Se acaba el último tratado nuclear y el dinero huye al oro, Dow Jones aguanta

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Mercados al borde: 285.000 millones borrados en plena tormenta nuclear. La expiración del último gran tratado atómico, el desplome tecnológico por la IA y la tensión con Irán abren una jornada europea marcada por el miedo y la búsqueda de refugio

El mundo financiero ha amanecido este jueves en territorio completamente desconocido. En un mismo cuadro se mezclan la expiración del último gran tratado nuclear entre Estados Unidos y Rusia, una venta masiva de 285.000 millones de dólares en tecnología ligada a la IA, nuevas advertencias de Donald Trump a Irán y un BCE que mantiene los tipos mientras la inflación de la eurozona cae al 1,9%.
Con este telón de fondo, los índices llegan a la apertura europea con signo mixto, el dólar firme y un bitcoin bajo presión vendedora tras deslizarse hacia los 72.000 dólares.
Al mismo tiempo, los metales preciosos vuelven a reivindicarse como refugio, pero con una volatilidad extrema: la plata, tras un rally explosivo, ha llegado a desplomarse casi un 15% en cuestión de horas.

Símbolo Última Cbo Cambio%
SPX 6.882,72 -35,09 -0,51%
IBEX35 18.102,49 -16,72 -0,09%
NDX 24.891,24 -447,38 -1,77%
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BTCUSDT 70.580,71 -2.585,12 -3,53%
GOLD 4.916,813 -47,382 -0,95%

 

Un arranque europeo con brújula geopolítica y miedo a la IA

La apertura europea se produce con índices desorientados, incapaces de marcar una dirección clara ante un choque simultáneo de factores de riesgo. El flujo de órdenes muestra una paradoja muy propia de los momentos de cambio de ciclo: entrada selectiva de dinero en sectores defensivos, reducción agresiva en tecnología y, al mismo tiempo, búsqueda desesperada de liquidez en activos tan distintos como divisas fuertes y deuda de alta calidad.

El dólar se mantiene firme, alimentado por la percepción de que Estados Unidos sigue siendo el activo refugio por defecto frente a un tablero global cada vez más fragmentado. Sin embargo, el repunte del billete verde convive con un incremento evidente de la aversión al riesgo, visible en la presión vendedora sobre bitcoin y en los movimientos erráticos en materias primas.

La consecuencia es clara: el mercado ya no solo descuenta datos macro, sino escenarios de ruptura, desde un error de cálculo nuclear hasta una escalada en Oriente Medio que dispare el petróleo. La volatilidad, más que una anomalía, se convierte en el lenguaje de fondo de la sesión.

Trump y Teherán: advertencias en plena negociación

En este clima, las nuevas declaraciones de Donald Trump añaden una capa adicional de incertidumbre. El expresidente ha asegurado que el liderazgo iraní “debería estar muy preocupado”, en plena antesala de la reunión prevista en Mascate (Omán) para retomar las conversaciones nucleares. Washington pretende ampliar el marco a misiles balísticos y apoyo a milicias en la región, líneas rojas que Teherán se resiste a cruzar.

El contexto ya llegaba enrarecido tras el derribo de un dron iraní y un nuevo repunte del petróleo, que devuelve a la memoria episodios de tensión como los ataques a refinerías saudíes o los cierres parciales en el estrecho de Ormuz. La amenaza no es solo militar: cada escalada en la retórica se traduce en prima de riesgo energética, con impacto directo en inflación, balanzas comerciales y márgenes empresariales.

En los mercados, este tipo de mensajes se interpreta como un recordatorio de que la región sigue siendo un polvorín estratégico. El contraste con cualquier intento de distensión resulta demoledor: mientras las delegaciones se sientan a la mesa, el lenguaje público vuelve a situar el escenario en términos de “ganadores” y “perdedores”, una dinámica que históricamente ha precedido a periodos de fuerte volatilidad en crudo y divisas.

Sin New START: el regreso del riesgo nuclear

Lo más grave, sin embargo, se juega a otra escala. La expiración del tratado New START, último gran acuerdo que limitaba y verificaba los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia, deja al mundo sin un marco formal de control nuclear por primera vez en décadas.
Desaparecen las inspecciones in situ, se apagan los canales de verificación y se diluyen las notificaciones mutuas de movimientos clave en los arsenales.

Este hecho revela un cambio de era: el riesgo ya no es solo la confrontación directa, sino el error de cálculo en un entorno sin reglas, donde una mala lectura de ejercicios militares o de despliegues estratégicos puede desencadenar respuestas desproporcionadas. Al mismo tiempo, China acelera la expansión de su arsenal, configurando un tablero tripolar para el que no existen precedentes ni protocolos suficientemente probados.

Europa queda especialmente expuesta bajo un paraguas nuclear cada vez más frágil. La seguridad del continente, que descansaba en una arquitectura de tratados heredada de la Guerra Fría, entra en una fase de incertidumbre estructural. Para los mercados, esto se traduce en una prima de riesgo geopolítico más persistente, con impacto en costes de financiación, decisiones de inversión industrial y flujos de capital hacia activos refugio.

La gran purga de la inteligencia artificial en bolsa

En paralelo al shock geopolítico, la tecnología vive su propia tormenta perfecta. En apenas dos sesiones, el mercado ha presenciado una de las mayores correcciones vinculadas a la inteligencia artificial desde 2022, con cerca de 285.000 millones de dólares evaporados en capitalización bursátil.

