstico es que Trump está ejecutando una adquisición por partes. La soberanía, en el siglo XXI, no se compra con un cheque único, sino que se diluye a través de la prestación de servicios esenciales y la integración en redes de defensa extranjeras. El buque hospital de Luisiana es solo el primer diagnóstico de una operación quirúrgica mayor.
El retorno del Destino Manifiesto
La historia nos enseña que Estados Unidos siempre ha considerado el control del continente americano y sus adyacencias como un imperativo vital. Desde la Doctrina Monroe hasta la compra de Alaska en 1867 por 7,2 millones de dólares, la expansión hacia el norte ha sido una constante. Lo que estamos presenciando con Groenlandia es el retorno del "Destino Manifiesto" adaptado a la era del cambio climático y la escasez de recursos. Este hecho revela que Trump no es una anomalía, sino el ejecutor de una ambición geopolítica profundamente arraigada en el pensamiento estratégico estadounidense.
El envío del buque hospital a Groenlandia es una obra maestra de cinismo político y eficacia estratégica. Al disfrazar el control territorial de ayuda humanitaria, Trump ha encontrado la fórmula para intervenir en el Ártico sin disparar una sola bala ni enfrentar una sanción internacional. El poder mundial se está redibujando sobre el hielo, y mientras Europa se pierde en debates burocráticos, Estados Unidos ha decidido que el futuro de la seguridad global pasa por cuidar —a su manera— de los enfermos en Groenlandia.