Las bolsas europeas suben hasta un 0,7% pese a Irán
Las bolsas europeas han abierto al alza este viernes tras una de las semanas más turbulentas desde la invasión de Ucrania. A las 9:00 horas CET, el DAX alemán subía un 0,68%, el Euro Stoxx 50 ganaba un 0,37% y el CAC 40 francés avanzaba otro 0,37%, mientras que el FTSE 100 británico repuntaba un 0,36%.
La renta variable europea ha abierto este viernes en verde tras una de las semanas más tensas desde la invasión de Ucrania. A las 9:00 horas, el DAX alemán avanzaba un 0,68%, el EURO STOXX 50 sumaba un 0,37% y el CAC 40 francés ganaba también un 0,37%, mientras el FTSE 100 británico repuntaba un 0,36%. Todo ello, con la guerra en Irán aún en el centro del radar y un mercado que descuenta un nuevo shock energético si el conflicto se prolonga. Al mismo tiempo, los inversores digieren las últimas cifras de precios de la vivienda en Reino Unido y miran ya a las estimaciones preliminares de PIB de la Unión Europea, que llegan en un momento de crecimiento débil y enorme incertidumbre geopolítica. La sensación es clara: más que un cambio de tendencia, el rebote tiene sabor a pausa técnica en mitad de la tormenta.
Un rebote técnico en plena tormenta geopolítica
El movimiento de este viernes llega después de varios días de ventas masivas en Europa, motivadas por la escalada bélica en Oriente Medio y el temor a que el estrecho de Ormuz quede prácticamente bloqueado al tráfico de petróleo y gas. Los inversores han pasado en apenas una semana de descontar bajadas de tipos relativamente rápidas a asumir que el repunte del crudo y del gas puede obligar a los bancos centrales a mantener el freno algo más tiempo. El mercado lleva días digiriendo que el precio del Brent ha llegado a subir casi un 18% en la semana, superando los 85 dólares por barril, el mayor salto semanal en cuatro años.
Este contexto explica que el rebote tenga un marcado tono táctico: muchos gestores se limitan a recomprar parte de lo vendido para no quedarse fuera si el fin de semana trae alguna señal de distensión. Sin embargo, nadie ignora que el conflicto aún está lejos de resolverse y que la volatilidad puede dispararse de nuevo en cuestión de horas. La consecuencia es una sesión de alivio, sí, pero con un riesgo geopolítico que sigue completamente incrustado en los precios.
Los índices: tecnología y defensa tiran del carro
Detrás de los porcentajes hay nombres propios. En Fráncfort, el DAX subía un 0,68% impulsado por SAP, que avanzaba en torno a un 1,4%, beneficiada por el apetito por grandes tecnológicas europeas en un entorno de tipos todavía altos pero más estables. En el EURO STOXX 50, el protagonismo recaía en Adyen, con subidas superiores al 2,5%, reflejo de la rotación hacia valores de pagos y software tras las fuertes correcciones previas.
En París, el CAC 40 ganaba un 0,37% con Thales en cabeza, avanzando alrededor de un 1,6%, en línea con el comportamiento de todo el sector de defensa europeo, que se ha convertido en refugio casi estructural en cada repunte de tensiones geopolíticas. En Londres, el FTSE 100 sumaba un 0,36%, con 3i Group rebotando algo más de un 2,4%, ejemplo de cómo los inversores vuelven puntualmente a vehículos de inversión diversificados después de jornadas de ventas indiscriminadas.
Frente a estos avances, sectores como aerolíneas, turismo y consumo discrecional siguen rezagados: la combinación de energía más cara y posible deterioro de la confianza del consumidor actúa como un freno evidente. El diagnóstico es inequívoco: el rebote es selectivo y premia negocios con ingresos más previsibles o vinculados a la seguridad.
El factor Irán: del estrecho de Ormuz al recibo de la luz
El telón de fondo es la guerra abierta entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro, que ha devuelto al centro del tablero el principal cuello de botella energético del planeta: el estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo circulan alrededor de 20 millones de barriles diarios de crudo y derivados, cerca de una quinta parte del consumo mundial. Además, por la zona salen todos los cargamentos de gas natural licuado de Qatar y Emiratos, lo que supone cerca del 20% del comercio global de GNL.
Desde los primeros ataques, el tráfico marítimo se ha reducido de forma drástica y los seguros se han encarecido, disparando la prima de riesgo en el mercado energético. Según cálculos de centros de análisis europeos, en la mañana del 2 de marzo el precio del petróleo llegó a repuntar un 8% y el del gas europeo cerca de un 20%, replicando la dinámica vivida en la crisis energética de 2021-2023.
Europa, menos dependiente físicamente del crudo del Golfo que Asia, no está sin embargo blindada: los mercados de petróleo y gas son globales y cualquier bloqueo en Ormuz se traduce de inmediato en precios más altos también en el continente. La consecuencia es clara: cada día adicional de conflicto erosiona el margen del BCE para seguir normalizando tipos sin reavivar la inflación energética.
