El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán dispara el petróleo, castiga al euro y reaviva el riesgo de un nuevo shock energético en Europa

Las Bolsas europeas caen hasta un 2% tras la muerte de Jamenei

EPA/RONALD WITTEK

La semana arranca en Europa con los mercados en modo pánico controlado. Los futuros apuntan a descensos de hasta el 2% en Fráncfort y el Euro Stoxx 50, en la primera reacción en frío a la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel que ha acabado con la vida del líder supremo iraní, Ali Jameneí (Ali Khamenei), y ha abierto un nuevo frente bélico en Oriente Medio. Al desplome bursátil se suma un repunte de doble dígito en el precio del petróleo y una nueva ola de aversión al riesgo que castiga al euro y a la libra frente al dólar. Todo ello en un momento en el que la inflación en la eurozona acababa de situarse en el 1,7%, por debajo del objetivo del BCE, y el mercado empezaba a descontar recortes de tipos a partir de otoño. La consecuencia es clara: los inversores reescriben en tiempo real sus escenarios para 2026, con Europa de nuevo en el epicentro del riesgo energético.

A las 8.00 horas, los futuros sobre los principales índices europeos dibujaban un panorama inequívoco: caídas próximas al 2% en el DAX alemán, retrocesos del 1,8% en el Euro Stoxx 50, del 1,7% en París y descensos más moderados, en torno al 0,6%, en Londres. Son niveles muy similares a los recogidos por las pantallas de los brókeres tras conocerse, durante el fin de semana, el ataque conjunto de Washington y Tel Aviv contra objetivos clave en Irán.

Índice DAX

El movimiento encaja con el patrón clásico de los últimos shocks geopolíticos: salida masiva de los activos más cíclicos de Europa —muy dependientes de la energía importada—, refugio en deuda soberana de máxima calidad y rotación hacia sectores defensivos. Al otro lado del Atlántico, los futuros estadounidenses se suman a la ola vendedora, con caídas de alrededor del 1,0%-1,4% en el S&P 500 y el Dow Jones antes de la apertura, mientras Asia ha firmado una sesión de fuertes ventas con descensos superiores al 1,5% en Tokio y Hong Kong.

Lo más revelador no es la magnitud de las caídas, sino la velocidad con la que el mercado ha incorporado el riesgo de guerra prolongada en Irán. Como resume un gestor consultado por varias casas de análisis, «la pregunta ya no es si habrá impacto económico, sino cuánto durará y hasta qué punto afectará al canal energético».

El petróleo se dispara y Europa vuelve a temblar

El punto más delicado para Europa vuelve a ser el mismo de siempre: la factura energética. El barril de Brent, referencia para el Viejo Continente, llegó a subir hasta un 13%, rozando los 82 dólares, para estabilizarse después en avances de en torno al 8%-10%. En paralelo, los precios del gas europeo arrancaban la sesión con saltos cercanos al 24%, en un mercado que no ha olvidado aún la crisis energética abierta tras la invasión rusa de Ucrania.

El detonante no es sólo la guerra: es el mapa. El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y gas mundial, se ha convertido de nuevo en un cuello de botella estratégico. Los ataques a buques en la zona, las advertencias de la Guardia Revolucionaria iraní y la decisión de grandes navieras de suspender sus rutas por el Golfo han provocado un casi bloqueo del tráfico marítimo, con desvíos forzosos por el cabo de Buena Esperanza que añaden semanas y costes adicionales a cada envío.

Este hecho revela hasta qué punto la aparente normalización de los precios de la energía en 2024 y comienzos de 2025 había generado una falsa sensación de seguridad. Con la inflación de la eurozona ya por debajo del 2% y el BCE manteniendo los tipos en el 2%, muchos gobiernos habían relajado sus políticas de apoyo al consumo y a la industria intensiva en energía. Ahora, con el crudo apuntando de nuevo hacia los 100 dólares por barril si el conflicto se prolonga, el margen fiscal y monetario vuelve a encogerse peligrosamente.

El euro se hunde frente al dólar refugio

La otra gran variable que marca la jornada es el tipo de cambio. A primera hora, el euro caía alrededor de un 0,7%, hasta el entorno de los 1,17 dólares, mientras la libra se depreciaba en una proporción similar, hacia 1,34 dólares. La reacción es de manual: el dólar se refuerza como activo refugio, alimentado por el repunte del precio del crudo y el miedo a una escalada regional.

Este movimiento contrasta con el contexto de apenas unas semanas atrás, cuando la divisa europea se movía cómodamente por debajo de 1,18 dólares, apoyada en una inflación cayendo al 1,7% y en la percepción de que el ciclo de tipos del BCE estaba en una especie de «meseta» estable. El contraste con el presente resulta demoledor: el mismo dato que hace nada daba aire a la moneda única —precios contenidos— hoy la convierte en víctima colateral de un shock externo que puede volver a encarecer la energía y deteriorar el saldo exterior de la región.

Los analistas de divisas advierten de que, si el cierre de facto de Ormuz se prolonga, no sería descartable ver al euro acercarse de nuevo a la paridad frente al billete verde, especialmente si la Reserva Federal se ve obligada a posponer cualquier recorte de tipos por la presión inflacionista del crudo mientras el BCE mantiene una postura más prudente.

