La banca y los buenos datos de España impulsan al índice

El IBEX se lanza hacia su séptimo mes de subidas con la Fed en el punto de mira

IBEX 35

La Bolsa española amaneció este viernes con un mensaje nítido: el rally sigue vivo. El IBEX 35 rebotaba un 0,81% hasta los 17.732 puntos, recuperando de golpe lo perdido en las dos sesiones anteriores y quedándose a un paso de su máximo histórico de 17.804 puntos marcado el 27 de enero. La subida permite al selectivo acariciar un hito simbólico: siete meses consecutivos al alza, algo que no se veía desde los años de la gran burbuja previa a 2008. El impulso llega en mitad de un cóctel muy singular: resultados sólidos de gigantes como Apple, sorpresas positivas en Europa y una economía española que crece un 2,8% en 2025, muy por encima de la media del euro.

Un rebote que consolida un rally histórico

A las 08:15 GMT, el IBEX 35 sumaba 142,5 puntos, un 0,81%, hasta los 17.732,2, y se situaba a menos de un 0,5% de sus máximos de todos los tiempos. En el conjunto de la semana, el índice avanza ya un 1,07%, y en el computo de enero acumula una revalorización del 2,45%, encadenando así lo que apunta a su séptimo mes consecutivo en positivo.

Índice IBEX 35

El diagnóstico es inequívoco: el mercado español se ha convertido en uno de los grandes beneficiados de la combinación de tipos de interés todavía elevados, una economía doméstica que sorprende al alza y un flujo constante de resultados empresariales mejores de lo esperado. España creció un 2,8% en 2025, frente al 1,3% de la zona euro, consolidando la narrativa de “motor del sur de Europa” que manejan ya varias casas de análisis.

Sin embargo, el rally llega en un entorno de volatilidad latente: el oro ha llegado a superar los 5.000 dólares por onza antes de corregir con fuerza tras conocerse el probable nombramiento de Warsh, mientras los índices globales siguen muy sensibles a cada giro del presidente estadounidense en políticas comerciales y de seguridad.
La consecuencia es clara: el IBEX sube, sí, pero lo hace con el freno de mano geopolítico siempre echado a medio clic.

Resultados empresariales: Apple marca el tono del apetito por riesgo

El giro del sentimiento inversor tiene un detonante evidente: Apple. La tecnológica ha prometido un crecimiento de ingresos de hasta el 16% para el trimestre de marzo, apoyado en una demanda robusta del iPhone, un repunte del negocio en China y la aceleración en India. Ese mensaje ha actuado como catalizador global del apetito por riesgo, en un momento en el que el mercado se debatía entre el miedo a unos tipos más altos durante más tiempo y la esperanza de que el ciclo de beneficios empezara a sorprender al alza.

Lo más relevante es que la mejora de Apple se produce en plena guerra mundial por la inteligencia artificial, donde los grandes gigantes tecnológicos están sometidos a una presión creciente para demostrar que sus inversiones multimillonarias se traducen en flujo de caja real y no solo en narrativas. Los analistas advierten de que, en esta fase del ciclo, no basta con batir las previsiones: hay que hacerlo con holgura y, además, ofrecer un “guidance” suficientemente agresivo.

En este contexto, el rebote de Wall Street tras los resultados de Apple ha tenido un efecto arrastre sobre Europa y, por extensión, sobre el IBEX. La lectura de fondo es clara: mientras la economía global aguante y los beneficios empresariales acompañen, los inversores están dispuestos a mirar por encima del ruido político… siempre que la Fed no cambie bruscamente el guion.

La banca española tira del carro del IBEX

Si hay un sector que explica la fortaleza del IBEX, ése es la banca. En la sesión de este viernes, Caixabank se disparaba en torno al 3,4%, liderando las subidas del selectivo tras presentar resultados y anticipar un nuevo incremento de ingresos gracias a las “buenas perspectivas de la economía española”. Junto a ella, Santander, BBVA, Sabadell, Bankinter y Unicaja avanzaban entre el 0,8% y el 1,4%, configurando de nuevo la imagen habitual: la banca como motor del índice.

CaixaBank SA

El contexto macro les acompaña. España acaba de confirmar un crecimiento del 2,8% del PIB en 2025, de nuevo muy por encima de las grandes economías del euro, mientras la tasa de paro ha caído por primera vez desde 2008 por debajo del 10%, gracias a la creación de más de medio millón de empleos en un solo año.
Para el negocio bancario, eso significa más crédito solvente, menos morosidad y mayores volúmenes de actividad.

Al mismo tiempo, el mantenimiento de tipos oficiales aún elevados –pese a que el mercado descuenta recortes graduales en 2026– mantiene los márgenes de intermediación en niveles históricamente cómodos.
El contraste con la banca europea, más expuesta a economías anémicas y a curvas de tipos más comprimidas, resulta demoledor. Para el inversor internacional, la ecuación es simple: más crecimiento, más beneficio y valoraciones todavía por debajo de los máximos históricos.

