El IBEX corrige tras su récord por la tensión entre EEUU e Irán y el miedo a la IA

El IBEX retrocede después de tocar máximos

IBEX

La sesión del miércoles arrancó con frenazo brusco para la renta variable española. El IBEX 35 cedía un 0,61%, hasta los 18.009,3 puntos, apenas horas después de marcar un nuevo máximo de ciclo. El giro llega en medio de la escalada entre Estados Unidos e Irán, el nerviosismo global por el impacto de la inteligencia artificial sobre los modelos de negocio tradicionales y la sorpresa en la Reserva Federal con la nominación de Kevin Warsh. El golpe más visible en la apertura se lo llevaba Banco Santander, que caía en torno al 4,5% tras anunciar la compra de la estadounidense Webster Financial por 12.200 millones de dólares

Un récord con pies de barro

El arranque de febrero confirma que el último ralli del IBEX 35 se ha construido sobre un terreno mucho más inestable de lo que sugerían los titulares. El índice español, que venía de encadenar varias sesiones al alza hasta marcar un nuevo máximo por encima de los 18.000 puntos, se encontró este miércoles con un cóctel de riesgos que ha obligado a muchos gestores a levantar el pie del acelerador. La caída del 0,61% en los primeros compases, frente al 0,24% de retroceso del FTSE Eurofirst 300, revela que el selectivo nacional corrige más que sus comparables europeos cuando la narrativa se enturbia.

Índice IBEX 35

El diagnóstico es inequívoco: parte del dinero que había entrado en la bolsa española en las últimas semanas respondía a un movimiento táctico de búsqueda de valor relativo, no a una convicción estructural. En cuanto han reaparecido dudas sobre la economía global, la Fed, la geopolítica y la propia sostenibilidad del boom de la IA, las órdenes de venta se han acelerado. Lo más llamativo es que la corrección llega pese al buen tono de varios blue chips no financieros, lo que confirma que el foco del ajuste está, sobre todo, en la banca y en los valores más expuestos al ciclo internacional.

El riesgo geopolítico vuelve al parqué

El primer detonante ha llegado desde el estrecho de Ormuz y el tablero nuclear. El derribo el martes de un dron iraní por parte del Ejército de Estados Unidos, cuando se aproximaba de forma “agresiva” al portaaviones Abraham Lincoln, ha devuelto a los inversores a un terreno conocido pero incómodo: el de la escalada controlada entre Washington y Teherán. El hecho de que este episodio se produzca en pleno intento de reactivar conversaciones nucleares aumenta el grado de incertidumbre.

Las palabras de Donald Trump, advirtiendo de que podrían ocurrir “cosas malas” si no se logra un acuerdo, han dado la vuelta al mundo financiero. En mercados que llevaban semanas descontando un escenario de riesgo geopolítico contenido, el simple recordatorio de que Oriente Medio sigue siendo un foco de tensión basta para activar la toma de beneficios. Por ahora, el impacto en las materias primas energéticas se mantiene acotado, pero el recuerdo de episodios anteriores —con repuntes rápidos del crudo y fuga hacia activos refugio— actúa como freno psicológico. El contraste con la aparente calma de enero resulta demoledor: bastan un dron y un portaaviones para desmontar la complacencia.

La corrección tecnológica por el miedo a la IA

La segunda pata de la corrección viene de Wall Street y, más en concreto, de Silicon Valley y su periferia. La sesión previa estuvo marcada por un brusco giro vendedor en compañías de analítica de datos, servicios profesionales y software después de que Anthropic lanzara una nueva herramienta dirigida al sector legal. El mercado leyó el movimiento como una señal más de que la IA generativa está entrando ya en terrenos donde hasta ahora dominaban firmas de software tradicional con márgenes muy elevados.

