Zelenski ordena 40 días de fuego contra Rusia
Kiev eleva la presión sobre Moscú con una nueva ofensiva del SBU contra refinerías, depósitos y defensas aéreas rusas.
Volodímir Zelenski ha autorizado una nueva operación contra Rusia con una frase calculada para golpear en el centro político del Kremlin: el país «arderá» durante 40 días bajo ataques ucranianos.
El anuncio, difundido tras una reunión con el general Yevhenii Khmara, confirma un cambio de escala: Ucrania ya no busca sólo resistir, sino degradar la capacidad logística rusa en profundidad.
La clave está en los drones, en el SBU y en una guerra energética que empieza a sentirse lejos del frente.
El nuevo mensaje de Kiev
Zelenski ha presentado la operación como una herramienta para forzar a Rusia a aceptar el final de la guerra. No es una declaración menor. Llega después de semanas de ataques ucranianos contra instalaciones energéticas, nudos logísticos y objetivos situados a cientos de kilómetros del frente.
La estrategia busca trasladar la presión al interior de Rusia, donde las refinerías, los depósitos de combustible y las rutas logísticas se han convertido en objetivos prioritarios. Lo relevante no es sólo el daño material, sino el mensaje político: la guerra ya no queda confinada a Ucrania ni a las zonas ocupadas.
La guerra de los drones
Lo más grave para el Kremlin no es sólo el daño puntual. Es la repetición. Zelenski ha destacado durante meses el papel del SBU en operaciones con distintos tipos de drones. La consecuencia es clara: Ucrania ha convertido la industria nacional de drones en un multiplicador militar.
El avance tecnológico ha permitido a Kiev golpear objetivos cada vez más alejados. La capacidad de alcanzar infraestructuras situadas a más de 1.000 kilómetros cambia el mapa psicológico del conflicto. Moscú, Crimea, los puertos petroleros y zonas industriales interiores entran ahora en una misma lógica de amenaza.
Moscú blinda sus símbolos
El movimiento ruso de defensas aéreas resulta revelador. La protección de Moscú, del puente de Kerch y de enclaves estratégicos asociados al poder político muestra que el Kremlin ha entendido el alcance del problema.
Este hecho revela una prioridad política: proteger la capital y los símbolos del régimen. Sin embargo, el coste operativo es elevado. Cada batería desplazada hacia objetivos emblemáticos deja más expuestas otras regiones, refinerías, aeródromos o depósitos. En una guerra de desgaste, esa redistribución defensiva funciona como una confesión: Rusia ya no puede cubrirlo todo.
El petróleo como punto débil
La ofensiva ucraniana apunta al corazón económico de la maquinaria militar rusa. Refinerías, terminales y depósitos no son objetivos aislados. Alimentan vehículos, aviación, cadenas de suministro y exportaciones. Si el combustible escasea, la presión no se limita al frente: llega a regiones interiores, aeropuertos, transportistas y consumidores.
El contraste es demoledor. Moscú conserva una superioridad demográfica e industrial, pero Ucrania está explotando una vulnerabilidad precisa, cara y difícil de defender. Un depósito incendiado puede paralizar más que una victoria táctica en una trinchera secundaria.
La respuesta rusa
Rusia tampoco ha reducido la presión. Moscú mantiene sus ataques con drones, misiles y bombardeos sobre infraestructuras ucranianas, en una campaña destinada a desgastar la resistencia civil y militar de Kiev.
La lógica de ambos bandos se endurece. Ucrania golpea combustible ruso para limitar la guerra; Rusia ataca infraestructuras civiles y energéticas ucranianas para quebrar la resistencia. El resultado es una escalada de precisión y castigo donde la frontera entre retaguardia y frente se estrecha cada semana.
Qué puede pasar ahora
Los próximos 40 días serán una prueba de capacidad industrial, inteligencia y defensa aérea. Si Ucrania mantiene el ritmo, Rusia deberá elegir entre proteger Moscú, Crimea, refinerías o rutas militares. Si no lo logra, el efecto será más propagandístico que estructural.
Pero el punto central ya está fijado: Kiev ha demostrado que puede imponer costes crecientes dentro de Rusia. Zelenski lo resume como una presión para obligar a Moscú a elegir la paz. En términos militares, significa otra cosa: la guerra ha entrado en una fase donde la profundidad del territorio ruso ha dejado de ser garantía de seguridad.