El Nasdaq activa las alarmas por la deuda oculta de la IA

El Nasdaq activa las alarmas por la deuda oculta de la IA
La financiación masiva de centros de datos, chips y capacidad computacional ha desplazado parte del riesgo desde las grandes tecnológicas hacia el crédito privado y los balances bancarios. El repliegue de fondos apalancados amenaza ahora con amplificar cualquier corrección del Nasdaq.

El Nasdaq empieza a descubrir el coste financiero de la carrera por dominar la inteligencia artificial. Tras años de valoraciones crecientes y desembolsos extraordinarios en semiconductores, centros de datos y capacidad energética, Wall Street observa con inquietud la deuda acumulada detrás de esa expansión.

La preocupación no implica que la revolución tecnológica sea ficticia. Los ingresos y la adopción empresarial ofrecen fundamentos reales. Sin embargo, una parte creciente de la infraestructura se financia mediante préstamos, crédito privado y complejas estructuras respaldadas por contratos futuros. El peligro aparece cuando los beneficios esperados tardan más en llegar que las obligaciones financieras.

El Nasdaq pierde su principal escudo

La concentración del Nasdaq en fabricantes de chips, plataformas digitales y proveedores de infraestructura lo convierte en el índice más expuesto a una revisión del entusiasmo por la IA.

El 16 de julio, el Nasdaq Composite cayó alrededor de un 1,5%, mientras el índice de semiconductores SOXX se dejó un 4,5%. La corrección se produjo pese a los resultados sólidos de compañías como TSMC y ASML, una señal de que el mercado comienza a exigir algo más que crecimiento: quiere retornos visibles sobre el capital invertido.

Cuando las buenas noticias dejan de impulsar las cotizaciones, el equilibrio se vuelve más frágil. La valoración depende entonces de que el gasto continúe, la demanda no falle y la financiación permanezca disponible.

Una infraestructura levantada sobre deuda

Construir la economía de la IA exige inversiones difíciles de comparar con ciclos tecnológicos anteriores. Los grandes proyectos necesitan chips avanzados, redes eléctricas, refrigeración, terrenos y centros de datos que pueden tardar años en alcanzar plena utilización.

Morgan Stanley ha participado en operaciones como una financiación de 27.000 millones de dólares para el proyecto Hyperion de Meta, un préstamo de 3.200 millones respaldado por Google y una estructura de 35.000 millones vinculada a chips de Broadcom. En conjunto, el banco habría impulsado más de 40.000 millones en operaciones similares.

A ello se suma una nueva financiación de 12.000 millones de dólares liderada por BlackRock para otro centro de datos de Meta en Texas, con JPMorgan y Morgan Stanley gestionando la colocación de deuda.

Los bancos empiezan a poner límites

Lo más grave no es únicamente el volumen, sino la creciente concentración del riesgo. Varias entidades han comenzado a revisar cuánto están dispuestas a prestar y qué valor asignan a los activos utilizados como garantía.

JPMorgan ha rebajado internamente la valoración de determinados préstamos aportados por fondos de crédito privado, especialmente aquellos relacionados con empresas de software expuestas a la disrupción de la IA. La decisión reduce la financiación disponible incluso antes de que se produzcan impagos.

Oracle ofrece otro ejemplo. Sus necesidades de financiación vinculadas a centros de datos podrían superar los 100.000 millones de dólares hasta 2028, mientras algunos bancos encuentran dificultades para distribuir toda la deuda asociada a sus proyectos. Bank of America y Pimco han participado en operaciones rechazadas por otras entidades por exceso de exposición.

El desapalancamiento ya ha comenzado

Los fondos no esperan necesariamente a que estalle una crisis. Muchos gestores están reduciendo posiciones financiadas con deuda, consolidando las ganancias acumuladas durante el primer semestre y disminuyendo la exposición a semiconductores.

JPMorgan ha advertido de que el desapalancamiento puede prolongarse durante varios meses. El Kospi surcoreano, fuertemente vinculado a los chips, llegó a caer un 31% desde máximos después de haberse disparado un 260%, mientras determinados fondos cotizados apalancados sobre memorias perdieron el 34% de sus activos desde junio.

El movimiento todavía parece ordenado. Sin embargo, las ventas sistemáticas de fondos CTA y estrategias cuantitativas pueden acelerar una corrección cuando se rompen determinados niveles técnicos.

La burbuja no está en toda la IA

Comparar el ciclo actual con las puntocom resulta tentador, pero incompleto. Las mayores compañías del Nasdaq generan beneficios, disponen de clientes reales y cuentan con balances mucho más sólidos que muchas empresas tecnológicas de 1999.

Un estudio reciente concluye que la IA combina fundamentos económicos auténticos con focos localizados de comportamiento especulativo. La principal fragilidad aparece donde el gasto en capital crece más rápido que la monetización y las valoraciones privadas incorporan beneficios todavía no demostrados.

El Banco de Pagos Internacionales también ha advertido de que las estructuras opacas, la financiación circular y la concentración del crédito pueden convertir una desaceleración del gasto en un problema para los mercados de deuda.

El año 2027 se convierte en la prueba decisiva

El mercado tolera desembolsos gigantescos porque espera una expansión extraordinaria de ingresos durante los próximos ejercicios. El problema surgirá si en 2027 alguna empresa clave revisa sus previsiones, retrasa proyectos o reconoce que dispone de más capacidad informática de la necesaria.

Una simple desaceleración —sin necesidad de caída absoluta— podría reducir las valoraciones, encarecer la financiación y obligar a vender activos utilizados como garantía. El proceso afectaría primero a compañías pequeñas, después al crédito privado y finalmente a los grandes valores del Nasdaq.

La amenaza no reside en que la inteligencia artificial deje de transformar la economía. Reside en que Wall Street haya financiado esa transformación suponiendo que todos los proyectos serán rentables, que la demanda crecerá sin interrupción y que la deuda podrá refinanciarse siempre. El Nasdaq sigue apoyado en una tecnología revolucionaria, pero también en una arquitectura financiera que empieza a mostrar sus primeras grietas.