El IBEX se enfría un 0,4% a la espera de la Fed
La Bolsa española amaneció con freno de mano echado tras batir el martes sus máximos históricos. A primera hora del miércoles, el IBEX 35 cedía un 0,38%, hasta los 17.736 puntos, en un movimiento de clara recogida de beneficios antes de que hable la Reserva Federal de Estados Unidos. El contraste es llamativo: mientras el optimismo por los resultados empresariales impulsa a la tecnología europea, la prudencia domina en un índice muy bancarizado y sensible al giro de los tipos. Sobre el mercado planean, además, dos elementos que inquietan a los inversores: un dólar hundido hasta los 1,20 USD/EUR, mínimos de cuatro años, y la presión política directa del presidente Donald Trump sobre Jerome Powell y la independencia de la Fed. La jornada arranca con un mensaje nítido: el riesgo no está en los gráficos, sino en los bancos centrales.
Máximos históricos y corrección controlada
El movimiento del miércoles llega inmediatamente después de una sesión histórica. El IBEX 35 encadenaba varias jornadas al alza y había logrado superar la barrera de los 17.800 puntos, impulsado por el tirón de la banca y los valores ligados al ciclo. Ese nivel, inédito hasta ahora, ha actuado como resistencia psicológica y ha disparado las órdenes de venta de los inversores más tácticos, que optan por asegurar plusvalías antes de un evento de riesgo como la reunión de la Reserva Federal.
La caída inicial del 0,38%, equivalente a 67,8 puntos, no supone por ahora un cambio de tendencia, pero sí una señal de que el mercado entra en modo defensivo. Lo relevante no es tanto el retroceso puntual como el contexto: se produce en un entorno de máximos de varios años en las bolsas globales, un euro muy apreciado y una creciente incertidumbre política en Estados Unidos. La consecuencia es clara: los gestores prefieren recortar exposición a los activos más sensibles a los tipos —como la banca y parte del inmobiliario— a la espera de mensajes más objetivos de Powell.
El contraste con Europa es evidente. Mientras el FTSE Eurofirst 300 avanzaba un 0,10%, el selectivo español corregía. Este hecho revela que la toma de beneficios es más intensa en un índice que viene de un fuerte rally y cuya composición, muy concentrada en bancos y energéticas, le hace más vulnerable a cualquier cambio de narrativa sobre los tipos de interés.
La tecnología europea, con ASML al frente, tira del mercado
Si la apertura del IBEX ha sido tibia, la foto sectorial europea es muy distinta. El protagonismo recae en la tecnología, apoyada en un nombre propio: ASML, la joya neerlandesa de la maquinaria para semiconductores y hoy mayor compañía europea por capitalización bursátil. La firma ha anunciado pedidos por encima de lo esperado, lo que ha disparado su cotización y ha arrastrado al alza al conjunto del sector.
Los pedidos más fuertes de ASML se interpretan como una señal de que el ciclo de inversión en chips avanza hacia una nueva fase expansiva, apoyada en la inteligencia artificial, el despliegue del 5G y la reconfiguración de las cadenas de suministro. Para las bolsas europeas, dominadas tradicionalmente por banca, consumo y energía, contar con un campeón tecnológico global se ha convertido en una rareza estratégica. Lo más relevante para el inversor es que la mejora de visibilidad en beneficios tecnológicos actúa como contrapeso a la incertidumbre monetaria.
En este contexto, el buen tono de la tecnología se combina con la temporada de resultados. Los mercados aguardan ahora cifras clave: IBM, Meta, Microsoft, Tesla y AT&T publicarán tras el cierre europeo, mientras que STMicroelectronics, Deutsche Bank, ING, Apple y CaixaBank desfilarán en los próximos días. El diagnóstico es inequívoco: la micro (beneficios empresa a empresa) puede amortiguar, o amplificar, cualquier giro de la macro (bancos centrales y divisas).
Trump, Powell y una Reserva Federal bajo presión política
El foco del día está en Washington. La Reserva Federal decide tipos este miércoles y el consenso no espera cambios inmediatos. Sin embargo, el debate no está en el movimiento de tipos, sino en el lenguaje de Powell. El mercado descuenta ya alrededor de dos recortes de tipos en 2026, y cualquier matiz más duro —o hawkish— podría obligar a revisar ese escenario y sacudir las valoraciones de renta variable y deuda.
A esta incertidumbre se suma un elemento nuevo: la presión política explícita. El presidente Donald Trump ha asegurado que anunciará “pronto” a su elegido para dirigir la Fed y ha pronosticado que los tipos bajarán después de que el nuevo presidente de la institución tome posesión. El mensaje es claro y rompe un tabú: la Casa Blanca intenta condicionar públicamente la hoja de ruta del banco central.
