El Ibex cede 600 puntos y el Brent vuelve a 103 dólares

IBEX 35

El bloqueo de Ormuz y la captura de buques elevan el miedo a un shock energético que castiga a la bolsa europea.

El Ibex 35 arrancó el jueves con una cuarta caída consecutiva y perdió los 18.000 puntos. En apenas una semana se ha dejado más de 600 puntos (más del 3,5%) y regresa a niveles no vistos desde el 7 de abril. La chispa es geopolítica: el pulso entre Estados Unidos e Irán asfixia la navegación en el golfo Pérsico. Y el mercado no perdona cuando el petróleo actúa como impuesto global. El Brent sube, la volatilidad manda y la confianza se encoge.

Índice IBEX 35

Ormuz como termómetro del riesgo

Lo más grave no es la caída del índice, sino el mensaje implícito: el mercado vuelve a poner precio a un escenario que parecía improbable. La captura de dos portacontenedores por parte de Irán en la salida del golfo a través del estrecho de Ormuz eleva la percepción de control sobre una de las arterias energéticas más sensibles del planeta. En paralelo, las informaciones sobre la interceptación de al menos tres petroleros vinculados a bandera iraní en aguas asiáticas añaden fricción a un tablero ya tenso. El diagnóstico es inequívoco: cuando la logística se convierte en arma, el capital busca refugio y castiga a los índices con mayor exposición cíclica. España, con un selectivo dominado por bancos y grandes valores, acusa esa aversión al riesgo con una rapidez casi automática.

El petróleo por encima de 100 y el impuesto oculto

El repunte del crudo funciona como un multiplicador de inquietud. El Brent escaló hasta 103,3 dólares por barril, con un avance del 1,4% tras haber rebotado un 3,5% el día anterior y volver a superar el umbral psicológico de los 100 dólares. La consecuencia es clara: la energía más cara se filtra a transporte, industria y consumo, y termina tensionando márgenes y expectativas. Gobiernos y empresas empiezan a advertir del golpe en costes y de la interrupción de cadenas de suministro, un patrón que recuerda episodios anteriores de estrés en la región, cuando el mercado anticipaba inflación importada y una posible respuesta monetaria más dura. El contraste con periodos de crudo estable resulta demoledor: con petróleo caro, la bolsa pierde visibilidad y el inversor paga por esperar.

Banca bajo presión: beneficios que no frenan las ventas

El sector financiero, que suele ser termómetro de ciclo y confianza, abrió con retrocesos generalizados: Santander cedía un 0,99%, BBVA un 1,29%, CaixaBank un 0,99% y Sabadell un 0,43%, en una fotografía de ventas amplias más que de castigo selectivo. La lectura es incómoda: incluso con crecimiento doméstico sólido, el mercado teme el efecto combinado de energía cara y deterioro de expectativas globales. Bankinter ejemplificó esa paradoja. Sus cifras del primer trimestre mostraron un beneficio neto al alza del 8% interanual, apoyado en comisiones y crédito, pero su acción se dejaba alrededor de un 2,47%. Este hecho revela un cambio de foco: hoy pesa más el riesgo macro y geopolítico que el titular de resultados. Cuando el contexto se oscurece, la banca no tiene paciencia del mercado.

Defensivas y petróleo: ganadores parciales en un día gris

En sesiones de tensión, el dinero rota: no siempre hacia la salida total, sino hacia lo que parece resistir mejor. En el Ibex, Repsol avanzaba un 0,71%, acompañada por tonos positivos en valores como Telefónica (+0,71%) o Cellnex (+0,56%), mientras Inditex caía un 0,90% e Iberdrola un 0,50%. El patrón no es casual. La petrolera se beneficia de la subida del crudo, pero ese “seguro” tiene letra pequeña: si el shock energético se prolonga, el impacto en demanda y crecimiento termina afectando a todo el mercado, incluidas las propias energéticas. La aparente fortaleza de las defensivas, además, suele ser síntoma de nerviosismo, no de optimismo. En jornadas así, el rebote de unos pocos nombres no neutraliza la señal: el riesgo manda.

Resultados y PMI: el mercado busca un ancla

La sesión europea llegaba cargada de catalizadores: temporada de resultados y publicación de PMI en Europa y Estados Unidos. En ese ruido, los inversores miran una pregunta sencilla: si la actividad aguanta, el golpe del petróleo será “manejable”; si no, el mercado habrá anticipado correctamente una desaceleración. En ese contexto, las casas de análisis dibujaron un cuadro mixto. “Superó las expectativas de BPA (0,41$ vs. 0,34$ est.) a pesar de la debilidad en ventas”, destacaba Renta 4 sobre Tesla, aunque el optimismo inicial se enfrió tras el anuncio de mayor capex ligado a robótica e IA. Bankinter, por su parte, resumía una jornada de “ligeros descensos” por el crudo y la espera de novedades en Oriente Medio. La clave es la misma: sin visibilidad, el mercado se agarra a cualquier referencia.

Los niveles que vigila el inversor y el daño colateral europeo

El golpe quedó reflejado en las cifras de apertura: a las 07:02 GMT, el Ibex caía 154,40 puntos (-0,86%) hasta 17.852. En paralelo, el FTSE Eurofirst 300 retrocedía un 0,49%, señal de que el estrés no es solo español, sino continental. Volver a los mínimos de principios de abril no es un detalle técnico: es una forma de reconocer que el mercado deshace en pocos días la complacencia acumulada. A partir de aquí, el catalizador no será un titular aislado, sino la combinación de tres variables: continuidad del bloqueo logístico en el golfo, trayectoria del crudo y tono de los indicadores adelantados. Si el petróleo consolida por encima de 100 dólares, el miedo se convertirá en escenario base. Y entonces la caída deja de ser una corrección para parecerse más a una factura diferida para empresas y hogares.