El yen se gira al alza y enfría a Wall Street, con el Dow Jones a la baja, mientras la plata bate récords

El yen se gira al alza y enfría a Wall Street, con el Dow Jones a la baja, mientras la plata bate récords

La posible intervención de Tokio hunde al dólar, congela el rally en EEUU y empuja a los inversores hacia oro y plata en vísperas de una semana clave de la Fed

La sesión dejó una fotografía poco habitual: el yen japonés se apreció en torno a un 0,7% hasta la zona de los 157,3–157,6 por dólar, tras rozar horas antes los 159,29, y encendió todas las alarmas sobre una posible intervención de las autoridades niponas. Al mismo tiempo, el Dow Jones cedía un 0,57% hasta los 49.100,07 puntos, el S&P 500 apenas sumaba un 0,08% hasta 6.918,72 y el Nasdaq avanzaba un 0,43% hasta 23.535,61, en una jornada de pausa tras el rally por la marcha atrás de Trump en las amenazas arancelarias sobre Europa y Groenlandia. El índice dólar caía un 0,25% hasta 98,06, mientras la plata superaba por primera vez los 100 dólares por onza y el oro rozaba los 5.000 dólares. Con la Fed, datos macro y resultados empresariales en el horizonte inmediato, el mercado ha optado por una mezcla de prudencia en renta variable y refuerzo de refugios.

Un giro brusco del yen que huele a intervención

El protagonista del día fue el yen. Tras semanas de debilidad, la divisa japonesa vivió un giro súbito: desde niveles cercanos a 159,29 yenes por dólar pasó en minutos a la zona de 157,37–157,65, una apreciación de alrededor del 0,7% que no se explica únicamente por flujos habituales de mercado.

Operadores en Tokio interpretan el movimiento como señal de que el Ministerio de Finanzas habría realizado “rate checks” con los bancos, el paso previo clásico a una intervención directa en el mercado de divisas. La reacción fue inmediata: cierre de posiciones cortas en yen, caída del DXY hasta 98,06 puntos (-0,25%) y rally en cruces sensibles al tipo de cambio.

El mensaje implícito de Tokio es claro: los niveles actuales empiezan a ser inaceptables. El yen sigue débil en términos históricos, pero la velocidad y la magnitud del movimiento han obligado al mercado a reabrir un escenario que muchos daban por aparcado: intervención coordinada o unilateral para frenar una depreciación considerada ya dañina para la economía doméstica.

160 yenes por dólar: la línea roja psicológica de Tokio

Detrás de la reacción está un número que todo el mundo tiene apuntado: 160 yenes por dólar. Analistas de entidades como Credit Agricole llevan semanas advirtiendo de que esa zona funciona como umbral psicológico y político para el Gobierno japonés.

Una divisa instalada de forma prolongada por encima de ese nivel encarece importaciones de energía y alimentos, tensiona el poder adquisitivo de los hogares y alimenta una inflación importada difícil de gestionar en un país con décadas de deflación a sus espaldas. Al mismo tiempo, un yen demasiado débil distorsiona la competitividad de empresas exportadoras y complica la gestión de flujos de capital japoneses en el exterior.

El movimiento de este viernes, con un rebote desde el entorno de los 159 hacia 157–158, sugiere que el mercado está probando hasta dónde llega la tolerancia de Tokio. La cercanía a elecciones anticipadas y el giro del Banco de Japón hacia una política de tipos menos ultraexpansiva añaden presión: cualquier señal de pérdida de control sobre la moneda podría convertirse en munición política.

Wall Street, en pausa tras el rally por Groenlandia

Mientras el yen marcaba la agenda en divisas, Wall Street se tomó un respiro. Después de dos sesiones de fuerte rebote impulsado por el repliegue de Trump en sus amenazas arancelarias sobre Europa y por la renuncia a “tomar” Groenlandia por la fuerza, la renta variable estadounidense se movió en rangos muy estrechos.

El Dow Jones cayó 286,46 puntos (-0,57%) hasta 49.100,07, reflejando recogida de beneficios en industriales y cíclicas tras el rally. El S&P 500 apenas avanzó 5,37 puntos (+0,08%) hasta 6.918,72, y el Nasdaq Composite ganó 99,59 puntos (+0,43%) hasta 23.535,61, sostenido por los grandes nombres tecnológicos.

La estructura de la semana queda clara: venta masiva el martes, rebote por alivio geopolítico miércoles y jueves, y pausa táctica el viernes. Con la próxima reunión de la Reserva Federal a la vista, los futuros sobre fondos federales descuentan una probabilidad del 97% de tipos sin cambios, pero lo que realmente preocupa a los inversores es el tono del comunicado y las pistas sobre cuándo y cuánto recortará la Fed en 2026.

Tecnología en dos velocidades: desplome de Intel frente al impulso de Microsoft y Meta

El sector tecnológico volvió a mostrar una dispersión interna creciente. Intel (INTC) se convirtió en el gran perdedor de la jornada, con una caída cercana al 17,3% tras presentar unas previsiones que el mercado calificó de decepcionantes para el próximo trimestre. El mensaje es inequívoco: cualquier indicio de enfriamiento en el ciclo de semiconductores “clásicos” se penaliza con dureza.

En el extremo opuesto, Microsoft (MSFT) sumó en torno a un 4% y Meta Platforms (META) aproximadamente un 2,6%, reflejando el apetito continuado por compañías con exposición directa a nube e inteligencia artificial y balances holgados. El Nasdaq se sostiene, cada vez más, en un núcleo reducido de megacaps con fuerte generación de caja y dominio de segmentos críticos, mientras el resto del universo tecnológico se comporta con mayor volatilidad.

