La desconexión entre minoristas e institucionales, el alza del riesgo de impago y la ofensiva silenciosa de China vuelven a encender las alarmas en los mercados

Las 7 magníficas tiemblan: ¿se avecina una crisis como la de 2008?

Las 7 magníficas tiemblan: ¿se avecina una crisis como la de 2008?

La fotografía que traza Gabriel Montalto sobre los mercados recuerda demasiado a un déjà vu de 2008. Inversores minoristas e institucionales avanzan en direcciones opuestas, mientras los indicadores de cobertura y riesgo de impago empiezan a parpadear en rojo en torno a las grandes tecnológicas. Al mismo tiempo, el dinero más prudente acelera su llegada a refugios clásicos como el oro y a nuevos activos como Bitcoin, vía ETF, dejando una huella clara de inquietud. En paralelo, China ejecuta una estrategia paciente, acumulando oro físico hasta duplicar las reservas de sus competidores más cercanos, con la vista puesta en el tablero geopolítico de largo plazo. Este conjunto de movimientos no encaja con un simple bache de mercado: sugiere un cambio de fase.
 

Un mercado partido en dos

La primera señal de alarma que destaca Montalto es la fractura entre dos tipos de actores: el inversor minorista y el institucional. El diagnóstico es sencillo de formular, pero inquietante en sus implicaciones. Mientras el pequeño inversor sigue comprando renta variable a un ritmo intenso, las grandes manos del mercado se están replegando, levantando defensas y pagando cada vez más por sus coberturas.

Este movimiento divergente no es nuevo, pero cuando alcanza determinados niveles suele preceder giros relevantes de ciclo. El inversor minorista, animado por relatos de "subidas eternas" y por el peso casi mítico de las ‘7 magníficas’, muestra un apetito de riesgo creciente. Frente a él, el dinero profesional lee los mismos gráficos… y decide protegerse.

El contraste entre la euforia minorista y la prudencia institucional es, por sí mismo, un síntoma de madurez tardía de ciclo. Cuando una parte del mercado actúa como si el riesgo hubiera desaparecido y la otra refuerza sus blindajes, la historia demuestra que no pueden estar los dos acertados durante mucho tiempo.

El optimismo ciego del inversor minorista

En el lado minorista, Montalto describe un clima que bordea la complacencia. Los flujos hacia fondos y vehículos ligados a renta variable, especialmente tecnológica, siguen siendo elevados. Es verosímil que más del 60% del nuevo dinero minorista se esté concentrando en este segmento, empujado por narrativas de crecimiento perpetuo y por el precedente de los últimos años, donde cualquier corrección ha sido vista como una oportunidad de compra.

Lo preocupante no es sólo el optimismo, sino la falta de percepción del riesgo de crédito que rodea a algunas de las compañías fetiche del mercado. Para muchos pequeños inversores, que el valor suba y que la marca sea conocida parece garantía suficiente. La complejidad de instrumentos como los CDS o las coberturas sistemáticas queda fuera de su radar.

Este hecho revela una asimetría peligrosa: quienes menos herramientas tienen para soportar una corrección profunda son, precisamente, quienes más exposición bruta acumulan al riesgo de caída. Si el escenario que Montalto vislumbra termina materializándose, el impacto sobre este colectivo podría ser especialmente severo, con ventas forzadas, pánico y salidas tardías que consolidarían las pérdidas.

Coberturas récord y aviso en el S&P 500

En el lado institucional, la historia es radicalmente distinta. Montalto pone el foco en un dato que no admite demasiadas interpretaciones: el ratio Put-Call del S&P 500 por encima de 1,1. Traducido, significa que se negocian más opciones de venta (protección ante caídas) que de compra (apuestas alcistas), algo que suele anticipar fases de corrección o, como mínimo, de volatilidad elevada.

No es un movimiento aislado. Las entidades financieras y los grandes fondos han intensificado sus estrategias de cobertura, construyendo auténticos "paracaídas" frente a escenarios adversos. La consecuencia es clara: el mercado oficial muestra índices en zona de máximos o cerca de ellos, pero la ingeniería de protección en la trastienda cuenta otra historia mucho menos triunfalista.

Este divorcio entre precio y protección recuerda a momentos previos a otras crisis, en los que la superficie del mercado aparentaba calma mientras, debajo, los actores más sofisticados se preparaban para un cambio brusco de régimen. Cuando el seguro se encarece y se acumula, rara vez es por casualidad.

El VIX avisa: apuestas por una tormenta de volatilidad

La alerta no se limita al S&P 500. Montalto subraya un elemento técnico que suele pasar desapercibido para el gran público: la acumulación de opciones sobre el índice de volatilidad VIX con precios de ejercicio muy por encima del nivel actual. En términos sencillos, se trata de una apuesta directa a que la volatilidad va a dispararse.

Los datos apuntan a que una parte muy significativa del volumen –en torno al 70%– se concentra en strikes que implican subidas del VIX de más del 30%. Es decir, no se está anticipando un ligero nerviosismo, sino un salto abrupto en la percepción del riesgo. Este posicionamiento suele estar protagonizado por fondos de cobertura, desks de derivados en grandes bancos y gestores que buscan beneficiarse de episodios de estrés.