Sectores más golpeados: bancos, turismo e industria

En la radiografía sectorial, los movimientos se parecen mucho a los ya vistos en otros episodios de tensión en Oriente Medio. Las primeras indicaciones de los brókeres apuntan a un castigo más severo para bancos, aerolíneas, turismo y grandes industriales exportadoras, precisamente los sectores que mejor habían aprovechado la fase de tipos estables y crecimiento moderado. El recuerdo de junio de 2025 —cuando los ataques de Israel sobre instalaciones nucleares iraníes hundieron al Ibex y al resto de plazas europeas más de un 1% en una sola sesión— sigue muy presente.

En el lado opuesto del gráfico, los grandes beneficiados vuelven a ser las petroleras, compañías de gas, utilities defensivas y valores ligados a defensa y aeroespacial. La lógica es clara: más tensión en el Golfo implica más margen para las productoras de crudo y gas y refuerza las expectativas de aumento del gasto militar en toda la OTAN. Lo más grave, sin embargo, es que esta rotación sectorial se superpone a un ciclo bursátil en el que muchos índices europeos venían de marcar máximos históricos hace apenas unos días, con valoraciones exigentes que hacen más dolorosa la corrección.

El diagnóstico es inequívoco: Europa paga una prima de riesgo geopolítico más alta que otras regiones precisamente porque su modelo productivo sigue siendo intensivo en energía importada y su sistema financiero, muy bancarizado, es especialmente sensible a cualquier empeoramiento de las expectativas de crecimiento.

El fantasma del cierre del estrecho de Ormuz

El riesgo sistémico que los mercados empiezan a descontar no es tanto la duración exacta de los bombardeos como el escenario de un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz. Desde el sábado, Irán ha lanzado misiles y drones contra Israel y bases de Estados Unidos en varios países del Golfo, al tiempo que su Guardia Revolucionaria ha advertido a los buques que eviten la zona. El resultado es una interrupción severa del tráfico marítimo en uno de los puntos por los que circula una quinta parte del petróleo y gas del planeta.

Las consecuencias se perciben ya en el terreno financiero: las primas de seguro de guerra para petroleros han subido hasta un 50%, según estimaciones de analistas internacionales, y varias navieras globales han suspendido sus rutas por Ormuz y el canal de Suez, forzando desvíos que encarecen los fletes y elevan los tiempos de entrega. En paralelo, los mercados de derivados empiezan a poner precio a un escenario en el que el Brent supere la barrera psicológica de los 100 dólares, una cota que no se veía desde los picos de la crisis energética posterior a Ucrania.

Para Europa, que todavía importa alrededor de dos tercios de la energía que consume, la combinación de crudo caro, gas tensionado y dólar fuerte es explosiva: presiona al alza la inflación, deteriora la balanza por cuenta corriente y amenaza con erosionar la incipiente mejora de la renta disponible de hogares y empresas.

Precedentes históricos: de 1973 a la guerra de 2025

El episodio actual se inscribe en una larga lista de crisis energéticas con epicentro en Oriente Medio. La referencia más obvia sigue siendo el embargo petrolero de 1973, que desencadenó una recesión profunda y una década de inflación crónica en Europa. Más cerca en el tiempo, la guerra en Ucrania y la Guerra de los Doce Días entre Israel e Irán en 2025 ya demostraron hasta qué punto el cierre parcial de rutas energéticas puede trastocar la economía global en cuestión de semanas.

Sin embargo, el contexto actual presenta diferencias relevantes. Hoy, la inflación partía de niveles mucho más bajos —1,7% en la eurozona en enero— y los bancos centrales se encontraban en una fase de pausa, tras dos años de subidas agresivas de tipos. A la vez, las empresas europeas han avanzado en diversificación de proveedores de gas —con más peso del GNL estadounidense y catarí—, pero siguen expuestas al crudo del Golfo y a las rutas marítimas que ahora están tensionadas.

La experiencia de 2025 ofrece una lección clara: cuando el mercado percibe que la escalada tiene límites temporales y geográficos, las caídas iniciales —superiores al 2% en el Ibex y otros índices— pueden revertirse en cuestión de días. Cuando, por el contrario, el conflicto se percibe como el inicio de una guerra abierta y larga, la corrección se prolonga y la volatilidad se dispara.

Qué puede pasar ahora con el BCE y las Bolsas

La gran incógnita reside ahora en la reacción del Banco Central Europeo. Hasta la semana pasada, el consenso de mercado daba por hecho que el BCE mantendría el tipo de depósito en el 2% durante buena parte de 2026, con un primer recorte posible a finales de año si la inflación seguía moderándose. La nueva escalada en Oriente Medio introduce un factor de choque de oferta —vía energía— que complica ese guion.

Si el repunte del petróleo se demuestra transitorio, el BCE podría mirar más allá del ruido geopolítico y mantener su hoja de ruta. Pero si el shock energético se consolida durante varios meses, el dilema será más incómodo: subir tipos para contener una inflación importada, con el riesgo de ahogar el crecimiento, o tolerar temporalmente una inflación por encima del objetivo para evitar una recesión profunda. Ninguna de las dos opciones es cómoda para una economía que apenas comenzaba a consolidar la salida del ciclo de subidas de precios.

En Bolsa, los escenarios que manejan las casas de inversión van desde una corrección intensa pero acotada —con caídas del orden del 5%-8% en los grandes índices europeos en las próximas semanas— hasta un escenario más severo si el cierre de Ormuz y los ataques cruzados se prolongan más allá de la primavera. Lo único seguro es que la volatilidad ha vuelto para quedarse y que los mínimos de estas jornadas se convertirán en referencias clave para medir el verdadero daño sobre la confianza inversora.