El susto inicial se moderó al cierre, pero dejó una lección clara: cada nuevo avance en IA reabre el debate sobre quién capturará valor y quién quedará desplazado. Lo más grave, desde el punto de vista de los inversores europeos, es que esta discusión se traslada automáticamente a cualquier compañía que apoye su tesis de inversión en modelos de suscripción o servicios de alto valor añadido. El efecto contagio no entiende de fronteras. Por eso, aunque el IBEX apenas tiene grandes representantes de software puro, el ruido sobre la “disrupción total” de la IA ha incrementado la aversión al riesgo y ha reforzado la huida hacia sectores percibidos como más tangibles, como la energía o las infraestructuras de telecomunicaciones.

La incógnita Warsh y el futuro de los tipos

En paralelo, el mercado sigue digiriendo el giro inesperado en la Reserva Federal. La nominación de Kevin Warsh para presidir el banco central estadounidense ha tenido una lectura inmediata: menor probabilidad de recortes rápidos de tipos y una Fed potencialmente más ortodoxa en su lucha contra la inflación. Warsh es percibido por parte de los analistas como más sensible a los riesgos de burbujas de activos y menos dispuesto a tolerar una relajación prematura de las condiciones financieras.

Sin embargo, este mismo movimiento aporta un cierto alivio institucional. Tras meses de ataques verbales de Trump a la Fed y a su actual presidente, Jerome Powell, la simple existencia de un candidato claro reduce el ruido sobre la independencia del banco central. El mercado de renta fija lo ha leído como una señal de continuidad: menos experimentos y más gradualismo. Para la bolsa, en cambio, la consecuencia es ambivalente. Por un lado, se aleja el escenario de recortes agresivos que algunos habían llegado a descontar para 2026; por otro, se gana estabilidad regulatoria. En este contexto, el castigo se concentra en los activos más sensibles a los tipos, como la banca, mientras sectores defensivos resisten mejor.

Washington, del cierre parcial al alivio fiscal

No todo son malas noticias al otro lado del Atlántico. En Washington, Trump ha firmado un acuerdo de gasto que pone fin al cierre parcial de la Administración tras cuatro días de parálisis. El desbloqueo evita un daño mayor a corto plazo sobre la actividad y elimina uno de los focos de ruido político que más inquietaban a los mercados. La consecuencia inmediata es un cierto impulso al apetito por riesgo, que actúa como contrapeso frente a la tensión con Irán y la incertidumbre sobre la Fed.

No obstante, el cierre tendrá efectos colaterales. Los datos clave de empleo en Estados Unidos, previstos para el viernes, se retrasarán por el parón administrativo. Y sin la referencia del informe de nóminas, los bancos centrales y los propios inversores pierden una brújula esencial para calibrar el ciclo. De nuevo, el diagnóstico es claro: el mercado se ve obligado a navegar a ciegas unos días más, apoyándose en expectativas y guías empresariales en lugar de en estadísticas sólidas. En un entorno de volatilidad latente, esta falta de métricas fiables amplifica cualquier reacción, tanto al alza como a la baja.

Santander sacude al sector financiero

El epicentro doméstico del temblor se ha localizado en Banco Santander, que restaba más de un 4% al inicio de la sesión. La entidad anunció la compra de la regional estadounidense Webster Financial por 12.200 millones de dólares, operación con la que aspira a crear uno de los diez mayores bancos minoristas y comerciales de Estados Unidos. Al mismo tiempo, comunicó un aumento del 12% en su beneficio neto de 2025, hasta un récord de 14.100 millones de euros, por encima de las previsiones del mercado, que apuntaban a unos 13.770 millones.

Banco Santander, S.A.

