La caída del Nasdaq desata ventas masivas en Corea, Japón y China

Las bolsas asiáticas se contagian del castigo a la tecnología en Wall Street

EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI Las bolsas asiáticas se contagian del castigo a la tecnología en Wall Street

La sesión del jueves en Asia-Pacífico ha comenzado con un mensaje inequívoco: el giro a la baja de la gran tecnología estadounidense ya tiene efectos globales. El Nikkei 225 retrocedía un 0,72%, el S&P/ASX 200 australiano caía un 0,43%, el Kospi surcoreano se desplomaba un 3,91% y el Hang Seng de Hong Kong cedía un 0,77%, mientras los índices de Shanghái y Shenzhen perdían un 0,43% y un 1,30%, respectivamente. Todo ello tras otro castigo al sector tecnológico en Nueva York, con descensos de entre el 1,5% y el 2% en el Nasdaq y correcciones de dos dígitos en varios valores de semiconductores y software. El dato positivo del día —un superávit comercial australiano en torno a 3.400 millones de dólares australianos en diciembre— ha pasado prácticamente desapercibido. La consecuencia es clara: el mercado empieza a cuestionar cuánto margen queda en la gran apuesta global por la tecnología y la inteligencia artificial.

Un arranque de sesión en rojo en toda la región

La fotografía de la apertura en Asia-Pacífico ha sido homogénea: ventas generalizadas, con distinta intensidad, pero sin refugios claros en renta variable. En Tokio, el principal índice bursátil caía un 0,72% a las 7:07 horas CET, lastrado por los valores de electrónica, fabricantes de chips y exportadores sensibles al ciclo estadounidense. En Corea del Sur, el golpe ha sido mucho más severo: el Kospi se dejaba cerca de un 4% en apenas unos minutos, reflejando el alto peso de los gigantes tecnológicos locales y su estrecha vinculación con la cadena global de semiconductores.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

El tono era algo menos dramático en Australia, donde el S&P/ASX 200 retrocedía un 0,43%, con bancos y mineras en negativo pese a un nuevo superávit comercial. En China, tanto Shanghái como Shenzhen cotizaban en rojo, con descensos entre el 0,4% y el 1,3%, mientras el Hang Seng de Hong Kong encadenaba otra sesión de debilidad.

Índice Hang Seng

Este hecho revela hasta qué punto la región se ha vuelto dependiente del humor inversor hacia la tecnología estadounidense. Cuando el Nasdaq corrige, Asia ya no actúa como amortiguador, sino como amplificador de las ventas.

El nuevo castigo a la tecnología estadounidense

El origen inmediato del ajuste asiático está en la sesión previa en Wall Street. El miércoles, el Nasdaq Composite volvió a liderar las caídas con descensos cercanos al 2%, mientras el S&P 500 cedía alrededor de un 0,8%. La corrección se concentró de nuevo en valores tecnológicos de alto crecimiento, especialmente ligados a semiconductores y software.

Uno de los símbolos de la jornada fue el desplome de hasta el 17% en un gran fabricante de chips tras presentar unos resultados que, sobre el papel, superaban las previsiones de los analistas. La lectura del mercado fue otra: las valoraciones habían ido demasiado lejos y cualquier matiz en las guías de ingresos es ahora una excusa para reducir exposición. Algo similar ocurrió en compañías de software y firmas vinculadas a la inteligencia artificial, que encadenan varias sesiones de fuertes oscilaciones.

Lo más grave es que el movimiento no se percibe ya como una toma de beneficios puntual, sino como el inicio de un posible proceso de rotación. Los inversores empiezan a preguntarse si la narrativa de “crecimiento ilimitado” en IA justifica múltiplos que, en algunos casos, duplican los niveles previos a la pandemia. El contraste con los sectores más cíclicos, que retroceden mucho menos o incluso suben, refuerza la idea de que el “trade” tecnológico se ha vuelto demasiado concurrido.

Corea, el epicentro del nerviosismo

Dentro de Asia-Pacífico, Corea del Sur se ha convertido en el epicentro del nerviosismo. El retroceso del Kospi, cercano al 4%, es coherente con la estructura de un mercado muy concentrado en grandes grupos tecnológicos y de semiconductores. Cada corrección en los gigantes estadounidenses se traslada, prácticamente en cuestión de horas, a las valoraciones de los campeones coreanos.

