Trump amenaza a España y IBEX 35 pierde 7%
La quinta jornada de la guerra en Irán ha devuelto a los mercados españoles a un escenario que mezcla pánico geopolítico, riesgo energético y amenaza comercial directa. Tras dos sesiones negras en las que el IBEX 35 se ha dejado en torno a un 7% de su capitalización, el selectivo ha fracasado este miércoles en su intento de rebote y ha vuelto al rojo, a contracorriente de otras bolsas europeas que lograban ligeros avances. A la preocupación por una crisis energética global se suma ahora el riesgo de que Donald Trump cumpla su advertencia de “cortar todo el comercio con España” por la negativa de La Moncloa a ceder sus bases militares para los ataques contra el régimen de los ayatolás. El índice español arriesga ya el nivel psicológico de los 17.000 puntos, mientras los inversores descuentan un escenario de mayor inflación, tipos más altos durante más tiempo y un enfriamiento abrupto de las relaciones con Washington.
Tras el desplome del 4,6% registrado el martes, la mayor caída diaria desde abril de 2025, el mercado español amanecía este miércoles con la esperanza de un rebote técnico que aliviara parte del castigo acumulado desde el inicio de las operaciones militares de Estados Unidos e Israel en Irán. Ese rebote llegó a esbozarse en los primeros compases de la sesión, pero duró poco: el IBEX 35 regresó al rojo y llegó a perforar intradía los 17.000 puntos, símbolo de hasta qué punto ha cambiado el sesgo de los inversores en apenas cinco días.
Mientras tanto, el EuroStoxx 300 conseguía avances cercanos al 0,3%-0,4%, lo que subraya la singular debilidad del mercado español en este episodio. El contraste resulta elocuente: donde otros parqués europeos hablan de corrección, el IBEX 35 ya afronta un ajuste más cercano a una mini-crisis de confianza. La consecuencia es clara: la Bolsa española vuelve a cotizar con un descuento creciente frente a sus homólogas europeas, penalizada tanto por su composición sectorial —muy bancarizada y cíclica— como por un riesgo político que en esta ocasión es exógeno, pero no por ello menos determinante.
Los gestores coinciden en que parte de la caída responde a una huida de posiciones tácticas que habían entrado en el rally de finales de 2025, pero advierten de que, si la tensión se prolonga, el daño puede hacerse estructural en forma de menor interés inversor internacional sobre los activos españoles.
Trump añade gasolina al fuego
El elemento diferencial en este episodio no es solo la guerra en Irán, sino el tono de las declaraciones de Donald Trump. El presidente estadounidense ha pasado de la mera presión diplomática a la amenaza económica explícita: “Tengo derecho a detener cualquier negocio que tenga que ver con España. Embargos: puedo hacer lo que quiera con ellos, y es posible que lo hagamos con España”, afirmó desde la Casa Blanca, después de que el Gobierno de Pedro Sánchez se negara a permitir el uso de bases en territorio español para apoyar los ataques.
El diagnóstico de los analistas es inequívoco. Estados Unidos es actualmente la principal fuente de GNL importado por España y el mercado extracomunitario más relevante para muchas compañías del IBEX. Un embargo, aunque fuera parcial o selectivo, golpearía simultáneamente a la balanza energética, al sector exportador y a la confianza inversora. De ahí la advertencia de Renta 4: “Atención a si se concreta de alguna forma la amenaza de embargo comercial a España”, recuerdan, subrayando la estrecha dependencia de las plantas regasificadoras españolas del gas estadounidense.
La escena tiene además una dimensión europea. El canciller alemán Friedrich Merz, presente en la reunión con Trump, se vio obligado a recordarle que España forma parte de la UE y que cualquier acuerdo comercial debe incluirla. Sin embargo, este hecho revela otra vulnerabilidad: si el conflicto se traslada al terreno de aranceles, sanciones o restricciones selectivas, la capacidad de reacción comunitaria podría llegar tarde para el mercado financiero, que ya se mueve en cuestión de minutos.
El umbral psicológico de los 17.000 puntos
El nivel de los 17.000 puntos se ha convertido en la referencia psicológica de la semana para el IBEX 35. No solo por su carga simbólica, sino porque en torno a esa cota se concentran numerosos soportes técnicos, órdenes de stop y algoritmos de negociación. Perderla de forma sostenida podría desencadenar ventas adicionales automáticas y agravar la espiral bajista.
Desde el inicio del año, el índice había logrado consolidarse por encima de esa marca gracias al tirón de bancos, energéticas y algunos valores defensivos, lo que permitía hablar de cierta normalización respecto a los grandes índices europeos. La guerra en Irán, sin embargo, ha borrado en cuestión de días gran parte de esas ganancias y ha devuelto al mercado español a una posición de fragilidad.
