ZELAIA: "EEUU está contra las cuerdas: El fin de su era en Oriente Medio es inminente"

Adrián Zelaia sostiene que el distanciamiento saudí acelera un repliegue que Washington ya había asumido en su doctrina.

«EEUU está contra las cuerdas», advierte Adrián Zelaia, en pleno compás de espera por la respuesta de Irán a una propuesta de Washington. El dato político que cambia la ecuación no llega de Teherán, sino de Riad: Arabia Saudí se desmarca y empuja a otras monarquías del Golfo a hacer lo mismo. La consecuencia, según su análisis, es doble: se estrecha el margen militar de EEUU y crece el riesgo de un shock energético. Europa, ya amenazada por recesión e inflación, podría enfrentarse a un escenario mucho más severo si el conflicto escala. El reloj corre también en casa: en noviembre hay elecciones de medio término y la gasolina no entiende de relatos.

Riad rompe el paraguas y obliga a recalcular

Zelaia sitúa el giro de Arabia Saudí como el movimiento “más positivo” para contener la escalada, pero también como el más lesivo para la posición de Washington. El razonamiento es directo: si las monarquías del Golfo se distancian de EEUU, se reduce la probabilidad de que Irán las convierta en objetivo “de castigo” por facilitar bases o logística a futuros ataques. De hecho, recuerda que Teherán habría repetido un mensaje: si quieren evitar represalias sobre infraestructuras críticas, deben desmarcarse claramente y asegurar que EEUU no utilizará sus bases. El contraste con etapas anteriores resulta demoledor: el Golfo, tradicional barómetro de la influencia estadounidense, empieza a comportarse como actor autónomo. Y eso, en un conflicto de alta intensidad, es casi una enmienda a la totalidad del dispositivo regional de Washington.

El petróleo como rehén y el riesgo de depresión

Lo más grave, insiste Zelaia, no es el intercambio de golpes, sino el salto macroeconómico que podría provocar una escalada. Si Irán responde a un nuevo ataque de EEUU e إسرائيل atacando infraestructuras energéticas de las monarquías, el impacto sería sistémico. En su escenario, Europa Occidental ya estaría ante “un año de contracción del PIB”, con recesión e inflación; la destrucción de esos activos podría empujar a una depresión. La amenaza no se limita al precio del crudo: afecta a cadenas logísticas, inversión y estabilidad financiera. Además, subraya la fragilidad interna de esas economías: en algunos países, los extranjeros representarían entre el 50%, el 70% y hasta el 85% de la fuerza laboral, sin nacionalidad, en estructuras “casi esclavistas”. Cualquier desestabilización económica, concluye, puede volverse social y política en cuestión de semanas.

Irán: difícil un “sí” directo, posible un proceso

Zelaia no espera una respuesta iraní “directamente positiva”. El matiz es esencial: una cosa es rechazar un aval inmediato y otra aceptar un documento como punto de partida para un proceso negociador. En el fondo, lo que se disputa es el marco: quién concede, quién impone y quién aparece como vencedor. La calma tensa tiene un componente táctico: ganar tiempo sin perder posición. Pero el margen de error es mínimo porque Irán, según Zelaia, ha demostrado capacidad real de disuasión. Bases militares, Estrecho de Hormuz e Израиль aparecen como puntos de presión previsibles. El mensaje implícito es que Teherán busca que cualquier negociación no sea leída como capitulación, sino como reordenación: discutir condiciones sin desactivar su principal ventaja, que es la posibilidad creíble de escalar de forma selectiva.

Washington ante su peor dilema: repliegue o pretexto

El diagnóstico es inequívoco: EEUU está ante una disyuntiva entre “salvar la imagen” y replegarse, o buscar argumentos para una escalada. Zelaia añade un elemento corrosivo: la decisión de iniciar esta campaña se habría tomado contra el criterio de asesores, Pentágono e inteligencia, pese a que la respuesta iraní era previsible. «Sabían que Irán podía destruir bases, cerrar Hormuz y sostener ataques continuados, y aun así lo hicieron», resume. En ese marco, la retirada no sería un ajuste táctico, sino un terremoto político: “muy probablemente” implicaría la salida de EEUU de Oriente Medio. Y ahí aparece el giro estratégico: Zelaia recuerda que la propia doctrina de seguridad estadounidense aprobada en noviembre afirmaría que ya no existe un interés estratégico en permanecer en la región, aunque condicionado a que Oriente Medio se estabilice. La paradoja es que la estabilización se vuelve más cara cuanto más se fuerza el pulso.

Trump, gasolina y la guerra del relato en noviembre

La batalla externa tiene factura interna. Zelaia da por hecho que Trump pagará un coste político; el tamaño de esa factura dependerá de si hay escalada o si el conflicto entra en fase de cierre. En ausencia de un choque mayor, el campo decisivo sería el relato: la “guerra de versiones”. Trump intentará etiquetarlo como “victoria”, pero la credibilidad es el problema, especialmente si el precio de la gasolina presiona a hogares y empresas. Zelaia introduce un dato que resume la grieta: se habla de hasta el 40% de votantes republicanos contrarios a estas políticas. Recuperar esa adhesión no parece fácil. Y plantea una hipótesis aún más dura: que, en su segundo mandato, Trump no priorice resultados electorales y pueda estar “sacrificando” parte del Partido Republicano y del movimiento MAGA por compromisos con el establishment o el “Estado profundo”. En noviembre, esa tensión se medirá sin filtros.

Rusia y el riesgo de detonante: drones y límites cercanos

Zelaia desplaza el foco a Rusia con una advertencia: no debe descartarse ninguna hipótesis en un contexto de provocaciones crecientes. Menciona ataques previos contra una residencia presidencial y alerta de que un golpe “significativo” —por ejemplo, contra un gran acto simbólico— podría convertirse en detonante. Su análisis pivota sobre la “paciencia estratégica” de Moscú: evitar responder a provocaciones de la OTAN para centrarse en la guerra de desgaste en Ucrania y para no abrir la puerta a un choque directo con la Alianza, con riesgo de guerra nuclear. Pero esa paciencia tiene límites, y Zelaia los sitúa “muy cerca”. Cita aprovisionamientos masivos de drones a Ucrania y su uso contra territorio ruso, incluso atravesando países OTAN como los bálticos o Finlandia, lo que califica como causas de guerra más allá de Kiev. La inquietud interna —población, medios, ejército e inteligencia—, dice, es creciente.