Ucrania lanza 635 drones sobre Rusia y golpea su retaguardia
Moscú asegura haber neutralizado una de las mayores ofensivas aéreas de la guerra, aunque el ataque dejó dos muertos y daños en infraestructuras estratégicas de Saratov y Samara.
Rusia afirmó este domingo haber interceptado y destruido 635 drones ucranianos en una sola noche, una cifra sin precedentes recientes que evidencia el creciente alcance de la campaña aérea de Kiev. Los aparatos fueron detectados sobre más de una docena de regiones rusas y en las aguas de los mares Negro y de Azov.
Pese al elevado número de interceptaciones comunicado por Moscú, el ataque dejó dos muertos en la región de Saratov y daños en infraestructuras civiles. Diversas fuentes también informaron de incendios en una refinería, un aeródromo militar y un centro logístico, aunque parte de estos extremos no había sido verificada de forma independiente durante las primeras horas.
Una ofensiva de escala inédita
El Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus sistemas antiaéreos derribaron los 635 vehículos no tripulados de ala fija durante la madrugada del 2 de agosto. De confirmarse, la operación superaría ampliamente otros ataques registrados durante 2026, como el lanzamiento de 326 drones comunicado por las autoridades rusas en junio.
La magnitud tiene una lectura militar clara. Ucrania ya no utiliza los ataques de largo alcance únicamente para causar daños puntuales, sino para saturar las defensas rusas, obligar a dispersar los sistemas antiaéreos y elevar el coste de proteger un territorio de más de 17 millones de kilómetros cuadrados.
Saratov vuelve al centro del ataque
La región de Saratov, situada aproximadamente a 750 kilómetros de la frontera ucraniana, fue uno de los principales focos de la ofensiva. Su gobernador, Roman Busargin, confirmó la muerte de dos personas y daños en infraestructuras de Saratov y Engels.
Canales de seguimiento y fuentes ucranianas situaron entre los posibles objetivos la refinería de Saratov y la base aérea de Engels, utilizada por la aviación estratégica rusa. Las imágenes difundidas mostraban columnas de humo y grandes incendios, pero Moscú no había confirmado oficialmente que ambas instalaciones hubieran sido alcanzadas.
El petróleo como objetivo prioritario
La presión sobre las instalaciones energéticas forma parte de una estrategia sostenida. La refinería de Saratov procesaba alrededor de 4,8 millones de toneladas de crudo anuales según datos correspondientes a 2023 y habría sufrido al menos 15 ataques desde el inicio de la invasión a gran escala.
El objetivo económico resulta evidente: reducir la capacidad de refinado, encarecer la reparación de las plantas y dificultar el suministro de combustible a las fuerzas rusas. Incluso cuando el daño físico es limitado, las paradas preventivas y las inspecciones obligatorias pueden alterar la producción durante días.
La retaguardia deja de ser segura
El contraste con las primeras fases de la guerra resulta demoledor. En 2022, la mayor parte de los ataques ucranianos se concentraba en zonas próximas al frente. Cuatro años después, los drones alcanzan regularmente instalaciones situadas a cientos e incluso más de 1.000 kilómetros del territorio controlado por Kiev.
Esta capacidad obliga al Kremlin a trasladar medios defensivos desde las áreas de combate hacia refinerías, aeródromos, almacenes y grandes núcleos urbanos. Cada batería destinada a proteger la retaguardia es una batería menos disponible cerca del frente, aunque Rusia mantiene una clara superioridad en número de misiles y capacidad industrial.
Daños más allá del sector militar
Otro de los puntos presuntamente alcanzados fue un complejo logístico de Wildberries en Novosemeykino, en la región de Samara. La instalación, inaugurada en mayo de 2025, ocupa unos 130.000 metros cuadrados y fue diseñada para gestionar hasta 120 millones de artículos cuando alcanzase su plena capacidad.
El ataque revela una ampliación del mapa de objetivos. Los grandes centros logísticos pueden convertirse en nodos relevantes para distribuir componentes, equipos o suministros, pero también concentran actividad comercial y empleo civil. La consecuencia es clara: el riesgo económico se extiende mucho más allá de las instalaciones estrictamente militares.
Una guerra de cifras difíciles de verificar
El dato de los 635 drones derribados procede exclusivamente del Ministerio de Defensa ruso y no había sido corroborado por fuentes independientes. Tampoco Ucrania había ofrecido inicialmente un balance completo de la operación.
La falta de verificación forma parte de una guerra en la que ambos bandos limitan la información sobre sus pérdidas y la eficacia real de sus defensas. Sin embargo, los incendios, las restricciones aéreas y los daños reconocidos por autoridades regionales indican que la ofensiva logró atravesar parcialmente el escudo ruso.
Lo más grave para Moscú no es únicamente el número de aparatos lanzados. Es la constatación de que ninguna infraestructura estratégica puede considerarse completamente fuera del alcance de Ucrania.