Trump sacude Davos y dispara el oro a 4.717 dólares
La edición europea de los mercados amanece con un mensaje claro: el riesgo político vuelve a mandar sobre los fundamentales. La presencia de Donald Trump en Davos y su agenda de “realismo agresivo” han eclipsado cualquier otro foco, desde la inflación alemana hasta las decisiones del Banco Popular de China. El presidente estadounidense ha vuelto a vincular su ambición sobre Groenlandia con la imposición de aranceles de hasta el 25% a las exportaciones europeas, una combinación que ha disparado al oro por encima de los 4.717 dólares la onza y ha encendido las alarmas en las cancillerías de la UE. Al mismo tiempo, la volatilidad repunta, el bitcoin corrige y los índices bursátiles corrigen de forma contenida. La pregunta ya no es si habrá choque comercial, sino qué capacidad real tiene Europa para responder sin agravar su propia desaceleración.
Trump convierte Davos en un campo de batalla arancelario
La intervención de Donald Trump en el Foro Económico Mundial se ha convertido en el auténtico termómetro del nuevo ciclo geopolítico. El presidente ha llegado a Suiza dejando caer que está dispuesto a activar aranceles “en semanas, no en meses” si la UE no cede en la disputa por Groenlandia. El aviso afecta especialmente a la industria automovilística alemana, a los bienes de lujo franceses y a los equipos industriales italianos, tres de los sectores más expuestos al mercado estadounidense.
En Bruselas, las capitales han optado por una estrategia de contención: ni ruptura abierta ni gesto de debilidad. Sin embargo, el margen político es estrecho. Un nuevo paquete arancelario pondría en cuestión el frágil rebote de la zona euro, que aún arrastra un crecimiento por debajo del 1% y una producción industrial estancada. Diplomáticos comunitarios admiten en privado que el objetivo en Davos es “ganar tiempo” y evitar que Trump salga del foro con la sensación de que Europa es un objetivo fácil en año de tensiones comerciales múltiples.
“La UE no puede permitirse responder desde la visceralidad, pero tampoco puede aceptar que Groenlandia se convierta en moneda de cambio de la relación transatlántica”, resume un alto funcionario europeo desplazado a Davos.
Groenlandia como moneda de cambio y amenaza del 25%
La cuestión de Groenlandia, que hace años se interpretaba como una excentricidad trumpista, se ha transformado en un vector de presión estratégica. Washington vincula ahora su reclamación a compromisos de defensa en el Ártico y a la explotación de recursos críticos como tierras raras y gas. Sobre esa base, la Casa Blanca amenaza con aranceles de hasta el 25% a “varios países europeos”, sin detallar cuáles, lo que multiplica la incertidumbre regulatoria para empresas y mercados.
El mero anuncio ya ha tenido efectos financieros tangibles. Las primas de riesgo de algunos países periféricos han repuntado varios puntos básicos ante el temor a una caída de exportaciones, mientras que sectores cíclicos como automoción y siderurgia presentan recortes superiores al mercado. El contraste con la respuesta europea resulta evidente: mientras Washington habla de porcentajes concretos y plazos cortos, la UE solo ha avanzado la posibilidad de “contramedidas proporcionadas” y el anuncio de una cumbre extraordinaria para definir su postura.
Lo más llamativo ha sido el ataque directo de Trump a Emmanuel Macron, al que ha amenazado en tono jocoso con aranceles del 200% al vino y al champán si Francia lidera la resistencia. El episodio revela hasta qué punto la diplomacia económica ha cedido terreno a la política de gestos y humillaciones públicas, con efectos difíciles de medir sobre la confianza inversora en el proyecto europeo.
