Escalada de presión sobre Teherán

EE.UU. asegura que la cúpula iraní saca dinero del país ante un posible colapso

EPA/WILL OLIVER

La presión política, económica y diplomática sobre Irán vuelve a intensificarse. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, aseguró este jueves que Washington ha detectado que la cúpula del régimen iraní está transfiriendo grandes cantidades de dinero fuera del país, una señal que, según afirmó, apunta a un creciente nerviosismo interno ante un posible deterioro del sistema. Las declaraciones llegan en un momento de máxima tensión bilateral, con amenazas militares sobre la mesa y un nuevo intento de diálogo previsto para los próximos días.

“Están sacando el dinero como locos”

Bessent realizó estas afirmaciones durante su comparecencia ante el Comité Bancario del Senado, donde describió con crudeza la situación financiera de las élites iraníes. Según el secretario del Tesoro, Estados Unidos ha observado cómo los dirigentes del régimen están moviendo capitales al exterior “como locos”, utilizando redes financieras internacionales para proteger su patrimonio.

Para reforzar su mensaje, recurrió a una metáfora contundente: “Las ratas están abandonando el barco”, afirmó, sugiriendo que las propias élites iraníes no confían en la estabilidad futura del régimen.

Bessent: “Las ratas están abandonando el barco”

Una señal de debilidad, según Washington

Bessent calificó estos movimientos de capital como una “buena señal” desde el punto de vista estadounidense. En su análisis, cuando los dirigentes de un país comienzan a sacar su dinero de forma masiva, suele ser indicio de que anticipan un cambio abrupto, ya sea político, económico o ambos.

“El final puede estar cerca”, afirmó el responsable del Tesoro, en una de las declaraciones más duras realizadas hasta ahora por la Administración Trump sobre la situación interna de Irán.

“El final puede estar cerca”, afirmó el responsable del Tesoro

El contexto: protestas y amenazas militares

Las palabras de Bessent no se producen en el vacío. En las últimas semanas, las tensiones entre Washington y Teherán han escalado de forma notable, especialmente después de que el presidente Donald Trump amenazara con atacar Irán tras la represión de protestas internas y la muerte de manifestantes.

Estados Unidos ha intensificado su retórica, presentando al régimen iraní como cada vez más aislado y vulnerable, tanto por la presión internacional como por el descontento interno.

Desde hace años, la estrategia estadounidense hacia Irán se basa en un endurecimiento progresivo de las sanciones, con especial énfasis en limitar el acceso del país a los mercados financieros internacionales. El objetivo declarado es asfixiar económicamente al régimen, reduciendo su capacidad para financiar tanto su aparato represivo interno como sus actividades regionales.

Según datos del propio Tesoro, las sanciones han reducido de forma significativa los ingresos iraníes por exportaciones de petróleo, su principal fuente de divisas, empujando al país a una situación de estrés financiero crónico.

El papel de las élites económicas

El supuesto traslado masivo de capitales al exterior pone el foco en las élites políticas y económicas iraníes, muchas de ellas vinculadas directamente a los centros de poder del régimen. Para Washington, este comportamiento confirma que la presión no está afectando solo a la población, sino también a quienes sostienen el sistema desde dentro.

Expertos en sanciones financieras señalan que este tipo de fugas de capital suele producirse cuando los dirigentes temen congelaciones de activos, cambios de régimen o colapsos monetarios.

Paradójicamente, estas declaraciones coinciden con el anuncio de que Estados Unidos e Irán mantendrán conversaciones el próximo 6 de febrero en Omán, un país que ha actuado en el pasado como mediador discreto entre ambas partes.

Aunque no se esperan avances inmediatos, el simple hecho de que se produzcan contactos diplomáticos indica que ninguna de las dos partes ha cerrado completamente la puerta al diálogo, pese a la dureza del discurso público.

Una estrategia de presión máxima

Para la Administración Trump, las declaraciones de Bessent forman parte de una estrategia calculada de presión máxima, que combina sanciones, amenazas y mensajes destinados a debilitar la moral del régimen iraní y de sus apoyos internos.

Al presentar a la cúpula iraní como una élite que huye con su dinero, Washington busca socavar la legitimidad del régimen, tanto dentro de Irán como ante la comunidad internacional.

Al presentar a la cúpula iraní como una élite que huye con su dinero, Washington busca socavar la legitimidad del régimen iraní

Dentro del país, la economía iraní sigue atravesando una situación delicada, marcada por inflación elevada, depreciación de la moneda y dificultades para importar bienes básicos. La percepción de que los dirigentes están protegiendo su riqueza en el extranjero podría alimentar aún más el descontento social.

Históricamente, las fugas de capital han sido un factor clave en el deterioro de regímenes sometidos a presión externa, al erosionar la confianza interna y acelerar la inestabilidad.

Escepticismo entre los analistas

No todos los expertos comparten el optimismo de Bessent. Algunos analistas advierten de que los movimientos de capital no siempre anticipan un colapso inmediato, y recuerdan que el régimen iraní ha demostrado una notable capacidad de resistencia en el pasado.

Aun así, reconocen que la combinación de sanciones, protestas internas y aislamiento internacional sitúa a Irán en una posición más frágil que en ciclos anteriores.

El mensaje a los mercados y aliados

Las declaraciones del secretario del Tesoro también están dirigidas a aliados y mercados financieros, a los que Washington quiere convencer de que su estrategia está dando resultados. Mostrar señales de debilidad interna en Irán facilita mantener el consenso internacional en torno a las sanciones.

Al mismo tiempo, envía una advertencia a países y empresas que aún mantienen vínculos económicos con Teherán.

Con las conversaciones de Omán en el horizonte y la retórica endureciéndose, el escenario sigue abierto. Si las fugas de capital se intensifican y el malestar interno crece, la presión sobre el régimen iraní podría aumentar de forma significativa.

Por ahora, el mensaje de Washington es inequívoco: la cúpula iraní estaría preparándose para lo peor, y Estados Unidos interpreta ese movimiento como una señal de que su estrategia empieza a surtir efecto.