Los gestores señalan que un cierre semanal por debajo de 17.000 enviaría una señal muy negativa a los fondos internacionales, que temen verse atrapados en un mercado pequeño, volátil y con riesgo geopolítico específico. El contraste con otras plazas, donde las caídas son relevantes pero siguen dentro de un rango tolerable, resulta demoledor para la imagen de España como destino de inversión.
La referencia histórica es clara: en episodios como la crisis de deuda soberana de 2011-2012, la pérdida de niveles clave actuó como catalizador de salidas de capital que tardaron años en revertirse. Esa memoria pesa hoy sobre las decisiones de los grandes inversores.
Bancos y constructoras, en el punto de mira
El castigo se concentra en dos de los pilares clásicos del IBEX 35: banca y construcción. Caixabank encabezaba las caídas con retrocesos en torno al 2%, mientras que entidades como Santander, Sabadell, Bankinter o Unicaja registraban pérdidas adicionales tras el desplome del martes. Lo más grave, advierten los analistas, es que estos valores eran hasta hace apenas unas semanas uno de los motores del índice, apoyados en la expectativa de recortes de tipos graduales y una economía europea evitando la recesión.
La guerra en Irán y el repunte del crudo cambian el guion. Un shock energético prolongado implicaría más inflación y menor crecimiento, el peor escenario posible para el negocio bancario: menor demanda de crédito, más morosidad y retraso en la normalización de la política monetaria. A ello se suma la sensibilidad del sector a la confianza inversora internacional: cada aumento de la prima de riesgo se traduce en un encarecimiento de la financiación mayorista para las entidades españolas.
En paralelo, constructoras y concesionarias como Sacyr, Ferrovial o ACS sufrían también recortes significativos. El mercado descuenta el riesgo de parálisis en grandes proyectos, impacto en el tráfico de autopistas y aeropuertos, y un entorno de financiación más exigente. El diagnóstico es claro: los sectores más intensivos en capital y deuda vuelven a ser los primeros sacrificados cuando el mercado se pone en modo aversión al riesgo.
Energía, petróleo y el cuello de botella de Ormuz
Si la renta variable busca respiro, el mercado del petróleo no conoce tregua. El Brent avanzaba cerca de un 2,8%, hasta los 83,6 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) se situaba prácticamente en el mismo nivel, en torno a 83,7 dólares. La razón central es el estrecho de Ormuz, un cuello de botella por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas mundial y donde los buques petroleros y mercantes están encontrando crecientes dificultades para atravesar con normalidad.
En este contexto, Repsol, que había sido el gran valor refugio de la semana con una revalorización cercana al 9% desde el lunes, empezaba a ser objeto de recogida de beneficios. En el lado opuesto, Solaria se disparaba alrededor de un 4%, seguida por Acciona y Endesa, beneficiadas por la lógica de rotación hacia renovables y utilities reguladas cuando el crudo se desboca.
Los expertos de Bankinter intentan enfriar los ánimos, al menos parcialmente. “De momento, los futuros de crudo a corto plazo reaccionan virulentamente al alza, pero los contratos a mayor plazo más moderadamente, indicando que el escenario central es de una duración de semanas más que meses”, apuntan. Señalan que los futuros del Brent para marzo se sitúan en torno a 84 dólares, mientras que a enero de 2027 caen hacia los 69 dólares. Pese a ello, el salto del 71% en los futuros de gas natural a un mes desde el viernes —frente al 17% a un año— evidencia que el mercado no descarta episodios de tensión extrema a corto plazo.
Lecciones de otras crisis energéticas
El mercado español se enfrenta a un patrón que ya ha visto antes, pero con particularidades nuevas. La combinación de conflicto en Oriente Próximo, tensión en un chokepoint estratégico como Ormuz y subidas bruscas del petróleo remite a episodios como el ataque a instalaciones de Saudi Aramco en 2019 o, en otra escala, al shock gasístico derivado de la invasión rusa de Ucrania en 2022. Sin embargo, el contraste con aquellos momentos resulta demoledor para España.
Entonces, el foco estaba en la dependencia europea del gas ruso; hoy, el riesgo se desplaza hacia la dependencia del gas estadounidense, precisamente cuando Washington lanza amenazas directas a Madrid. El margen de maniobra es menor: sustituir volúmenes significativos de GNL procedente de Estados Unidos en plena crisis de Ormuz exigiría una coordinación europea total y una rápida reorientación de flujos globales que no está garantizada.
Además, el contexto macroeconómico es distinto. En 2022, los bancos centrales se encontraban en plena fase de subidas agresivas de tipos y tenían cierto margen para sorprender con una postura más dura. Ahora, el mercado contaba con un calendario de recortes graduales a lo largo de 2026; la guerra en Irán y el repunte de la energía obligan a reabrir el debate. Si la inflación repunta y los recortes se retrasan, el castigo a los activos de riesgo puede prolongarse mucho más de lo que descuentan hoy las cotizaciones.