EE.UU.

Trump se gasta 50 millones para evitar que Abdul gane unas primarias demócratas en Michigan

Abdul El Sayed.

Abdul El-Sayed llega a los últimos días de las primarias demócratas de Michigan con una ventaja inesperadamente amplia. El médico y epidemiólogo obtiene el 54% de los apoyos, frente al 39% de la congresista Haley Stevens, según la última encuesta de Emerson College.

El dato desmonta, al menos provisionalmente, una de las reglas más arraigadas de la política estadounidense: que una avalancha de dinero puede sepultar a cualquier candidato incómodo. Grupos externos han invertido decenas de millones para impulsar a Stevens y frenar a El-Sayed. No está funcionando.

Quince puntos a cuatro días

La encuesta publicada el 30 de julio deja a El-Sayed 15 puntos por delante, con apenas un 6% de indecisos. Al incluir la inclinación de estos votantes, la diferencia aumenta hasta el 57% frente al 41%.

La brecha generacional resulta todavía más contundente. Entre los menores de 50 años, El-Sayed alcanza el 67%, mientras Stevens se queda en el 25%. La congresista sólo recupera la ventaja entre los mayores de 60 años. Las urnas se abren el 4 de agosto, aunque el voto anticipado comenzó el 25 de julio.

Una ofensiva financiera récord

La batalla ha pulverizado los registros de gasto externo en unas primarias demócratas. La campaña de El-Sayed calcula que los grupos favorables a Stevens se aproximan a los 60 millones de dólares. Associated Press sitúa en casi 30 millones la intervención de AIPAC y sus organizaciones vinculadas.

Los registros de la Comisión Electoral Federal confirman desembolsos millonarios en publicidad, correo directo y campañas digitales para apoyar a Stevens o atacar a su rival. Sólo United Democracy Project, vinculado a AIPAC, acumulaba cerca de 15 millones de dólares a comienzos de julio.

El dinero sigue condicionando la campaña, pero ya no controla necesariamente su desenlace.

Sanders contra Whitmer

Las primarias representan también una guerra interna por la dirección del Partido Demócrata. Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib respaldan a El-Sayed. La gobernadora Gretchen Whitmer y buena parte del aparato estatal apoyan a Stevens.

La disputa enfrenta dos estrategias. Stevens se presenta como una legisladora experimentada, vinculada a la industria y con capacidad para ganar al republicano Mike Rogers en noviembre. El-Sayed sostiene que el partido sólo recuperará a la clase trabajadora si rompe con los grandes donantes.

«Este es un enfrentamiento entre el poder del dinero y el poder de la mayoría», repite el candidato.

La sanidad como gran arma

El-Sayed no procede únicamente del activismo. Es médico, epidemiólogo y antiguo responsable de salud pública en Detroit y el condado de Wayne, donde gestionó servicios para alrededor de 1,8 millones de habitantes.

Su principal propuesta es Medicare para todos: cobertura sanitaria universal sin primas, copagos ni franquicias. También plantea eliminar la deuda médica, ampliar la protección sindical, elevar los salarios y aumentar la presión fiscal sobre las grandes fortunas. Estados Unidos acumula más de 225.000 millones de dólares en deuda sanitaria, según los datos citados por su programa.

La consecuencia es clara: El-Sayed convierte una discusión ideológica en una factura doméstica reconocible.

Israel divide a los demócratas

La otra gran fractura está en la política exterior. El-Sayed reclama detener la ayuda militar al Gobierno de Benjamín Netanyahu y cuestiona que miles de millones de dólares salgan al extranjero mientras numerosas familias estadounidenses se endeudan para recibir tratamiento médico.

Stevens defiende la relación con Israel, aunque intenta centrar su campaña en industria, empleo y competitividad. El extraordinario gasto de AIPAC ha impedido separar ambos debates: cada anuncio financiado contra El-Sayed refuerza su argumento de que los grandes intereses intentan comprar el escaño.

Trump no ha reaccionado

El relato viral presenta a Donald Trump como «desesperado» ante el ascenso del candidato. Sin embargo, no consta una reacción pública específica del presidente sobre la última encuesta de Michigan.

La amenaza para los republicanos es más indirecta. Michigan es un estado decisivo y el escaño queda vacante por la retirada del senador Gary Peters. Quien gane las primarias deberá enfrentarse previsiblemente a Mike Rogers en una contienda capaz de influir en el control del Senado.

El-Sayed tendrá que demostrar que su fuerza entre los demócratas jóvenes puede trasladarse al electorado moderado e independiente.

El dinero pierde su garantía

Una victoria de El-Sayed no supondría el final del poder financiero en Washington. Los super-PAC conservarían una capacidad extraordinaria para saturar las pantallas, definir candidatos y castigar cualquier desviación respecto a sus intereses.

Pero dejaría un precedente difícil de ignorar. Una campaña progresista podría derrotar una ventaja económica de decenas de millones en uno de los estados más importantes del país.

Michigan no decidirá únicamente quién aparece en la papeleta de noviembre. Decidirá si el Partido Demócrata continúa confiando en sus grandes financiadores o empieza a creer que la movilización, el mensaje económico y el hartazgo pueden pesar más que el cheque.