Alphabet capta 20.000 millones de dólares en una emisión de bonos en siete tramos

EPA/JOHN G. MABANGLO

Alphabet ha ejecutado la mayor emisión de deuda de su historia al colocar 20.000 millones de dólares en bonos a muy largo plazo, con vencimientos que alcanzan 2066. La operación confirma un giro estructural en la financiación de Big Tech: la carrera por la inteligencia artificial ya no se sostiene solo con caja, sino con apalancamiento masivo y duración extrema. El mercado responde con una demanda récord, pero asume riesgos crecientes ligados a tipos, regulación y monetización futura de la IA.

Alphabet se endeuda en 20.000 millones para financiar su apuesta de IA

La matriz de Google lanza su mayor emisión de bonos en dólares, con vencimientos hasta 2066, y prepara nuevas colocaciones en libras y francos suizos

Alphabet Inc. ha dado un salto decisivo en su estrategia financiera al acudir al mercado con una emisión de deuda en dólares por valor de 20.000 millones, estructurada en siete tramos y con vencimientos que van desde 2029 hasta 2066. Es la mayor operación de financiación en dólares jamás realizada por el grupo y una de las más voluminosas vistas en el sector tecnológico.

La compañía fija cupones que oscilan entre el 3,700% y el 5,750%, escalonando su coste financiero durante casi cuatro décadas. La demanda superó ampliamente las expectativas iniciales y obligó a ampliar la colocación desde los 15.000 millones previstos. En paralelo, Alphabet prepara su primera emisión en libras esterlinas, con la posibilidad de incluir un bono a 100 años, y una operación adicional en francos suizos, extendiendo su huella financiera en Europa.

El mensaje implícito es claro: la carrera de la inteligencia artificial exige una arquitectura de financiación propia de proyectos de infraestructuras, no de una empresa de software tradicional.


Una emisión récord que redefine el balance

La operación se articula en siete tramos de deuda senior en dólares, combinando vencimientos medios con apuestas de duración extrema. Los bonos a corto y medio plazo, con vencimientos entre 2029 y 2036, ofrecen cupones situados entre el 3,700% y el 4,800%, coherentes con el perfil crediticio de Alphabet y con un entorno de tipos todavía elevados.

El verdadero punto de inflexión llega en los tramos largos. Los bonos con vencimiento en 2046, 2056 y 2066 pagan cupones del 5,500%, 5,650% y 5,750%, respectivamente. En la práctica, los inversores están fijando hoy el precio del riesgo Alphabet a 30 y 40 años vista, un horizonte más habitual en emisiones soberanas o de utilities reguladas que en una compañía tecnológica sujeta a disrupción constante.

La lectura es doble. Por un lado, el mercado está dispuesto a financiar a Alphabet a casi cualquier plazo, incluso en un entorno de tipos restrictivos. Por otro, confirma que la deuda vinculada a la narrativa de la IA se ha convertido en un activo casi obligatorio para fondos de pensiones, aseguradoras y grandes gestoras globales.


La IA como proyecto de infraestructuras

Alphabet recurre al mercado pese a contar con más de 120.000 millones de dólares en caja, lo que subraya la magnitud del esfuerzo inversor que prepara. El grupo ha anunciado planes de capex de hasta 185.000 millones de dólares en 2026, más del doble que el año anterior, concentrados en centros de datos, chips especializados y el refuerzo de su infraestructura de nube e inteligencia artificial.

La cifra sitúa a Alphabet dentro de una ola inversora sin precedentes. Sumadas, las grandes tecnológicas centradas en IA podrían superar los 600.000 millones de dólares anuales en inversión, según estimaciones de bancos de inversión. La diferencia frente a ciclos anteriores es estructural: ya no se trata de software escalable con bajo coste marginal, sino de activos físicos intensivos en capital y energía.

Endeudarse permite a Alphabet preservar liquidez, mantener flexibilidad en recompras y dividendos y aprovechar la profundidad del mercado de bonos en dólares. El diagnóstico es inequívoco: la carrera de la IA se libra tanto en los laboratorios como en los libros de órdenes de Wall Street.


De balance “asset light” a apalancamiento estratégico

Durante años, Alphabet simbolizó el modelo de Big Tech con balances casi sin deuda y abundante caja. Esa etapa ha quedado atrás. A cierre de 2025, la deuda a largo plazo del grupo rondaba los 46.500 millones de dólares, frente a una caja de 126.800 millones. Con esta nueva emisión, la deuda deja de ser un complemento y pasa a ocupar un lugar central en la estrategia financiera.

El movimiento consolida un cambio estructural en el sector. La inversión en IA se asume como un ciclo plurianual, casi generacional, y los mercados empiezan a tratar a estas compañías más como infraestructuras críticas que como simples empresas de crecimiento.

No es un fenómeno aislado. Oracle ha colocado recientemente 25.000 millones en deuda, mientras Meta ejecutó una operación cercana a los 30.000 millones el año pasado. Alphabet, sin embargo, destaca por la duración extrema de su curva y por la diversificación por divisa.


Demanda desbordada y narrativa dominante

La emisión atrajo más de 100.000 millones de dólares en órdenes, uno de los libros más grandes registrados en el mercado de grado de inversión. En 2025, las emisiones corporativas vinculadas a la IA superaron los 120.000 millones solo en Estados Unidos, y las previsiones apuntan a que 2026 podría cerrar con volúmenes récord en el conjunto del crédito corporativo.

Desde la óptica del mercado, la narrativa es potente: productividad futura, liderazgo tecnológico y capacidad de generación de caja a largo plazo. El riesgo es que esa narrativa se esté descontando de forma casi lineal, pese a que la monetización efectiva de la IA aún está lejos de estar garantizada.

Si la adopción empresarial se retrasa o los márgenes se estrechan, la carga de deuda podría tensionar balances que hoy parecen inexpugnables.


Riesgos: duración extrema y presión regulatoria

Comprar deuda de Alphabet a 40 años implica apostar por la vigencia de su modelo de negocio hasta 2066. El riesgo no es solo tecnológico, sino también regulatorio y político. Antimonopolio, privacidad, uso de datos y regulación de la IA son frentes abiertos tanto en Estados Unidos como en Europa.

Desde el punto de vista financiero, la duración extrema convierte a estos bonos en activos muy sensibles a movimientos de tipos. Pequeñas variaciones en las tires pueden provocar correcciones de dos dígitos en precio, especialmente en los tramos más largos.

A cambio, ofrecen un perfil atractivo para inversores institucionales con pasivos de largo plazo que buscan rendimiento adicional frente a la deuda soberana.


Qué puede pasar ahora

A corto plazo, el mercado ha digerido la operación sin sobresaltos. La acción ha reaccionado con estabilidad y los spreads se han mantenido ajustados. El verdadero test llegará cuando se evalúe el retorno real de esa inversión masiva en IA.

Si Alphabet consigue traducir el capex en nuevas fuentes de ingresos y productividad, habrá fijado hoy un coste financiero atractivo para décadas. Si no, el mercado podría empezar a cuestionar el equilibrio entre deuda, recompras y crecimiento.

La señal enviada es inequívoca: la carrera de la inteligencia artificial se financiará con deuda masiva y a muy largo plazo. Alphabet ha decidido liderar ese movimiento. El balance final, para inversores y para el sistema financiero, se escribirá en los próximos 10, 20 o 40 años.