Para el inversor, el mensaje operativo es claro: estar “en tecnología” ya no es suficiente; importa mucho más en qué tecnología y con qué sensibilidad a tipos, ciclo y gasto en capex corporativo.

Rotación sectorial: energía manda, bancos sufren

La jornada dejó también señales interesantes en la rotación sectorial dentro del S&P 500. En un contexto de crudo al alza, energía lideró las subidas, mientras financieras se situaron como el segmento más débil del índice.

El West Texas Intermediate (WTI) repuntó un 2,81% hasta los 61,03 dólares por barril, y el Brent lo hizo un 2,75% hasta 65,82 dólares, empujados por nuevas amenazas de Trump contra Irán y por cortes de suministro en Kazajistán. El movimiento refuerza la tesis de que, en un escenario de tipos altos más tiempo y geopolítica nerviosa, las petroleras y valores ligados a materias primas siguen ofreciendo coberturas parciales frente a inflación y shocks de oferta.

En paralelo, los bancos encajan la presión combinada de curvas de tipos con pendiente limitada, dudas sobre el ritmo de recortes de la Fed y mayor sensibilidad a riesgos regulatorios y políticos. Los futuros del S&P 500 (ES1!) caían ligeramente en torno al 0,14%, y los del Russell 2000 (RTY1!) llegaban a retroceder cerca de un 1,8%, prueba de que las small caps lo pasan peor en este entorno.

Europa y MSCI global: diversificar sí, desconectar no

Fuera de Estados Unidos, la fotografía fue la de un mercado global en ajuste fino. El MSCI de renta variable mundial avanzó un 0,19% hasta los 1.037,96 puntos, mientras el STOXX 600 europeo cedía en torno a un 0,21%.

Aunque las bolsas han recuperado buena parte del golpe del martes, gestores del norte de Europa empiezan a mostrar mayor prudencia con la exposición a activos estadounidenses, a la espera de más detalles sobre el acuerdo en negociación entre Washington y líderes europeos por el dossier Groenlandia. Cualquier retorno a la retórica de aranceles o restricciones financieras podría reabrir episodios de volatilidad.

La conclusión: la renta variable europea sigue funcionando como elemento de diversificación, pero está lejos de quedar aislada del ruido transatlántico. Las tensiones entre EEUU y la UE se transmiten con facilidad a los índices del Viejo Continente.

Bonos y Fed: calma tensa en las TIRes

En deuda pública estadounidense, el movimiento fue mínimo pero significativo. El rendimiento del Treasury a 10 años bajó 0,6 puntos básicos hasta el 4,245%, el 30 años repitió descenso hasta el 4,8427%, y la nota a 2 años retrocedió 1,2 puntos básicos hasta el 3,603%.

Son niveles compatibles con un escenario de “pausa prolongada” de la Fed: sin subidas adicionales a corto plazo, pero tampoco con un ciclo de recortes agresivo inminente. Para carteras de renta fija, el entorno invita a ajustes de duración tácticos, no a cambios radicales de posicionamiento. Cualquier matiz más duro en el discurso de la Fed podría generar correcciones en precios, mientras que un tono más dovish de lo esperado apoyaría tanto a bonos como a activos de riesgo.

Refugios en modo récord: plata por encima de 100 dólares y oro hacia 5.000

La otra gran historia del día se escribió en el mercado de metales. La plata rompió por primera vez en la historia la barrera de los 100 dólares por onza, con una subida de alrededor del 40% en lo que va de 2026. El oro al contado se situó en 4.983,11 dólares (+0,94%), y los futuros en EE. UU. en 4.936 dólares (+0,55%), consolidando la aproximación a la cota psicológica de 5.000 dólares.

La demanda de refugios responde a una combinación potente: riesgo geopolítico elevado, dudas sobre el crecimiento global, tipos altos durante más tiempo y, ahora, interrogantes sobre la estabilidad de grandes divisas, empezando por el yen y el propio dólar. La novedad respecto a otros episodios es que este rally en metales se produce sin un desplome paralelo de la renta variable, lo que sugiere que muchos gestores están añadiendo capas de cobertura más que desmontando de forma masiva posiciones de riesgo.

En metales industriales, el cobre subió un 3,08% hasta los 13.148,50 dólares por tonelada, y el aluminio a tres meses en la LME avanzó un 1,1% hasta los 3.167,50 dólares, reforzando la idea de que los costes de input seguirán siendo una variable clave para márgenes en construcción, equipamiento eléctrico y renovables.

El pequeño inversor: moderadamente optimista para 2026

La última pieza del puzzle la aporta la encuesta de la American Association of Individual Investors (AAII). El sentimiento alcista a seis meses cayó 6,3 puntos hasta el 43,2%, todavía por encima de su media histórica del 37,5%. El pesimismo subió hasta el 32,7% y la opinión neutral al 24,1%, con un spread alcistas–bajistas que se reduce a 10,5 puntos desde 21,3, aunque aún por encima del promedio de 6,5 puntos.

En la pregunta específica sobre 2026, casi la mitad de los encuestados ve subidas moderadas del S&P 500, entre el 2% y el 9%. Es decir, el pequeño inversor se mueve entre una cierta confianza en la renta variable y la conciencia de que el entorno es más frágil: yen volátil, dólar corrigiendo, metales en máximos históricos y política monetaria todavía restrictiva.

Para el inversor sofisticado, la foto de la jornada deja un mensaje claro: la macro ya no se lee sólo en claves de tipos y crecimiento, sino también en clave de divisas y refugios. El yen ha recordado que los bancos centrales aún pueden mover el tablero; la plata y el oro, que el miedo estructural no se ha desvanecido; y Wall Street, que los rallies por alivio geopolítico tienen un recorrido limitado cuando la próxima reunión de la Fed está a la vuelta de la esquina.