En paralelo, Powell se ha visto obligado a responder a las amenazas de imputación penal lanzadas desde el entorno político, defendiendo con contundencia la independencia de la Fed. En este contexto, los analistas de Renta 4 advertían en su informe matutino: “De tener un cierto tono ‘hawkish’, el discurso de Powell podría servir para frenar la debilidad del dólar y recalibrar las expectativas de recortes”. El contraste con etapas anteriores resulta demoledor: nunca desde la crisis financiera global se había percibido una tensión tan directa entre el banco central estadounidense y el poder político.
Un dólar en mínimos y el euro en máximos de cuatro años
Mientras los mercados esperan a Powell, la otra gran protagonista de la jornada es la divisa estadounidense. El euro se sitúa en torno a 1,20 dólares, niveles que no se veían desde hace cuatro años, mientras que la libra también marca máximos plurianuales frente al billete verde. La debilidad del dólar no responde a un único factor, sino a una combinación de elementos: menor crecimiento percibido en Estados Unidos, expectativas de recortes de tipos y la creciente incertidumbre sobre la política exterior y comercial de Washington.
Los analistas recuerdan que la confianza del consumidor del Conference Board marcó ayer mínimos desde 2014, un dato que refuerza la narrativa de desaceleración de la economía estadounidense. A ello se añaden los mensajes contradictorios desde la Casa Blanca. Preguntado por la caída del dólar, Trump se limitó a afirmar que el nivel actual de la divisa es “estupendo”, un comentario que el mercado interpreta como tolerancia —cuando no deseo— a un dólar más débil.
Para Europa, un euro tan apreciado tiene un doble filo. Por un lado, abarata importaciones de energía y materias primas, aliviando presiones inflacionistas. Por otro, resta competitividad a las exportaciones, especialmente en sectores como el automóvil, la maquinaria o los bienes de equipo. La consecuencia es clara: las empresas más orientadas a EEUU y mercados dolarizados pueden ver presionado su margen si no trasladan la diferencia de tipo de cambio a precios.
El BCE, atrapado entre el euro fuerte y el riesgo de recesión
Mientras la Fed acapara titulares, el otro gran actor de la escena monetaria es el Banco Central Europeo. Los inversores digieren las declaraciones de Martin Kocher, gobernador del banco central de Austria, que en una entrevista al Financial Times ha abierto la puerta a otro recorte de tipos si nuevas subidas del euro empezaran a lastrar la proyección de inflación en la zona euro.
El mensaje de Kocher ilustra el dilema del BCE. Tras varios trimestres de endurecimiento monetario para doblegar la inflación, la autoridad monetaria se enfrenta ahora a un escenario distinto: crecimiento débil, inflación acercándose al objetivo y una divisa que se aprecia con fuerza. En ese contexto, un euro demasiado fuerte podría empujar la inflación por debajo del 2% en 2027 y avivar el fantasma de una nueva década de estancamiento.
Lo más grave, desde el punto de vista del inversor, es que el margen de error del BCE es cada vez menor. Un recorte prematuro podría alimentar nuevas burbujas de activos; uno tardío podría ahogar una recuperación todavía frágil. La referencia del 1,20 USD/EUR se convierte así en un nivel político además de económico. Si el euro siguiera escalando sin control, la presión desde los gobiernos más endeudados de la eurozona para acelerar recortes de tipos aumentaría de forma significativa.
La banca española corrige tras los récords
En este contexto de tipos inciertos y dólar débil, la banca española, gran motor del rally del IBEX en los últimos meses, ha optado por frenar. En la apertura, Santander caía un 0,33% y BBVA un 1,29%, mientras que CaixaBank retrocedía un 0,51%, Sabadell y Bankinter se dejaban alrededor de un 0,58% y Unicaja bajaba un 0,35%. No son desplomes, pero sí un ajuste significativo en un sector que venía de revalorizarse a doble dígito en pocas semanas.
La explicación es doble. Por un lado, la expectativa de que la Fed mantenga un tono más cauteloso y de que el BCE pueda plantearse nuevos recortes de tipos limita el potencial de margen de intereses de las entidades financieras. Por otro, los bancos españoles han sido el vehículo preferido de muchos inversores internacionales para jugar la historia de “reapertura” del ciclo europeo. Tras los máximos históricos del IBEX, parte de ese dinero especulativo busca ahora refugio en sectores menos cíclicos o en otros mercados.
A pesar de la corrección diaria, los analistas consideran que la foto de fondo sigue siendo razonablemente positiva para el sector: ratios de capital por encima del 12%, mora contenida y una política de dividendos y recompras que, en algunos casos, se traduce en rentabilidades por dividendo superiores al 7%-8%. Sin embargo, el mensaje de la jornada es inequívoco: a estos niveles, la banca ya no es un refugio barato, sino un activo directamente expuesto a cada matiz de los bancos centrales.