El BCE ve sin cambios las perspectivas de inflación de la eurozona

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Las previsiones de los economistas del Banco Central Europeo confirman que el sobresalto inflacionista ha quedado atrás, con expectativas firmemente ancladas en el objetivo del 2% hasta 2030. Sin embargo, el alivio en precios viene acompañado de un escenario persistente de crecimiento tibio y desempleo estructuralmente elevado, un cóctel que condiciona el margen de actuación de la política monetaria y las perspectivas de la economía europea en los próximos años.

Los expertos del BCE anclan la inflación al 2% y dibujan una década de crecimiento débil

La última edición de la Survey of Professional Forecasters del Banco Central Europeo envía una señal clara a los mercados: la inflación ya no es el principal frente de batalla para la eurozona. Según los economistas consultados por la institución, el índice armonizado de precios al consumo se situará en el 1,8% en 2026, volverá al objetivo del 2,0% en 2027 y se mantendrá en torno al 2,1% en 2028, con unas expectativas de largo plazo firmemente ancladas en el 2% hasta 2030. El mensaje es tranquilizador para Fráncfort, pero plantea interrogantes de mayor calado para la evolución del crecimiento y el empleo.

Un respaldo explícito a la narrativa del BCE

Desde el punto de vista político y monetario, la encuesta supone un espaldarazo a la estrategia del BCE. Las expectativas de inflación permanecen “sin cambios en todos los horizontes”, una formulación que el propio informe repite como un mantra y que resulta crucial para la credibilidad del banco central. Que hogares y empresas sigan creyendo en el objetivo del 2% implica que el episodio inflacionista de los últimos años no ha desanclado las expectativas, el mayor temor de cualquier autoridad monetaria.

Este respaldo llega en un momento clave. El Consejo de Gobierno ha decidido mantener el tipo de depósito en el 2%, encadenando varias reuniones sin cambios, después de que la inflación de la zona del euro descendiera en enero hasta niveles próximos al 1,7%, los más bajos desde 2024. El contraste con el escenario de hace apenas dos años, cuando los precios superaban el 5% y los tipos se ajustaban al alza reunión tras reunión, subraya el cambio de régimen monetario.

Inflación general bajo control, sin sobresaltos a la vista

En el detalle, las previsiones dibujan una trayectoria casi académica de la inflación. Tras moderarse por debajo del objetivo en 2026, el índice armonizado converge suavemente hacia el 2% y se estabiliza en torno a ese nivel en el medio plazo. No se anticipan ni repuntes descontrolados ni riesgos de deflación, un equilibrio que reduce la necesidad de intervenciones bruscas por parte del BCE.

La coherencia entre las previsiones del SPF y las proyecciones oficiales del banco central refuerza esta lectura. Para 2026, las expectativas de los economistas se sitúan apenas una décima por debajo de las del staff del BCE, mientras que para 2027 y 2028 son ligeramente superiores. No hay, por tanto, una brecha significativa entre la visión del mercado y la de la institución, sino un consenso amplio sobre el escenario central.

Esta convergencia limita el rango de debate sobre los tipos de interés. A partir de ahora, cualquier ajuste se moverá en márgenes estrechos y responderá más a la evolución del crecimiento que a la inflación.

La inflación subyacente despeja el camino

Más relevante aún es el comportamiento de la inflación subyacente, la que excluye energía y alimentos. Según la encuesta, la HICPX bajará del 2,4% en 2025 al 2,0% en 2026 y se mantendrá exactamente en ese nivel hasta 2030. Para el BCE, este dato es clave, ya que refleja la dinámica de salarios, márgenes empresariales y precios de servicios.

Que la subyacente se estabilice en el objetivo elimina buena parte de la presión para endurecer la política monetaria y refuerza el escenario de tipos estables durante un periodo prolongado. Los responsables del banco central han insistido en que, con unas expectativas así de bien ancladas, la política monetaria puede permitirse un enfoque paciente, reaccionando solo ante shocks imprevistos.

Crecimiento débil, la asignatura pendiente

El alivio en el frente inflacionista contrasta con unas previsiones de crecimiento poco alentadoras. Los expertos sitúan el avance real del PIB de la eurozona en el 1,2% en 2026, el 1,4% en 2027 y el 1,3% en 2028. Son tasas suficientes para evitar una recesión prolongada, pero insuficientes para sostener una convergencia real con otras grandes economías avanzadas.

Este perfil recuerda al de la década posterior a la crisis financiera, con una Europa atrapada en un patrón de bajo crecimiento, inversión contenida y productividad estancada. El contraste con Estados Unidos o con algunas economías asiáticas resulta cada vez más evidente, especialmente en un momento en el que nuevas tecnologías como la inteligencia artificial están redefiniendo las oportunidades de inversión a escala global.

Un mercado laboral resistente, pero estancado

Las previsiones de empleo refuerzan esta imagen de estabilidad sin dinamismo. La tasa de paro se mantendría en torno al 6,3% en 2026 y descendería solo de forma marginal hasta el 6,1% en 2028 y 2030. Se trata de un nivel históricamente bajo para la eurozona, pero que actúa como un suelo estructural difícil de perforar.

La lectura es ambivalente. Por un lado, confirma la resiliencia del mercado laboral europeo, que ha resistido mejor de lo esperado a la desaceleración económica. Por otro, evidencia la dificultad de generar suficiente crecimiento como para reducir el desempleo de forma significativa y mejorar la productividad y los salarios reales.

Riesgos a la baja y el debate estructural

En cuanto a los riesgos, los economistas perciben un sesgo ligeramente negativo para el crecimiento y prácticamente neutral para la inflación. El escenario de referencia no contempla una nueva ola inflacionista, pero sí reconoce la posibilidad de que la actividad económica se quede incluso por debajo de lo previsto.

Este diagnóstico reaviva el debate sobre una posible “japonización” de la economía europea, entendida como una combinación prolongada de inflación baja, crecimiento anémico y tipos reducidos. Aunque las expectativas firmemente ancladas en el 2% diferencian a Europa de Japón, las previsiones de PIB y productividad mantienen vivo el paralelismo.

El papel de los gobiernos y la inversión

Para países como España, el escenario ofrece tanto oportunidades como riesgos. Un entorno de inflación controlada y tipos previsibles reduce la incertidumbre financiera y facilita la planificación presupuestaria. Sin embargo, un crecimiento europeo en torno al 1,3% deja poco margen para confiar en el entorno externo como motor de expansión.

El mensaje implícito del SPF es que la política monetaria ha hecho gran parte de su trabajo. A partir de ahora, el impulso debe venir de la política fiscal, las reformas estructurales y una ejecución más eficaz de los programas de inversión, especialmente los ligados a los fondos europeos.

Cómo lo interpretan los mercados

Para los mercados financieros, el nuevo cuadro macro refuerza un escenario de estabilidad monetaria prolongada. La deuda pública se beneficia de la ausencia de riesgos inflacionistas, mientras que la renta variable afronta un entorno más exigente, en el que el crecimiento de beneficios será selectivo y dependerá cada vez más de factores sectoriales y estructurales.

La encuesta no ofrece titulares espectaculares, pero sí define el terreno de juego para los próximos años. Europa ha ganado la batalla contra la inflación, pero encara ahora un desafío más complejo: evitar que la estabilidad de precios se convierta en sinónimo de ambición económica limitada.