El IBEX salva los 17.000 tras una semana al límite

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La bolsa española arranca el viernes al alza tras el desplome de la víspera, pero el rebote llega en un mercado aún dominado por la guerra en Oriente Medio, el petróleo y el temor a nuevas subidas de tipos.

El IBEX 35 apenas iniciaba la sesión del viernes cuando volvía a situarse por encima de los 17.000 puntos, en un movimiento que servía para corregir parte del fuerte tropiezo registrado en la jornada anterior. El avance, sin embargo, no puede leerse como una señal de normalización. Llega tras una semana de vértigo, marcada por la escalada militar entre Israel e Irán, el repunte de la energía y un giro brusco en las expectativas monetarias globales.

Índice IBEX 35

A primera hora, el selectivo español subía 208,3 puntos, un 1,23%, hasta los 17.114,20 puntos, mientras el índice europeo FTSE Eurofirst 300 avanzaba un 0,80%. En el balance semanal, el IBEX mantenía una modesta ganancia del 0,32%, una cifra que resume bien el tono de los últimos días: rebotes puntuales, fuerte volatilidad y un mercado pendiente de cada titular geopolítico.

Una apertura al alza tras el golpe del jueves

La clave de la sesión está en el matiz. El IBEX no ha salvado la semana ni ha consolidado niveles al cierre; simplemente ha arrancado el viernes con avances después del fuerte castigo sufrido el jueves. La diferencia no es menor. En escenarios de alta volatilidad, una apertura positiva puede responder más a un ajuste técnico o a una toma de posiciones oportunista que a una mejora real del sentimiento de mercado.

Ese es precisamente el contexto actual. El selectivo español llegaba a la última sesión de la semana después de varios días en los que el precio de los activos se ha movido al ritmo de la guerra en Oriente Medio y de sus consecuencias sobre la energía. El rebote matinal permite recuperar una referencia simbólica, los 17.000 puntos, pero el diagnóstico sigue siendo frágil. Lo más grave es que el mercado continúa sin una referencia estable para valorar el alcance económico del conflicto.

Este hecho revela que la reacción de la bolsa no debe confundirse con fortaleza estructural. Cuando el mercado oscila entre sobresaltos geopolíticos y cambios súbitos en las expectativas de tipos, las subidas iniciales pueden evaporarse con la misma rapidez con la que aparecen. Por ahora, el IBEX reacciona, pero no confirma.

Oriente Medio vuelve a marcar el paso

La semana ha estado condicionada por una nueva escalada militar en Oriente Medio que ha sacudido a los mercados internacionales. El jueves, los precios del petróleo y del gas repuntaron con fuerza tras la respuesta de Irán a un ataque israelí contra un importante yacimiento gasista. Según el relato conocido por el mercado, los daños causados podrían tardar años en repararse, un elemento que disparó las primas de riesgo sobre el suministro energético.

Ya el viernes, Israel lanzó una nueva oleada de ataques contra Irán apenas un día después de que Donald Trump le advirtiera de que no repitiera ataques sobre infraestructuras de gas natural iraníes. Ese cruce de amenazas, represalias y advertencias ha sido suficiente para reinstalar un miedo que Europa conoce bien: el de un shock energético con capacidad para contaminar crecimiento, precios y política monetaria a la vez.

El contraste con otras fases recientes resulta revelador. Hasta hace apenas unas semanas, el mercado había desplazado el foco hacia la desaceleración de la inflación y la eventual relajación monetaria. Ahora, el petróleo vuelve a ocupar el centro del tablero. Y cuando eso sucede, la capacidad del mercado para anticipar un escenario benigno se reduce drásticamente.

El crudo por encima de 100 dólares reabre el riesgo

Aunque el tono se calmó algo en las primeras horas del viernes, la tensión sobre la energía sigue siendo muy elevada. El Brent continúa por encima de los 100 dólares por barril, con un avance del 47% en lo que va de mes, mientras el crudo estadounidense acumula una subida del 40% en el mismo periodo. Son cifras de enorme impacto macroeconómico, especialmente para una economía europea dependiente de la importación energética.

El mercado se agarra a algunos factores de alivio. Varios países europeos, Canadá y Japón se han mostrado dispuestos a participar en los esfuerzos para garantizar un paso seguro por el estrecho de Ormuz, al tiempo que Estados Unidos ha detallado movimientos para elevar la oferta. Sin embargo, la falta de medidas inmediatas y plenamente concretas impide hablar de una solución firme. Hay contención táctica, no resolución estructural.

La consecuencia es clara: el petróleo puede moderarse puntualmente, pero el riesgo energético sigue plenamente insertado en los precios. Y ese riesgo no afecta solo a las compañías intensivas en consumo de energía. También golpea a la industria, al transporte, al consumo y, en última instancia, a las expectativas de beneficios empresariales. El rebote bursátil de primera hora convive así con un trasfondo mucho más sombrío.