Una Junta de Paz cuestionada antes de nacer
En paralelo a la ofensiva arancelaria, Trump ha desembarcado en Davos con otro instrumento de poder blando: su llamada Junta de Paz para la reconstrucción de Gaza. El órgano, concebido como un club de países y grandes empresas, exige una aportación de 1.000 millones de dólares para ser miembro permanente y otorga amplios poderes de decisión a la presidencia estadounidense. Sobre el papel, se trata de coordinar proyectos de infraestructuras y ayudas humanitarias; en la práctica, muchos gobiernos lo leen como un intento de rivalizar con Naciones Unidas y reforzar la influencia de Washington en Oriente Medio.
La composición propuesta ha encendido las alarmas. Europa mantiene una prudente distancia, Israel rechaza la iniciativa y los aliados del Kremlin la celebran tras confirmarse la invitación formal a Vladímir Putin. La presencia del líder ruso en un órgano impulsado por Estados Unidos para supervisar la reconstrucción de Gaza introduce una paradoja diplomática difícil de gestionar para los socios europeos, que han aplicado sanciones masivas a Moscú.
“No está claro si hablamos de un mecanismo de paz o de una plataforma de poder geopolítico bajo otro nombre”, sintetiza un diplomático europeo. La consecuencia inmediata es un aumento de la percepción de riesgo político en Oriente Medio y en los mercados de energía, que observan con inquietud cómo las iniciativas de reconstrucción se solapan con las disputas por rutas marítimas y gasoductos.
Oro en máximos y VIX en alerta
El mercado ha elegido su refugio favorito: el oro. El metal precioso se dispara en la sesión europea hasta los 4.715-4.717 dólares la onza, un nuevo máximo histórico, con una subida diaria cercana al 1% y acumulando más de un 8% en lo que va de mes. El movimiento no responde a un dato macro concreto, sino a la combinación de tres factores: amenaza de guerra comercial, dudas sobre la arquitectura de seguridad en Oriente Medio y temor a decisiones imprevisibles de la Casa Blanca.
Los indicadores de riesgo acompañan esta lectura. El VIX, conocido como índice del miedo de Wall Street, repunta hasta 18,83 puntos, con un salto intradía del 18,6%, señal de que los inversores empiezan a pagar más por la protección frente a caídas en las bolsas estadounidenses. Mientras, el dólar retrocede ligeramente —el DXY se sitúa en torno a 98,7 puntos, un 0,3% menos—, reflejando que parte de los flujos defensivos se dirigen al oro y a la deuda soberana de máxima calidad.
Con este telón de fondo, los índices muestran descensos moderados pero significativos: el SPX cede un 0,06%, el NDX un 0,07% y el IBEX 35 se deja un 0,71%, penalizado por su exposición a banca y energía. El diagnóstico es inequívoco: el mercado no descuenta aún un choque inminente, pero ha activado el modo vigilancia máxima.
Alemania enfría los precios pero no los temores
Lejos de Davos, la estadística alemana aporta un dato que en otro contexto habría sido celebrado sin matices. La inflación de los precios al productor cayó un 2,5% interanual en diciembre, mientras que en términos mensuales el índice retrocedió un 0,2%, según Destatis. La mayor corrección se registra en la energía, con un desplome del 9,7% en un año, al tiempo que los bienes intermedios apenas suben un 0,3% y los bienes de capital repuntan un 2%.
A primera vista, estos números alivian la presión sobre el BCE, que ve cómo la parte más volátil de la inflación se desinfla sin necesidad de nuevos ajustes bruscos de tipos. Sin embargo, el reverso es menos alentador: una caída tan intensa de los precios industriales suele indicar debilidad de la demanda interna y externa, especialmente en sectores intensivos en energía como la química y el acero.
Para España y el resto de socios, la noticia es ambivalente. Un productor alemán con costes más bajos es un competidor más agresivo en los mercados globales, pero una Alemania atrapada en la semirecesión arrastra al conjunto de la eurozona. De ahí que muchos analistas interpreten este dato no como un signo de normalización, sino como confirmación de que Europa sigue más cerca del estancamiento que de una recuperación sólida.
