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VILLAMOR avisa al dow jones: “El cierre de Bab el-Mandeb sería un golpe histórico a la economía occidental”

VILLAMOR avisa al dow jones: “El cierre de Bab el-Mandeb sería un golpe histórico a la economía occidental”
La reciente orden de Irán para cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb ha encendido las alarmas en el comercio internacional. Este análisis detalla cómo un bloqueo en esta ruta vital junto al estrecho de Ormuz podría afectar la economía global y disparar el precio del petróleo, con consecuencias profundas para Occidente y el equilibrio geopolítico mundial.

La guerra entre Estados Unidos e Irán amenaza con extenderse hasta el segundo gran cuello de botella marítimo de Oriente Medio. Diversas informaciones sostienen que Teherán habría pedido a los hutíes de Yemen prepararse para cerrar Bab el-Mandeb si Washington intensifica sus ataques contra la infraestructura iraní. La orden no ha sido confirmada de manera independiente.
El riesgo, sin embargo, es real: este estrecho conecta el océano Índico con el mar Rojo y el canal de Suez.
Un bloqueo simultáneo con Ormuz afectaría a las dos grandes puertas energéticas de la región.
La guerra dejaría de librarse únicamente con misiles para trasladarse a cada contenedor, depósito de combustible y cadena industrial.

Una amenaza todavía condicionada

Mikael Darbinyan y Javier Villamor advierten de que la activación del frente yemení multiplicaría el alcance económico del conflicto. No obstante, conviene separar la amenaza de los hechos consumados.

Las informaciones disponibles hablan de preparativos hutíes y de una instrucción iraní condicionada a nuevos ataques estadounidenses. No existe todavía confirmación de un cierre completo. Los hutíes sí han demostrado capacidad para lanzar misiles y drones contra buques, además de obligar a grandes navieras a modificar sus rutas.

No necesitan controlar físicamente el estrecho. Les basta con convertirlo en una zona que las aseguradoras y las compañías consideren intransitable.

La puerta de Europa y Asia

Bab el-Mandeb tiene apenas unos 26 kilómetros de anchura en su punto más estrecho y comunica el golfo de Adén con el mar Rojo. Todo buque que viaje entre Asia y Europa a través de Suez debe atravesarlo.

El canal egipcio movía antes de las grandes interrupciones entre el 12% y el 15% del comercio mundial. Además, el transporte marítimo canaliza alrededor del 80% del movimiento global de mercancías, lo que explica la enorme sensibilidad ante cualquier perturbación.

El estrecho no sostiene por sí solo un tercio de la economía mundial, pero sí condiciona una red logística de la que dependen fábricas, supermercados y mercados energéticos.

Ormuz agrava el escenario

La amenaza adquiere otra dimensión porque coincide con la crisis del estrecho de Ormuz, por donde circulaba aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas antes de la escalada actual.

Ormuz controla la salida del golfo Pérsico. Bab el-Mandeb, el acceso meridional a Suez. Si ambos pasos quedaran seriamente restringidos, los exportadores perderían sus rutas más eficientes hacia Europa y Asia.

Un cierre conjunto no detendría toda la economía mundial, pero destruiría sus calendarios, elevaría sus costes y reduciría drásticamente su capacidad de reacción.

El rodeo que dispara los costes

La alternativa consiste en bordear África por el cabo de Buena Esperanza. Para una travesía entre Singapur y Róterdam, el desvío añade cerca de 4.000 millas náuticas y unos diez días de navegación.

Estimaciones de la industria sitúan el coste adicional potencial en hasta tres millones de dólares por viaje, entre combustible, tripulación y seguros. También se necesitan más barcos para mantener la misma frecuencia de entregas.

La experiencia de 2024 ofrece una advertencia. Los tránsitos semanales de portacontenedores por Suez llegaron a caer un 67%, mientras las tarifas desde Shanghái hacia Europa se dispararon un 256%.

El barril a 200 dólares

La posibilidad de un petróleo a 200 dólares pertenece a los escenarios extremos, no a las previsiones centrales. Exigiría una interrupción prolongada de Ormuz, daños graves en infraestructuras y una respuesta insuficiente de otros productores y reservas estratégicas.

No obstante, incluso una subida mucho menor tendría efectos severos. Un crudo por encima de 100 dólares encarecería combustibles, transporte aéreo, fertilizantes, plásticos y generación eléctrica.

Europa recibiría una doble factura: más dinero por la energía y más coste para transportar desde Asia los componentes que necesita su industria.

Bolsas, inflación y tipos

Los primeros movimientos aparecerían en el petróleo, el oro, el dólar y las compañías de transporte marítimo. Después, la presión alcanzaría a aerolíneas, fabricantes de automóviles, distribución y empresas intensivas en energía.

El impacto decisivo llegaría a la inflación. Un nuevo shock petrolero dificultaría las bajadas de tipos y mantendría elevadas las cuotas hipotecarias y la financiación empresarial.

La consecuencia es clara: una operación militar en Yemen podría terminar influyendo en las decisiones del Banco Central Europeo, aunque el conflicto se produzca a miles de kilómetros de Fráncfort.

Gobiernos y compañías han aumentado inventarios, diversificado proveedores y contratado rutas alternativas. Sin embargo, ninguna solución inmediata puede sustituir la capacidad combinada de Suez, Bab el-Mandeb y Ormuz.

La protección naval reduce riesgos, pero no garantiza seguridad total frente a drones baratos, minas o misiles costeros. La diplomacia tampoco dispone de un margen ilimitado mientras Washington y Teherán amplían sus ataques, el comercio mundial no está al borde de desaparecer, pero sí de funcionar de forma más lenta, cara e imprevisible. Bab el-Mandeb puede convertirse en la puerta por la que la guerra regional entre definitivamente en la economía global.