El mercado gira de golpe en tipos de interés

Uno de los efectos más visibles del shock energético ha sido el vuelco en las expectativas globales sobre tipos de interés. El repunte del crudo ha llevado al mercado a replantearse el calendario monetario de los grandes bancos centrales. De hecho, la Reserva Federal aparece ahora como el único gran banco central del que no se espera una subida de tipos este año, mientras el resto vuelve a quedar bajo sospecha de endurecimiento.

En Reino Unido, los operadores asignan un 40% de probabilidad a una subida de tipos del Banco de Inglaterra el mes próximo. En la eurozona, algunas firmas empiezan a deslizar incluso la posibilidad de que el BCE deba abrir ya en abril el debate sobre nuevas alzas. Renta 4 recordaba este viernes que el mercado descuenta entre 2 y 3 subidas de tipos en 2026, unos 69 puntos básicos, frente a la ligera probabilidad de recortes que existía antes de la guerra.

Lo más inquietante es el motivo de ese giro. No responde a una economía recalentada ni a una explosión del crédito, sino a un shock de oferta vinculado a la energía. Es decir, a un problema que la política monetaria no corrige de forma directa. Y ahí aparece una de las mayores amenazas para los mercados: que los bancos centrales terminen endureciendo su postura para combatir una inflación importada, agravando a la vez la desaceleración.

El fantasma de la estanflación vuelve al mercado

En las mesas de análisis vuelve a repetirse una palabra que había quedado arrinconada: estanflación. La combinación de crecimiento débil y repunte de precios vuelve a colarse en las previsiones justo cuando el mercado confiaba en una cierta estabilización del ciclo. El diagnóstico es inequívoco: si la energía sigue tensionada y los bancos centrales responden con más dureza, el margen para un aterrizaje suave se reduce de forma considerable.

La experiencia histórica invita a la cautela. Renta 4 advertía este viernes de que no tiene sentido subir tipos para combatir un shock de oferta, ya que eso podría suponer repetir errores del pasado, en alusión a las subidas promovidas por Jean-Claude Trichet en 2008 y 2011 ante el encarecimiento del crudo. Entonces, aquellas decisiones terminaron siendo corregidas en medio de la Gran Crisis Financiera y de la crisis de deuda europea.

El paralelismo no implica una repetición automática, pero sí una advertencia muy seria. Europa vuelve a encontrarse ante una perturbación externa que presiona los precios mientras el crecimiento aún no ofrece una base sólida. Lo más grave no es solo la inflación, sino el riesgo de que la respuesta institucional agrave el daño sobre la actividad. Esa es la combinación que más inquieta ahora a la renta variable.

La banca lidera el rebote en los primeros compases

En la apertura del viernes, el sector bancario volvió a actuar como principal soporte del índice. Santander avanzaba un 2,18% y BBVA un 2,20%, mientras CaixaBank subía un 0,84%, Sabadell un 1,29%, Bankinter un 0,80% y Unicaja un 1,20%. La explicación es directa: cuando el mercado vuelve a descontar un escenario de tipos más altos, los bancos suelen beneficiarse por la expectativa de mayores márgenes.

Sin embargo, el rebote del sector también exige una lectura prudente. Un entorno de tipos al alza puede mejorar ingresos financieros en el corto plazo, pero solo mientras la economía no entre en una fase de deterioro más severo. Si el encarecimiento de la energía termina frenando actividad y elevando el riesgo de impago, la aparente ventaja de la banca podría reducirse con rapidez. De momento, el mercado compra la primera derivada; la segunda sigue abierta.

Entre los grandes valores no financieros, la apertura era más contenida. Telefónica subía un 0,55%, Inditex un 0,51%, Iberdrola un 0,61% y Cellnex un 0,63%, mientras Repsol cedía un 1,45%. Ese movimiento en la petrolera resume bien la complejidad del momento: incluso con el crudo alto, el mercado no premia automáticamente a todos los ganadores aparentes cuando la volatilidad geopolítica domina la escena.

El rebote existe, pero la fragilidad sigue intacta

La recuperación inicial del IBEX permite recomponer parcialmente el deterioro de la víspera, pero no altera el marco general de riesgo. La semana ha dejado una enseñanza clara: el mercado vuelve a estar expuesto a factores que no controla. Ni las empresas, ni los inversores, ni siquiera los bancos centrales pueden gestionar con precisión el impacto inmediato de una escalada militar sobre la energía.

Por eso, interpretar el avance de apertura como una señal concluyente sería precipitado. El selectivo español muestra una ganancia semanal del 0,32%, pero esa cifra es compatible con una enorme inestabilidad interna. Lo que ha cambiado no es el nivel del índice, sino la naturaleza del riesgo. La bolsa ya no se mueve solo por resultados, valoraciones o perspectivas de crecimiento, sino por la posibilidad de un shock prolongado en el suministro energético y por el reajuste de toda la curva de tipos.

El IBEX ha recuperado los 17.000 puntos en la apertura, pero todavía no ha recuperado visibilidad. Y en mercados de alta tensión, esa diferencia puede ser decisiva a medida que avance la sesión y, sobre todo, en las próximas semanas.