Europa se suma al optimismo, pero con matices

El rebote no es exclusivo de la Bolsa española. El STOXX 600 europeo avanzaba alrededor de un 0,4% y se encamina también a encadenar siete meses de subidas, con una ganancia cercana al 3% en enero, apoyado en unas cuentas empresariales mejores de lo previsto.
Entre los nombres propios brillan Adidas, impulsada por un nuevo programa de recompra de acciones y ventas récord, y Electrolux, que ha sorprendido al mercado con una mejora del margen operativo pese al frenazo del consumo de bienes duraderos.

Sin embargo, el mapa europeo sigue siendo desigual. Mientras España lidera el crecimiento, con ese 2,8% anual y un último trimestre avanzando un 0,8%, la zona euro en su conjunto cerró 2025 con un tímido 1,3% de expansión, sosteniéndose sobre el tirón de la demanda interna y la inversión, pero lastrada por las exportaciones y por la incertidumbre en torno a la política comercial de Estados Unidos.

Este hecho revela una divergencia que el mercado está empezando a poner en precio: no todas las Bolsas europeas juegan el mismo partido. Aquellas apoyadas en economías más dinámicas y menos dependientes de la demanda externa —como España o Portugal— están captando más flujo inversor frente a plazas mucho más expuestas al ciclo industrial alemán o al comercio global.

Trump, la Reserva Federal y el pulso a Powell

La otra gran variable del día no cotiza en el IBEX, sino en Washington. Los operadores se preparan para que el presidente Donald Trump nombre un sucesor de Jerome Powell en la Reserva Federal, tras semanas de presión pública para forzar recortes agresivos de tipos de interés.

En los últimos días, Trump ha redoblado sus críticas al banco central y ha llegado a amenazar con más cambios en el directorio, alimentando el temor a una politización de la política monetaria. La reunión en la Casa Blanca con el exgobernador Kevin Warsh ha disparado las apuestas sobre su posible nombramiento. Warsh, que ya figuraba entre los nombres barajados por el mercado, es percibido como un perfil capaz de combinar tipos algo más bajos con una defensa mínima de la independencia de la Fed.

Como sintetizan los analistas de una firma nacional, “la elección de Warsh sería bien acogida al tratarse de un perfil técnico y relativamente independiente frente a otros candidatos más políticos”.
La cuestión clave es si ese equilibrio será suficiente para calmar a los mercados de bonos, que han visto cómo las expectativas de recortes se han ido moderando mientras la inflación subyacente se resiste a caer al ritmo deseado.

Riesgo de cierre de la Administración y guerra fiscal contenida

En el frente fiscal, otro foco de inquietud parecía moderarse. La amenaza de un cierre parcial de la Administración estadounidense se ha reducido después de que Trump apoyara un acuerdo de gasto negociado entre republicanos y demócratas en el Senado, aunque el propio presidente ha admitido que el cierre sigue sobre la mesa mientras se discuten las medidas migratorias.

Un shutdown prolongado habría tenido un impacto directo sobre la confianza global, la emisión de deuda del Tesoro y, por extensión, sobre unos mercados ya muy sensibles al repunte de las tires largas. Por ahora, el acuerdo logrado en el Congreso ofrece una tregua parcial: despeja el corto plazo, pero no resuelve el conflicto de fondo sobre el nivel de gasto y el uso de la política fiscal en pleno año electoral.

La consecuencia para el IBEX es más indirecta pero no menos relevante. Un Estados Unidos más inestable fiscalmente implicaría un dólar más volátil, un mayor nerviosismo en los mercados de deuda y, potencialmente, un encarecimiento de la financiación para empresas muy endeudadas. Por ahora, el anuncio de Warsh ha reforzado al billete verde y ha empujado a la baja los activos refugio, pero el equilibrio sigue siendo extremadamente frágil.

Geopolítica, oro a 5.000 dólares y un mercado que no se fía

Como telón de fondo, persisten las tensiones geopolíticas. La amenaza de una operación militar estadounidense contra el régimen iraní, acompañada de la advertencia de Trump de aplicar un arancel del 25% a cualquier país que comercie con Irán, mantiene a los inversores en guardia.
Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha advertido a Reino Unido sobre su aproximación económica a China, introduciendo un nuevo elemento de fricción en la ya compleja relación transatlántica.

El reflejo inmediato se ve en los activos refugio. El oro, que había escalado por encima de los 5.000 dólares la onza en las últimas semanas, ha sufrido una corrección brusca —superior al 4% en la sesión— tras confirmarse el perfil más ortodoxo de Warsh, mientras la plata ha registrado caídas todavía más abultadas.
Este violento ajuste ilustra hasta qué punto el mercado había comprado el escenario de una Fed sometida a la presión política y obligada a recortar tipos con rapidez.

El contraste resulta elocuente: mientras los índices de renta variable celebran la fortaleza macro y los beneficios, la curva de tipos estadounidenses y el comportamiento de los metales preciosos revelan un nerviosismo latente ante cualquier error de política económica o escalada geopolítica. El rally del IBEX se construye, así, sobre una base sólida… pero no exenta de grietas.