Sobre el papel, la combinación de récord de beneficios y salto estratégico en Estados Unidos debería ser celebrada. Sin embargo, el mercado ha optado por castigar el riesgo de ejecución y el precio pagado por la adquisición. Este hecho revela hasta qué punto los inversores son ahora extremadamente sensibles a cualquier movimiento corporativo de gran tamaño. En un entorno en el que el coste de capital sigue elevado y la visibilidad sobre tipos futuros no es total, la prioridad es preservar colchones de capital, no tensionarlos. El contraste con el buen tono de otros valores financieros medianos —con Bankinter o Caixabank moviéndose prácticamente planos— subraya que el castigo está altamente concentrado en quien asume más riesgo en el momento más delicado.

Los pesos pesados no financieros sostienen al índice

Frente al golpe de la banca, el resto de grandes valores ha actuado como amortiguador parcial. Telefónica se anotaba un 0,75%, Inditex avanzaba un 0,84%, Iberdrola sumaba un 0,24%, Cellnex ganaba un 0,92% y Repsol subía un 1,10%. Es decir, los sectores ligados al consumo global, las renovables, las infraestructuras de telecomunicaciones y la energía han contribuido a que la corrección del IBEX no fuera aún más severa.

Este comportamiento refleja una rotación interna muy clara. Los inversores están dispuestos a mantener exposición a activos españoles siempre que ofrezcan flujos de caja relativamente predecibles, menor sensibilidad directa a los tipos de interés y, en algunos casos, protección parcial frente a shocks de materias primas. El contraste con la banca es evidente: mientras los bancos sufren por la mezcla de riesgo regulatorio, ciclo y tipos, las grandes compañías no financieras funcionan como refugio relativo dentro del propio índice. El mensaje implícito es contundente: España sigue siendo invertible, pero de forma selectiva y con menos tolerancia al riesgo apalancado.

El BCE, el IPC y la prueba del euro fuerte

La otra gran cita de la jornada está en Fráncfort. La publicación del dato preliminar de inflación de la zona euro correspondiente a enero marcará el tono antes de la decisión del Banco Central Europeo del jueves. El consenso de analistas espera un aumento interanual del 1,7%, por debajo del 1,9% registrado en diciembre. Si se confirma esta moderación, el BCE recibirá margen adicional para mantener un tono algo menos agresivo, aunque lejos aún de anunciar recortes inminentes.

La fortaleza del euro se mantiene bajo vigilancia. Un euro excesivamente fuerte en un contexto de inflación contenida puede lastrar las exportaciones y complicar la competitividad de las empresas europeas, especialmente las más orientadas a mercados extracomunitarios. Para España, la clave será cómo se combinen estas variables con la evolución del turismo y la demanda interna en los próximos meses. Por ahora, el mercado parece descontar un BCE prudente, sin giros bruscos, pero el dato de hoy puede reordenar expectativas. Cualquier sorpresa al alza en el IPC reavivaría el temor a una política monetaria más dura por más tiempo.

Alphabet, Qualcomm y la nueva vara de medir

El foco se desplaza también a la temporada de resultados en Estados Unidos. Tras el cierre de Wall Street, Alphabet presenta sus cifras trimestrales, con el mercado esperando un avance del 15,5% en los ingresos, hasta 111.370 millones de dólares. No obstante, como recuerdan los analistas de Bankinter, “el mercado se muestra implacable en la recepción de las cifras de los informes empresariales. Si las guías convencen, la recompensa es inmediata, pero cualquier tropiezo se castiga sin piedad”.

La clave estará de nuevo en las guías y en la capacidad de monetizar las fuertes inversiones en IA, tanto en el caso de Alphabet como en el de Qualcomm y otros gigantes tecnológicos. En la práctica, esto significa que ya no basta con presentar crecimientos de doble dígito: los inversores exigen visibilidad sobre cómo la IA reforzará, y no pondrá en cuestión, los modelos de negocio actuales. El contraste con etapas anteriores del ciclo tecnológico, en las que bastaba con el relato de crecimiento, es evidente. Ahora la vara de medir es mucho más estricta y las sorpresas negativas se pagan al instante, con correcciones superiores al 10% en una sola sesión en algunos casos recientes.