El epicentro ha sido el software, castigado por el temor a que una nueva herramienta legal de Anthropic pueda desintermediar modelos de negocio completos: desde despachos de abogados hasta plataformas de servicios empresariales. No se trata solo de una toma de beneficios: el ajuste refleja la conciencia de que la misma tecnología que prometía márgenes extraordinarios puede convertirse en una amenaza existencial para empresas con modelos demasiado rígidos.

El golpe ha alcanzado a gigantes como Alphabet, Arm y varias tecnológicas asiáticas, extendiéndose al mercado de crédito, donde la prima de riesgo se ha ampliado para emisores muy expuestos a la narrativa de la IA. “La corrección no es un accidente, es un recordatorio de que la disrupción también destruye valor”, señalan gestores de renta variable. El diagnóstico es inequívoco: el mercado empieza a discriminar entre promesas de IA y modelos de negocio realmente adaptados al nuevo entorno.

El BCE y el Banco de Inglaterra: pausa con inflación en el 1,9%

Mientras tanto, los bancos centrales intentan proyectar calma. El Banco Central Europeo encara su quinta pausa consecutiva, manteniendo los tipos en la reunión de este jueves. La inflación de la eurozona se ha moderado al 1,9%, por debajo del objetivo del 2%, y el PIB del cuarto trimestre ha avanzado un 0,3%, algo mejor de lo previsto. A primera vista, la narrativa es alentadora: desaceleración de precios sin recesión técnica.

Christine Lagarde insiste en que la economía está en “buena posición”, pero la lectura más fina es menos complaciente. El crecimiento sigue siendo anémico, con importantes divergencias entre países y sectores, mientras que las tensiones comerciales globales –desde aranceles cruzados hasta controles a la exportación de tecnología– amenazan con enfriar la actividad en 2026.

El Banco de Inglaterra abre la sesión de decisiones de tipos, también bajo presión para equilibrar control de la inflación y fragilidad del crecimiento. La consecuencia es un mensaje de estabilidad aparente que convive con un fondo de incertidumbre estructural: los tipos ya no suben, pero tampoco hay garantías de que puedan bajar con rapidez si la inflación vuelve a repuntar por un nuevo shock energético o geopolítico.

Plata, oro y bitcoin: refugios bajo sospecha

El comportamiento de los activos refugio refleja como pocos esta confusión. Tras un repunte fulgurante por encima de los 90 dólares la onza, la plata se ha dado la vuelta de forma violenta, con caídas cercanas al 15% hasta la zona de los 74,5 dólares. El oro ha cedido en torno a un 2,5%, mientras que platino y paladio prolongan sus descensos, víctimas de la menor demanda industrial y de movimientos especulativos muy apalancados.

En el universo cripto, el bitcoin resbala hacia los 72.000 dólares, presionado por ventas de grandes carteras, retrasos regulatorios y una marcada aversión al riesgo. Desde el punto de vista técnico, los analistas señalan el peligro de testear los 70.000 dólares, un nivel que muchos operadores consideran clave para evitar una corrección más profunda.

La consecuencia es paradójica: incluso los activos que se promocionan como refugio muestran volatilidad extrema. “Ya no hay activo verdaderamente seguro; solo distintos grados de riesgo”, apuntan gestores de patrimonios. El contraste con la vieja lógica de “oro y dólar como puerto seguro” es evidente y obliga a los inversores a repensar sus estrategias de cobertura.

Alphabet y Qualcomm: batir previsiones ya no basta

La temporada de resultados añade más matices al nerviosismo tecnológico. Alphabet ha presentado un crecimiento del 18% en ingresos trimestrales, hasta 113.800 millones de dólares, con Google Cloud disparado un 48% y el beneficio neto al alza un 30%. Pese a ello, la acción cayó cerca de un 2% en el after hours. El mensaje implícito es duro: en un mercado saturado de expectativas sobre la IA, batir previsiones ya no garantiza subidas.

Qualcomm también ha superado las estimaciones de ventas, con 12.250 millones de dólares, pero su beneficio neto retrocedió un 6% y el valor llegó a caer más de un 6% en bolsa. El castigo refleja el temor a un ciclo de demanda más débil en móviles y a una transición tecnológica que requiere inversiones masivas para no quedar rezagado en chips avanzados.

Este hecho revela un cambio profundo en el criterio de los inversores: ya no se premia solo el resultado puntual, sino la credibilidad del relato de futuro. Cualquier señal de que la IA puede canibalizar ingresos existentes, o de que la empresa no tiene un plan claro para capturar el nuevo valor, se traduce en descuentos inmediatos en valoración.

Tipos, datos y geopolítica

La jornada llega cargada de hitos que pueden reforzar o matizar este clima de tensión. El Banco de Inglaterra y el BCE abren la secuencia de decisiones de tipos en Europa, mientras que en Estados Unidos se publican las nuevas peticiones semanales de subsidio por desempleo, un termómetro sensible de la salud del mercado laboral. En el frente corporativo, el foco se desplaza a los resultados de ConocoPhillips y Amazon, dos nombres clave para medir, respectivamente, la fortaleza del ciclo energético y del consumo digital.

Para el inversor sofisticado, la clave será ordenar prioridades en un entorno donde todo parece urgente. La combinación de riesgo nuclear, tensiones en Oriente Medio, corrección tecnológica por la IA y bancos centrales en pausa configura un escenario inédito. El contraste con la década anterior –marcada por tipos cero y aparente estabilidad geopolítica– resulta demoledor.

El mundo ha entrado en un nuevo régimen de riesgo, en el que los shocks ya no se suceden, sino que se solapan. Y los mercados, de momento, solo pueden hacer una cosa: recalibrar precios a la velocidad de los titulares.