Índice Korea Composite Stock Price

El diagnóstico es inequívoco: el país se ha beneficiado durante años del boom tecnológico global, pero al precio de una mayor vulnerabilidad cuando cambia el ciclo. Durante la corrección de 2025, cuando los mercados reaccionaron con violencia a la escalada de tensiones comerciales y al miedo a una recesión en Estados Unidos, el Kospi llegó a caer más de un 5% en cuestión de días. Hoy, sin llegar a ese extremo, el patrón se repite: ventas aceleradas, rebote tímido en defensivas y ausencia de compras de largo plazo.

La consecuencia es clara: cuanto más concentrados están los índices en un puñado de valores ganadores, más bruscos son los ajustes cuando el mercado cuestiona esa narrativa. Para los gestores, esto obliga a revisar carteras que en los últimos años han sobreponderado Corea como “proxy” del ciclo de chips y de la demanda de centros de datos.

Australia: superávit comercial sin premio bursátil

El contraste más llamativo de la jornada se ha producido en Australia. Los datos oficiales mostraron un superávit comercial de alrededor de 3.400 millones de dólares australianos en diciembre, impulsado por las exportaciones de mineral de hierro, carbón y gas natural. Se trata de una cifra sólida, que confirma la capacidad del país para seguir generando ingresos externos incluso en un entorno de desaceleración global.

Sin embargo, la reacción del mercado ha sido fría. El S&P/ASX 200 ha caído un 0,43%, con descensos destacados en bancos, compañías energéticas y grupos de materias primas. La lectura de fondo es que los datos históricos pesan menos que las dudas sobre el futuro: si el enfriamiento tecnológico en Estados Unidos desemboca en una corrección más profunda, la demanda de materias primas industriales podría resentirse en los próximos trimestres.

Además, la economía australiana se encuentra en un punto delicado del ciclo monetario. Tras varias subidas de tipos en los últimos años, el banco central ha optado por una pausa prudente, pero el margen de maniobra es limitado si se combinan desaceleración exterior y tensiones en el mercado inmobiliario. El resultado es un mercado que descuenta más volatilidad y menos crecimiento de beneficios, pese a los buenos datos de hoy.

China y Hong Kong, atrapadas entre estímulos y desconfianza

En el bloque chino, la sesión ha vuelto a evidenciar la fragilidad de la confianza. El índice de Shanghái cedía un 0,43%, mientras Shenzhen se dejaba un 1,30% y el Hang Seng de Hong Kong retrocedía un 0,77%. Se trata de caídas moderadas si se comparan con las de Corea, pero se insertan en una tendencia de fondo mucho más preocupante: los mercados chinos encadenan años de comportamiento inferior al de otras grandes regiones.

Las autoridades de China han multiplicado los anuncios de apoyo a sectores estratégicos, recortes selectivos de tipos y medidas para apuntalar el mercado inmobiliario. Sin embargo, la respuesta de los inversores internacionales continúa siendo tibia. El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras Estados Unidos ha vivido una exuberante revalorización de sus grandes tecnológicas, China ha tenido que convivir con regulaciones más duras, dudas sobre el crecimiento y salidas de capital extranjero.

En este contexto, cada venta en Wall Street se convierte en una excusa adicional para reducir peso en activos chinos. La sesión de hoy no es una excepción, sino un eslabón más en un proceso en el que la prima de riesgo regulatoria y geopolítica sigue pesando más que el atractivo de unas valoraciones a la baja.

El yen estable y el papel de los bancos centrales

Mientras las bolsas se teñían de rojo, el mercado de divisas ofrecía una imagen de aparente calma. El dólar se mantenía prácticamente plano frente al yen, en torno a ¥156,90 por billete verde a las 7:06 horas CET. Esta estabilidad resulta llamativa en un contexto en el que los inversores suelen buscar refugio en la divisa japonesa en episodios de aversión al riesgo.

La explicación hay que buscarla en la política monetaria. El Banco de Japón ha iniciado un giro muy gradual tras años de tipos ultrabajos y control de la curva de tipos, pero el proceso es tan lento que el yen sigue siendo la moneda preferida para operaciones de “carry trade”. Es decir, se financia en yenes para invertir en activos de mayor rentabilidad en otras divisas. En episodios de corrección moderada, ese patrón no se rompe.

Al otro lado del Pacífico, la Reserva Federal de Estados Unidos mantiene su discurso de prudencia, insistiendo en que cualquier recorte de tipos dependerá de la evolución de la inflación y el mercado laboral. Una caída algo más intensa en renta variable, acompañada de un repunte de la volatilidad, podría reabrir el debate sobre el calendario de bajadas de tipos, pero por ahora el movimiento se interpreta como una revaloración de riesgos en un segmento concreto —la tecnología— más que como el inicio de una crisis sistémica.