IBEX 35, atrapado entre Ormuz y el fin de los recortes
El bloqueo del estrecho dispara el crudo por encima de 100 dólares y obliga a los mercados a reescribir el guion de los bancos centrales.
El IBEX 35 arrancó el martes sin dirección clara, con el conflicto entre Estados Unidos e Irán enquistado y el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado al tráfico. Con el petróleo firmemente por encima de los 100 dólares por barril, el mercado vuelve a mirar la inflación con el ceño fruncido. La consecuencia es inmediata: se desvanecen las expectativas de recortes de tipos en 2026 y, en algunos casos, asoma incluso la palabra “subida”. En Madrid, el índice se movía en terreno levemente positivo —17.748,30 puntos (+0,31%)—, pero con la sensación de que cualquier titular geopolítico puede cambiarlo todo.
Ormuz como cuello de botella global
El bloqueo del estrecho de Ormuz no es un incidente más: es el punto por el que pasa una parte decisiva del comercio energético mundial. Cuando esa arteria se contrae, el efecto se filtra con rapidez al precio del crudo, al gas y al transporte marítimo. Y cuando la energía se encarece, la inflación deja de ser una hipótesis académica para volver a la cesta de la compra, a la factura industrial y a los márgenes empresariales. Lo más grave es el impacto psicológico: el mercado interpreta que el shock puede durar semanas, no días. En ese contexto, las Bolsas tienden a “congelarse”: nadie quiere comprar caro antes de saber si el conflicto se desatasca o si se agrava. El resultado es un arranque de sesión plano, con más prudencia que convicción.
La inflación regresa por la puerta de la energía
El repunte del petróleo actúa como un impuesto silencioso. Primero aprieta a las economías importadoras; después, se transmite a costes logísticos y precios finales. Este hecho revela por qué el mercado ha girado de manera tan brusca: donde hace unas semanas se descontaban recortes, ahora se impone el “esperar y ver” con un sesgo mucho más duro. La guerra —iniciada hace dos meses, según las fuentes citadas— mantiene un alto el fuego, pero sin una salida política sólida. En escenarios parecidos, como el shock energético de 2022, la lectura fue clara: el Banco Central Europeo endureció el tono y la volatilidad se instaló durante meses. Hoy se repite el patrón: más energía, más incertidumbre, menos margen para que los bancos centrales relajen la política monetaria.
Bancos centrales bajo el foco
La semana concentra un carrusel decisivo: Reserva Federal (miércoles), Banco de Inglaterra y BCE (jueves), además del Banco de Japón, que ya movió ficha. Tokio mantuvo tipos, pero tres de los nueve miembros de su comité propusieron elevar el coste del dinero, una señal que el mercado interpreta como aviso: si la energía se mantiene cara, la paciencia se agota. En Washington y Fráncfort, el consenso apunta a tipos sin cambios, pero la clave estará en el lenguaje: cuánto pesan “presiones de precios”, cuánto preocupa “persistencia” y qué condiciones exigen para volver a recortar. La consecuencia es clara: con el petróleo en tres dígitos, cualquier frase ambigua puede disparar expectativas y curvas. La reunión ya no va de lo que hagan, sino de lo que teman.
La prueba de fuego tecnológica
Mientras la macro se enreda, el micro vuelve a mandar. Esta semana rinden cuentas Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Apple, un quinteto capaz de mover Wall Street y, por arrastre, Europa. Abril ha sido el mes de la narrativa de la inteligencia artificial, con subidas vertiginosas en algunos valores; por eso, los resultados serán una auditoría del entusiasmo: ingresos, márgenes, gasto en centros de datos y guía para el resto del año. Si la IA sostiene beneficios, el mercado tendrá un “suelo” emocional. Si decepciona, el golpe puede ser doble: caída del crecimiento esperado y, al mismo tiempo, tipos altos más tiempo. “Esperamos una sesión con movimientos limitados y volúmenes reducidos… con los inversores en modo ‘espera y ver’ ante la Fed y el BCE, así como la publicación de resultados de cinco de las ‘siete magníficas’”, resumían analistas de Bankinter.
Un IBEX contenido, pero con ganadores claros
En la foto de apertura, el IBEX repite el tono de la víspera: casi plano, con un avance leve que no alcanza para hablar de tendencia. A las 07:02 GMT, el selectivo subía 55,40 puntos (+0,31%), mientras el FTSE Eurofirst 300 retrocedía (-0,17%). El petróleo caro empuja a los energéticos: Repsol (+1,32%) destacaba como uno de los ganadores naturales del shock. En banca, el movimiento fue desigual, más técnico que direccional: CaixaBank (+0,92%), Bankinter (+0,90%), Sabadell (+0,63%), Unicaja (+0,75%) y Santander (+0,29%), frente a BBVA (-0,05%). En los grandes no financieros, avances modestos: Inditex (+0,35%), Iberdrola (+0,30%), Telefónica (+0,05%).
El riesgo que el mercado no quiere mirar
El atasco en Ormuz es una alerta sobre algo más amplio: la fragilidad de las cadenas globales. La energía es el primer dominó, pero no el único. Si el flujo de mercancías se interrumpe, la inflación puede reavivarse por costes de transporte, seguros y tiempos de entrega. Y si la inflación repunta, el crédito se encarece y la inversión se enfría: ahí es donde el golpe termina llegando al empleo y al consumo. El diagnóstico es inequívoco: en un mercado que esperaba recortes, el retorno del petróleo caro cambia el reparto de ganadores y perdedores, y obliga a recalcular valoraciones. Por eso el IBEX abre sin rumbo: no falta información, sobra incertidumbre. La próxima pista no vendrá de una vela en el gráfico, sino de una frase en una rueda de prensa y de un titular que cruce el estrecho.