El IBEX 35 se desinfla de nuevo por el pulso por Groenlandia
La resaca del último desplome de Wall Street, con descensos superiores al 2% y la mayor caída del dólar en más de un mes, ha devuelto a las bolsas europeas a un modo de “risk-off” en toda regla. En este contexto, el IBEX 35 encadena este miércoles su tercera sesión consecutiva de descensos, alejándose de los máximos históricos alcanzados la semana pasada por encima de los 17.700 puntos. El telón de fondo ya no es un dato macro ni un giro de bancos centrales, sino un choque político de alto voltaje: el pulso entre Donald Trump y las capitales europeas por el control de Groenlandia, aderezado con nuevas amenazas arancelarias. La consecuencia es clara: refugio en el oro, castigo a la renta variable y máxima atención a cada palabra que salga del Foro de Davos, donde el presidente estadounidense aterriza decidido a usar la cita como altavoz de su agenda.
Un tercer golpe seguido al selectivo español
El arranque de la sesión ha confirmado que el respiro para la Bolsa española ha sido mínimo. Tras la caída del 1,34% del martes, cuando el IBEX cerró en torno a los 17.429 puntos, su peor jornada desde noviembre, el índice abría este miércoles con un descenso cercano al 0,4%, hasta la zona de 17.360 puntos.
El movimiento se produce apenas días después de que el selectivo superara los 17.700 puntos, marcando nuevos máximos históricos impulsado por la banca y los valores más cíclicos. Ahora, el mismo grupo de compañías amplifica la corrección: cualquier señal de bloqueo en el comercio transatlántico golpea de lleno a un índice donde los sectores sensibles al ciclo —financiero, industrial, energía y consumo— concentran buena parte de la capitalización.
En paralelo, el Euro Stoxx 300 registra descensos en torno al 0,7%, mientras los futuros sobre el IBC español ceden cerca de un 0,9%, reflejando una continuidad del tono negativo visto en las dos sesiones previas.
Davos bajo la sombra de Groenlandia
Toda la atención de los inversores se concentra ahora en Davos, donde Trump tiene previsto pronunciar un esperado discurso y mantener reuniones bilaterales con líderes europeos. El presidente ha dejado claro que utilizará el Foro Económico Mundial como escenario para defender su plan de adquirir Groenlandia, territorio bajo soberanía danesa pero de enorme relevancia militar y de recursos.
La agenda no se limita a discursos. Según fuentes diplomáticas, el equipo de la Casa Blanca ha preparado encuentros específicos para discutir el estatus del territorio en el marco de la OTAN y las condiciones de un eventual acuerdo económico que facilitaría el control de Washington sobre la isla.
Bruselas y varias capitales europeas han reaccionado con inusual contundencia. Lo que comenzó como una propuesta vista casi como excentricidad se ha transformado en el mayor desencuentro transatlántico en décadas, al entrelazarse con amenazas de aranceles dirigidos a ocho países europeos y con el despliegue simbólico de efectivos en el Ártico a petición de Dinamarca.
Aranceles, dólar débil y oro en máximos
El frente más visible del conflicto es arancelario. Trump ha amenazado con imponer nuevos gravámenes del 10% a partir del 1 de febrero sobre productos de países como Dinamarca, Suecia, Francia o Alemania, con la posibilidad de elevarlos al 25% en junio si no hay avances en el dosier Groenlandia.
La respuesta inmediata del mercado ha sido un giro brusco hacia los activos refugio. El oro al contado sube más de un 2% y marca un nuevo máximo histórico por encima de los 4.800 dólares la onza, mientras la plata también avanza en torno a medio punto porcentual. La señal es inequívoca: los inversores buscan blindarse ante un escenario de shocks comerciales y mayor volatilidad.
El otro termómetro es el dólar. La moneda estadounidense llegó a registrar su peor sesión en más de un mes frente a una cesta de divisas, antes de intentar una tímida recuperación este miércoles. Un dólar más débil suele actuar como bálsamo para las materias primas cotizadas en esa divisa, pero al mismo tiempo refleja un cambio de percepción sobre el riesgo político en Washington.
La banca y los cíclicos, los más expuestos
En el caso español, el impacto se concentra una vez más en la banca y en los valores más expuestos al ciclo global. Con un peso cercano al 30% en el IBEX 35, entidades como Santander, BBVA, CaixaBank o Sabadell actúan como auténticos multiplicadores de los movimientos del índice.
Un escenario de guerra arancelaria entre EEUU y la UE presionaría los márgenes bancarios por varias vías: frenaría el comercio, moderaría las expectativas de crecimiento europeo y podría obligar a los reguladores a mantener condiciones monetarias más prudentes durante más tiempo. Todo ello encarece la financiación mayorista, ensancha las primas de riesgo y eleva la volatilidad en un sector que aún arrastra heridas de la última crisis financiera.
Tampoco salen indemnes los valores industriales y de consumo. Compañías ligadas a las exportaciones, desde fabricantes de componentes de automoción hasta grupos textiles, verían cómo una subida escalonada de aranceles golpea sus cadenas de suministro y las decisiones de gasto de los hogares europeos. El castigo se extiende igualmente a energéticas y utilities, muy sensibles a movimientos en la deuda soberana que suelen acompañar a episodios de tensión geopolítica.
En este contexto, el IBEX reproduce un patrón conocido: cuanto mayor es el ruido político, más se abren las distancias respecto a otros índices menos bancarizados y con mayor peso de tecnología o salud.
Europa contraataca: el mecanismo anticohacción y el bazooka comercial
La otra variable que vigilan los inversores es la capacidad de respuesta de la Unión Europea. Varios líderes, con Emmanuel Macron a la cabeza, han puesto sobre la mesa la activación del llamado mecanismo anticohacción o Anti-Coercion Instrument (ACI), una herramienta aprobada en 2023 para responder a presiones económicas de terceros países.
Este “bazooka” permitiría imponer contramedidas que van desde aranceles selectivos a restricciones en servicios, contratación pública o acceso a inversiones, apuntando especialmente a los sectores donde EEUU mantiene un superávit estructural frente a Europa, como la tecnología, las finanzas o determinados nichos farmacéuticos.
La magnitud del riesgo explica la contundencia del lenguaje. El comercio de bienes y servicios entre la UE y Estados Unidos alcanzó en 2024 alrededor de 1,7 billones de euros, es decir, unos 4.600 millones diarios cruzando el Atlántico en ambas direcciones. Cualquier erosión significativa de ese flujo tendría efectos directos sobre el crecimiento, el empleo y los beneficios empresariales a ambos lados del océano.