IBEX: 18.100 puntos en vilo por Ormuz y la tregua

IBEX 35

El selectivo español abre entre dudas tras ganar casi un 4% en la semana, mientras el mercado mide la solidez del alto el fuego y el impacto de un Brent que sigue por encima de 96 dólares. La sesión gira en torno a dos palancas: la diplomacia en Oriente Medio y el riesgo de que la inflación vuelva a enquistar los tipos.

El IBEX 35 ha arrancado el viernes en modo bisturí: avances milimétricos, retrocesos puntuales y, sobre todo, una sensación de pausa tensa. A primera hora, el índice se movía alrededor de los 18.085 puntos (−0,11%), sosteniéndose cerca de los 18.100 mientras Europa apenas variaba. El telón de fondo no es menor: un fin de semana clave para evitar que la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán vuelva a escalar y, con ella, el precio de la energía, la inflación y la narrativa de tipos.

Índice IBEX 35

Compás de espera antes del fin de semana decisivo

El mercado compra tiempo, no certezas. Las conversaciones previstas entre Washington y Teherán en Pakistán y la oferta de Israel de negociar directamente con Líbano han abierto una rendija de optimismo. Sin embargo, la tregua de dos semanas muestra grietas: Irán denuncia ataques continuados sobre Líbano y el episodio más sangriento del conflicto —un bombardeo con más de 300 muertos— ha colocado el alto el fuego al borde del colapso.

En ese clima, el inversor se refugia en el “riesgo calculado”: rebote semanal notable, pero manos frías en la apertura. No ayuda que el intercambio de señales siga activo, con misiles que reactivan sirenas antiaéreas y comunicados que cambian el tono de un día para otro. La consecuencia es clara: la bolsa puede subir, pero lo hace con el freno de mano puesto.

Ormuz, el cuello de botella que reordena el riesgo

El estrecho de Ormuz es el verdadero indicador adelantado. Con el tráfico marítimo por debajo del 10% habitual y Teherán reafirmando su control de la vía por la que normalmente fluye una quinta parte del petróleo y gas mundial, el mercado no necesita titulares adicionales para entender el riesgo: basta con mirar los fletes, los seguros y el precio de la energía.

La fragilidad del paso no solo encarece el barril; también vuelve más incierto el calendario de desinflación en Occidente. Y ese es el punto que más incomoda a la renta variable: no el golpe inicial, sino la persistencia. Si el bloqueo se cronifica, la prima de riesgo energética deja de ser un susto y pasa a convertirse en estructura. El contraste con otras crisis recientes resulta demoledor: cuando el suministro se estrecha, el coste termina filtrándose a transporte, industria y consumo.

Un rebote con letra pequeña en el parqué español

Pese a la cautela, el IBEX llega con colchón: un avance semanal cercano al 4%. La fotografía interna, sin embargo, es desigual. La banca amanece en verde —con BBVA y Santander destacando—, mientras los grandes no financieros muestran más fatiga. Entre los pesos pesados, Telefónica e Inditex se mueven con descensos contenidos, e Iberdrola acusa la rotación defensiva típica cuando la incertidumbre geopolítica domina.

El caso más elocuente es Repsol: llega a caer alrededor de un 4%, castigada por el doble efecto del petróleo y de sus propias cifras operativas. La compañía comunicó una producción de 539.000 barriles equivalentes diarios en el primer trimestre (−0,2% interanual), un dato suficiente para que el mercado afine el lápiz en márgenes y caja, justo cuando el crudo se convierte en variable política antes que económica.

Petróleo y dólar: el termómetro de la vía diplomática

La caída semanal del Brent —en torno al 11%, la mayor desde junio de 2025— y el retroceso del dólar han sido leídos como un voto de confianza, al menos parcial, a la diplomacia. Ahora bien, el petróleo sigue en niveles incómodos: el Brent se mueve por encima de 96,7 dólares y está muy lejos de los 72 previos al ataque sobre Irán. Este hecho revela una tensión de fondo: el mercado quiere creer en un acuerdo, pero no está dispuesto a pagar por adelantado el final del riesgo.

Aquí aparece la segunda derivada: el discurso político. Donald Trump presiona a Irán para reabrir Ormuz y amenaza con actuar si Teherán intenta imponer tasas a los petroleros. Cada declaración añade volatilidad y convierte el barril en un activo sensible a la frase del día. En este contexto, el precio no baja por calma; baja por esperanza.

La inflación vuelve a reclamar protagonismo

Si el petróleo es el titular, la inflación es la factura. La publicación del IPC de marzo en Estados Unidos es el punto de choque: el consenso espera un avance mensual cercano al 1% y una tasa interanual claramente por encima del 3%. De confirmarse, sería el mayor incremento mensual desde 2022, justo lo que la Reserva Federal no quiere ver cuando el mercado ya tantea recortes.

“El riesgo geopolítico sigue siendo el principal motor de la volatilidad”, recuerdan algunos analistas. Pero lo más grave es que el conflicto puede haber cambiado el guion macro: energía cara durante más tiempo implica inflación más pegajosa y, por tanto, tipos altos durante más meses. La consecuencia es clara: se estrecha el margen para sorpresas dovish y se amplía el castigo a los sectores más sensibles a financiación.

Los datos que el mercado vigila sin apartar la vista

Los futuros sobre fondos federales adelantan expectativas de recortes, pero con una lectura incómoda: las probabilidades relevantes no se concentrarían hasta el tramo abril-junio de 2027. Ese desfase explica el tono del IBEX: el inversor no se desploma, pero tampoco corre. Prefiere esperar a que el fin de semana despeje si el alto el fuego es un puente o un espejismo.

“No soy muy optimista. Incluso con acuerdo, el petróleo seguirá condicionado por restricciones de oferta, un riesgo que la renta variable aún no está pagando”, advierten gestores que miran más a la logística del crudo que a los comunicados diplomáticos. Entre medias, el mercado español añade un ingrediente doméstico: si la energía aprieta, los márgenes empresariales sufren y la banca vuelve a ser el termómetro del crecimiento real.