Lo más grave es que este tipo de estructuras rara vez se construyen de un día para otro. Responden a análisis de escenarios, pruebas de estrés y modelos que asumen correcciones relevantes en las cotizaciones y potenciales problemas de liquidez. No significa que el escenario extremo sea inevitable, pero sí que está lo bastante presente como para que el dinero sofisticado esté dispuesto a pagar por él hoy.

CDS al alza: el coste de asegurar a las ‘big tech’

Quizá el indicador más inquietante que destaca Montalto es el de los CDS, los seguros de impago sobre deuda corporativa. Nombres como Oracle, Amazon o Meta empiezan a mostrar un comportamiento que rompe con la narrativa de seguridad casi absoluta que se había construido en torno a las grandes tecnológicas. El coste de protegerse frente a un impago ha repuntado de forma sustancial, en rangos de entre el 30% y el 50% en poco tiempo, según los movimientos descritos.

Aquí reside el núcleo del problema: si el mercado empieza a exigir más prima para asegurar la deuda de estos gigantes, está admitiendo que su perfil de riesgo ya no es tan inmaculado. Y cuando esto sucede en compañías cuyo peso conjunto alcanza cerca del 30% del S&P 500, el efecto arrastre sobre el resto del sistema es prácticamente inevitable.

Algunos expertos citados por Montalto apuntan a que la crisis que se prepara podría incluso superar en profundidad a la burbuja puntocom del año 2000. No por la magnitud de las caídas puntuales, sino por el grado de interconexión financiera y el papel central que estas compañías juegan hoy en carteras, índices y derivados. El diagnóstico es inequívoco: una tensión sostenida en estos CDS es incompatible con una aparente calma estructural.

Oro, Bitcoin y el mapa secreto del dinero institucional

Ante este panorama, el dinero institucional, lejos de quedarse inmóvil, está rehaciendo el mapa de sus posiciones. Montalto enfatiza el flujo progresivo hacia el oro y hacia Bitcoin a través de ETFs regulados, un movimiento que suele asociarse a fases de creciente desconfianza en los activos de riesgo tradicionales.

El oro, activo refugio por excelencia, vuelve a ganar protagonismo cuando la percepción de impago y la volatilidad potencial aumentan. Su papel no ha desaparecido pese a la irrupción de nuevas alternativas. Bitcoin, por su parte, entra en escena como una suerte de "oro digital" para una parte del mercado, especialmente cuando se puede acceder a él con la comodidad y seguridad jurídica de un ETF.

Estos desplazamientos no implican un abandono total de la renta variable, pero sí una recomposición de carteras hacia esquemas más defensivos, en los que el objetivo no es maximizar la rentabilidad, sino limitar el daño en escenarios adversos. Cuando el capital más informado decide pagar el peaje de la protección, la señal para el resto de actores es inequívoca.

La jugada silenciosa de China con el oro físico

Mientras occidente debate sobre ratios de cobertura y volatilidad, China parece centrada en otro tablero: el de la acumulación sistemática de oro físico. Montalto apunta a una realidad difícil de ignorar: el gigante asiático lleva años comprando metal precioso a un ritmo que ya le permite duplicar las reservas de algunos de sus competidores más directos.

Este movimiento no es inocente ni coyuntural. Se inserta en una estrategia más amplia de reducción de dependencia del dólar y de preparación para un escenario en el que la arquitectura financiera global pueda ser cuestionada o, al menos, reequilibrada. El oro, en este contexto, es tanto un activo financiero como una herramienta geopolítica.

La consecuencia potencial es clara: en una hipotética crisis financiera de gran calado, los países con mayores colchones en activos reales y menos exposición a deuda externa en dólares partirían desde una posición de fuerza. La ofensiva silenciosa de China con el oro indica que Pekín no descarta un escenario de fricción prolongada en los mercados y en el orden monetario internacional.

Ecos de 2008: similitudes y diferencias

La comparación con 2008 no es gratuita, pero tampoco automática. Montalto advierte de similitudes inquietantes: desconexión entre percepción de riesgo minorista e institucional, encarecimiento de los seguros de impago, búsqueda acelerada de refugios y un uso masivo de derivados para gestionar (o amplificar) el riesgo.

Sin embargo, el epicentro potencial es distinto. En 2008, el foco estaba en la deuda hipotecaria y el sistema bancario tradicional. Hoy, el punto crítico parece desplazarse hacia las grandes tecnológicas y el complejo entramado de productos financieros que se ha construido en torno a ellas. El contraste con otras épocas resulta demoledor: las compañías que durante años han sido percibidas como el motor indiscutible del crecimiento podrían convertirse en el principal vector de transmisión del shock.

La gran incógnita es si la regulación actual, tanto bancaria como de mercados de capitales, será suficiente para contener una crisis de confianza en estos gigantes. Una venta forzada coordinada de posiciones en las ‘7 magníficas’ tendría efectos de segunda y tercera ronda difíciles de acotar ex ante.