China pisa el freno de los estímulos
Mientras Occidente debate sobre aranceles y conflictos, Pekín opta por la estabilidad. El Banco Popular de China ha decidido mantener sin cambios sus tasas de referencia por octavo mes consecutivo: la LPR a un año sigue en 3,0% y la de cinco años, clave para las hipotecas, permanece en 3,5%. La decisión coincide exactamente con lo esperado por el consenso de analistas, que ya asumía que las autoridades chinas preferirían una estrategia de estímulos quirúrgicos antes que un gran programa de expansión monetaria.
Este inmovilismo refleja la incomodidad de Pekín ante una recuperación desigual. Por un lado, la industria exportadora muestra cierta mejora gracias a la debilidad del yuan y a la reactivación parcial de la demanda global. Por otro, el sector inmobiliario sigue bajo fuerte presión, con promotoras endeudadas y un mercado residencial que no termina de absorber el stock acumulado. Bajar tipos de forma agresiva podría aliviar a las empresas, pero también alimentar nuevas burbujas y presionar aún más a la divisa.
El contraste con la Reserva Federal y el BCE es evidente: mientras en Occidente se debate cuándo empezarán los recortes de tipos, China ya opera en un entorno de tipos relativamente bajos, pero se ve forzada a administrar con extrema cautela cada movimiento para no desestabilizar un modelo de crecimiento en transición.
Europa, entre la recesión industrial y la guerra comercial
La combinación de estos factores dibuja un escenario incómodo para la Unión Europea. Por un lado, la caída de la inflación mayorista en Alemania y la contención de los precios de la energía —con el Brent en torno a 63,1 dólares y el WTI cerca de 59 dólares, ambos con descensos inferiores al 1%— ofrecen cierto respiro a hogares y empresas. Por otro, el aumento del riesgo político procedente de Washington amenaza con neutralizar este alivio mediante nuevos aranceles y tensiones diplomáticas.
Las capitales europeas ultiman una cumbre de emergencia para fijar una respuesta coordinada a la estrategia de Trump. Sobre la mesa figuran desde represalias comerciales selectivas hasta un refuerzo de los mecanismos de defensa frente a inversiones estratégicas no deseadas. Pero el tiempo corre en contra de Bruselas: cada día que pasa sin una señal clara de unidad refuerza la percepción de que la UE llega dividida y a la defensiva a la negociación con Estados Unidos.
La consecuencia es clara: si Europa no articula un relato propio sobre seguridad económica y política industrial, corre el riesgo de que sean otros —Washington, Pekín o Moscú— quienes definan los términos de la próxima década.
Lo que miran hoy los mercados
Más allá de Davos, la agenda macro del día llega cargada. Los inversores digieren las tasas del Banco Popular de China mientras esperan la tasa de desempleo del Reino Unido, el dato definitivo del IPP alemán, la cuenta corriente y la producción industrial de la eurozona y el indicador ZEW de sentimiento económico, expectativas y situación actual en Alemania. Al otro lado del Atlántico, el dato semanal de empleo de ADP ofrecerá nuevas pistas sobre la fortaleza del mercado laboral estadounidense.
En paralelo, se mantiene la incógnita sobre si la Corte Suprema de Estados Unidos decidirá pronunciarse hoy sobre la legalidad de los aranceles anunciados por Trump. Un respaldo explícito del alto tribunal reforzaría la capacidad del presidente para utilizar la política comercial como herramienta de presión geopolítica, mientras que un revés judicial obligaría a la Casa Blanca a recalibrar su estrategia en plena exhibición de poder en Davos.
En este contexto, el tablero de activos refleja un tono de aversión al riesgo: el bitcoin retrocede hasta los 91.135 dólares (-1,6%), las bolsas europeas cotizan en rojo moderado y solo el oro y algunos bonos soberanos se benefician del movimiento defensivo. A falta de un catalizador positivo, el realismo agresivo de Trump se ha impuesto como la narrativa dominante de la jornada.