Trump exige a Arabia Saudí reconocer a Israel para aprobar su plan nuclear

Donald Trump

El presidente de Estados Unidos vincula la aprobación de un acuerdo civil de 30 años y decenas de miles de millones a la adhesión de Riad a los Acuerdos de Abraham.

Donald Trump ha convertido el futuro nuclear de Arabia Saudí en una pieza central de su estrategia para Oriente Próximo. El presidente estadounidense anunció este jueves que el acuerdo de cooperación atómica con Riad solo recibirá la aprobación definitiva si el reino se suma a los Acuerdos de Abraham y normaliza sus relaciones con Israel.

El pacto, firmado el 22 de julio de 2026, tiene una vigencia prevista de 30 años y podría movilizar decenas de miles de millones de dólares. Sin embargo, las dudas sobre el enriquecimiento de uranio, la supervisión internacional y el equilibrio regional amenazan con convertir la operación comercial en una batalla política de primer orden.

La condición impuesta por Trump

Trump aseguró en Truth Social que el programa se limitará a usos civiles y que «no habrá enriquecimiento de material». También sostuvo que Estados Unidos no se opone a las instalaciones nucleares civiles siempre que no permitan desarrollar combustible susceptible de desviarse hacia fines militares.

La exigencia política resulta inequívoca: Riad deberá integrarse en los Acuerdos de Abraham, la arquitectura diplomática impulsada durante el primer mandato de Trump para normalizar las relaciones entre Israel y varios países árabes.

La Casa Blanca transforma así una autorización tecnológica en una herramienta de presión diplomática. El reactor es el incentivo; el reconocimiento de Israel, la contrapartida.

Un pacto de 30 años

El acuerdo fue rubricado por el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y el ministro saudí de Energía, Abdulaziz bin Salman. Se articula como un denominado Acuerdo 123, el marco exigido por la legislación norteamericana para transferir tecnología, materiales y conocimientos nucleares a otro país.

La alianza pretende facilitar la construcción de centrales con tecnología estadounidense y abrir un mercado multimillonario para compañías como Westinghouse. Al mismo tiempo, Washington busca impedir que China o Rusia ocupen una posición estratégica dentro del programa energético saudí.

La contradicción del enriquecimiento

La afirmación de Trump sobre la prohibición absoluta del enriquecimiento choca con las primeras interpretaciones del texto. Diversas informaciones apuntan a que el acuerdo podría dejar abierta esa posibilidad, condicionada a estudios conjuntos y a instalaciones sometidas a controles específicos.

Lo más grave es que Arabia Saudí no habría aceptado el llamado «estándar de oro», aplicado al pacto firmado con Emiratos Árabes Unidos. Aquel modelo prohibía expresamente enriquecer uranio y reprocesar combustible gastado.

La diferencia no es menor. El enriquecimiento puede utilizarse para producir combustible civil, pero constituye también uno de los pasos tecnológicos esenciales para fabricar un arma nuclear.

El precedente de Irán

La operación llega en plena confrontación entre Washington y Teherán por el programa nuclear iraní. El contraste resulta especialmente delicado: Estados Unidos exige impedir que Irán domine el ciclo del combustible mientras abre la puerta a una cooperación avanzada con su principal rival regional.

El príncipe heredero Mohamed bin Salman ha advertido anteriormente de que Arabia Saudí buscaría disponer de un arma nuclear si Irán consiguiera desarrollar la suya. Esa declaración explica la preocupación de los expertos en no proliferación y de una parte del Congreso estadounidense.

Una cláusula ambigua podría desencadenar una carrera tecnológica entre las dos grandes potencias del Golfo.

Israel entra en la negociación

Los Acuerdos de Abraham permitieron desde 2020 que Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán avanzaran en la normalización de relaciones con Israel. La incorporación de Arabia Saudí sería, sin embargo, el mayor éxito diplomático de este marco por el peso económico, religioso y geopolítico del reino.

Riad ha condicionado tradicionalmente ese reconocimiento a avances tangibles en la cuestión palestina. Trump intenta alterar ese cálculo mediante una oferta difícil de ignorar: acceso a tecnología nuclear estadounidense, inversiones industriales y una relación estratégica reforzada.

Este hecho revela que el pacto energético nunca ha sido exclusivamente energético.

La batalla en el Congreso

El acuerdo deberá ser examinado por el Congreso, donde los riesgos de proliferación pueden provocar resistencias. Los legisladores tendrán que determinar si las garantías anunciadas son suficientes y si el sistema de inspecciones permite verificar que el programa mantiene una finalidad exclusivamente civil.

Bloquear un Acuerdo 123 exige, no obstante, una mayoría política difícil de alcanzar si la Casa Blanca mantiene el respaldo republicano. El diagnóstico es claro: la negociación se decidirá tanto en Washington como en Riad.

Trump ha unido en una sola operación energía, negocio, seguridad e Israel. Si Arabia Saudí acepta, el mapa diplomático de Oriente Próximo cambiará. Si rechaza la condición, el multimillonario proyecto nuclear quedará atrapado antes de comenzar.