Villamor: “Ucrania es un país que está completamente roto. La caída de Fedorov es un golpe brutal”
Ucrania afronta una de sus mayores crisis internas desde el comienzo de la invasión rusa.
La salida de la primera ministra Yulia Svyrydenko y la destitución del ministro de Defensa, Mijailo Fédorov, han abierto una fractura política en plena guerra.
Miles de ciudadanos han protestado contra la pérdida de uno de los principales impulsores de la innovación militar ucraniana.
Javier Villamor habla de un «golpe brutal» dentro del Gobierno, mientras Mikael Darbinyan advierte del riesgo de enfrentamientos entre facciones.
Sin embargo, la existencia de tensiones graves no demuestra que Ucrania esté al borde de una guerra civil ni de una desintegración similar a la siria.
Una remodelación que sacude Kiev
Svyrydenko presentó su dimisión el 12 de julio de 2026, dentro de la cuarta gran remodelación del Ejecutivo desde el inicio de la invasión a gran escala. El Parlamento nombró después primer ministro a Serhii Koretskyi, antiguo responsable de las empresas energéticas estatales Ukrnafta y Naftogaz.
La crisis se agravó con la destitución de Fédorov, antiguo ministro de Transformación Digital y responsable de Defensa desde comienzos de 2026. Su salida provocó manifestaciones en Kiev y otras ciudades.
Fédorov había adquirido popularidad por impulsar drones, sistemas digitales y reformas en las compras militares. Su enfrentamiento con el comandante en jefe, Oleksandr Sirski, evidenció una división entre quienes reclaman acelerar la modernización tecnológica y los sectores más tradicionales del Ejército.
El riesgo de una fractura militar
Darbinyan plantea que el choque entre distintas corrientes podría degenerar en violencia interna. Se trata de un escenario posible, pero por ahora no existe evidencia pública de unidades militares preparándose para enfrentarse entre sí.
Las protestas han sido políticas y Fédorov no ha llamado a desafiar al Gobierno. Tampoco puede confundirse una disputa sobre estrategia, mando o adquisiciones con el inicio de una guerra civil.
La comparación con Siria resulta especialmente delicada. Aquel país sufrió la ruptura de sus fuerzas armadas, la aparición de múltiples milicias y la intervención directa de varias potencias. Ucrania mantiene todavía instituciones estatales operativas, un Parlamento activo y una cadena de mando reconocida.
Corrupción bajo vigilancia
La corrupción continúa siendo una de las principales debilidades de Ucrania. El país obtuvo 36 puntos sobre 100 en el Índice de Percepción de la Corrupción de 2025 y ocupó el puesto 104 de 182 Estados. No obstante, mejoró un punto respecto al ejercicio anterior.
Estos datos justifican una vigilancia estricta sobre contratos, ayuda exterior y empresas públicas. Pero no demuestran que toda la asistencia occidental esté siendo desviada ni que la remodelación responda únicamente a intereses corruptos.
La corrupción es un problema estructural y verificable; la existencia de una conspiración coordinada entre élites ucranianas y europeas exigiría pruebas adicionales.
Una bomba demográfica
El deterioro poblacional representa una amenaza más profunda. Antes de la invasión, Ucrania tenía alrededor de 41 millones de habitantes. Algunas estimaciones situaban la población efectiva cerca de los 36 millones a finales de 2024, incluyendo millones de personas residentes en territorios ocupados.
La guerra ha acelerado la emigración, reducido los nacimientos y provocado una grave escasez laboral. Naciones Unidas calcula que 10,8 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria durante 2026.
Kiev estudia cómo recuperar trabajadores y atraer mano de obra para la reconstrucción, pero no existe un plan oficial confirmado para importar indiscriminadamente «millones de inmigrantes». La prioridad declarada sigue siendo facilitar el regreso de los refugiados.
Bruselas no excluye a la industria ucraniana
También requiere matices la afirmación de que la Unión Europea obliga a gastar toda su ayuda exclusivamente en fabricantes comunitarios.
El préstamo europeo de 90.000 millones de euros para 2026 y 2027 incluye 60.000 millones destinados a defensa. Solo en 2026, 28.300 millones apoyarán capacidades militares, incluidas adquisiciones de drones fabricados en Ucrania.
Bruselas y Kiev han firmado además una asociación industrial para integrar sus sectores de defensa y desarrollar conjuntamente tecnologías de drones y sistemas antidrones. La industria europea se beneficiará, pero Ucrania no queda automáticamente excluida del reparto.
El peligro real no reside en un colapso inmediato, sino en la acumulación: disputas políticas, escasez de soldados, corrupción, deterioro demográfico y dependencia financiera.
La reconstrucción costará cerca de 588.000 millones de dólares durante la próxima década, aproximadamente tres veces el PIB ucraniano de 2025.
Villamor y Darbinyan aciertan al señalar que Ucrania no puede sostenerse únicamente mediante una narrativa heroica. Sin embargo, convertir una crisis de Gobierno en la prueba de una desintegración inevitable sería adelantarse a los hechos.