Halifax enfría el optimismo inmobiliario en Reino Unido
Mientras los índices rebotan, una parte del mercado mira a otro indicador clave: la vivienda. El último informe de Halifax muestra que los precios de la vivienda en Reino Unido subieron un 0,3% en febrero, hasta una media de alrededor de 301.000 libras, frente al 0,8% de enero. En tasa interanual, el crecimiento se sitúa en torno al 1,3%, el mejor dato en cuatro meses, pero con fuertes divergencias regionales.
El banco advierte, sin embargo, de que las “incertidumbres geopolíticas, especialmente la guerra en Irán, pueden frenar la caída de los tipos hipotecarios”. En paralelo, varias entidades —incluidas grandes nombres del mercado británico— han comenzado a subir discretamente sus tipos fijos, anticipando que el Banco de Inglaterra retrasará los recortes de tipos si el repunte del petróleo se consolida.
El contraste con el comportamiento de las bolsas es significativo. Mientras la renta variable celebra cualquier indicio de que la economía evita la recesión, el mercado inmobiliario empieza a descontar un escenario de “tipos altos durante más tiempo”, especialmente doloroso para primeros compradores y familias altamente endeudadas. El mensaje implícito del informe de Halifax es que la aparente normalización del mercado de vivienda británico podría ser frágil si el shock energético se prolonga.
El PIB de la zona euro, juez de las próximas semanas
El otro gran foco de atención de la sesión está en Eurostat. Este viernes está marcada en rojo la publicación de las nuevas estimaciones de PIB y empleo para el cuarto trimestre de 2025 y el conjunto del año, un dato que llega con semanas de retraso respecto a la escalada geopolítica pero que condicionará la narrativa de fondo. El último avance sitúa el crecimiento del PIB en el cuarto trimestre en un 0,3% trimestral tanto en la zona euro como en el conjunto de la UE, con tasas anuales cercanas al 1,3%-1,5%, claramente por debajo de la media histórica.
Los modelos de la Comisión Europea y del FMI apuntan a un crecimiento en 2026 en torno al 1,3% para la zona euro, sostenido por un mercado laboral todavía sólido y por el impulso de la inversión pública, incluida la defensa. Pero el margen para errores se ha reducido: otra sorpresa negativa en crecimiento, combinada con un nuevo repunte de la energía, complicaría enormemente la hoja de ruta del BCE.
Para los gestores, el dato de PIB es algo más que una referencia estadística: será el termómetro que determine si el actual rebote bursátil tiene recorrido o si, por el contrario, estamos ante una simple corrección de un mercado que sigue atrapado entre crecimiento anémico y riesgos inflacionistas.
Energía cara, banca nerviosa: qué descuentan los bonos
Si las bolsas miran a Irán, el mercado de deuda mira sobre todo a Fráncfort y Londres. El precedente de la crisis energética posterior a la invasión de Ucrania pesa: entonces, el disparo de los precios del gas se trasladó con rapidez a la inflación y forzó una de las subidas de tipos más agresivas de la historia del BCE. Ahora, los analistas temen un patrón similar si los cortes de suministro de GNL desde el Golfo se prolongan.
Los datos de almacenamiento de gas en Europa son menos holgados que en los dos inviernos anteriores: las reservas se sitúan en torno a 46.000 millones de metros cúbicos, frente a los 60.000 millones de hace un año y los 77.000 millones de 2024, lo que deja menos colchón para absorber nuevas tensiones de precios. El resultado es un repunte de las expectativas de inflación de medio plazo y ligeras subidas en las rentabilidades de los bonos a 10 años, especialmente en la periferia.
La banca, gran tenedora de deuda soberana, se mueve en equilibrio inestable: por un lado se beneficia de tipos más altos durante más tiempo; por otro, ve reactivarse el fantasma de las pérdidas latentes en carteras de bonos si las yields vuelven a repuntar con fuerza. El contraste con la aparente calma de los índices bursátiles resulta, de nuevo, demoledor.
España y el resto de Europa: vulnerabilidades cruzadas
España llega a este nuevo episodio de tensión con una economía que ha resistido mejor que la media europea en los últimos trimestres, pero que sigue muy expuesta al coste de la energía y al comportamiento del turismo. Una subida prolongada del petróleo por encima de los 80-90 dólares y un gas más caro podrían presionar de nuevo la factura eléctrica de hogares y empresas, justo cuando empezaban a normalizarse tras la crisis de 2022.
El Ibex 35 se suma al rebote europeo, pero con un patrón conocido: las utilities y parte de la banca sostienen el índice, mientras valores ligados al consumo interno y a los viajes continúan más débiles. Al mismo tiempo, países con mayor peso industrial —como Alemania o Italia— sufren por la subida del gas que amenaza con encarecer otra vez la producción manufacturera.
Los informes macroeconómicos recientes de Bruselas insisten en que Europa debe afrontar vulnerabilidades estructurales como su dependencia energética, los altos niveles de deuda pública en algunos Estados y las tensiones en la vivienda. La guerra en Irán actúa como un test de estrés en tiempo real de hasta qué punto esas lecciones se han aprendido realmente desde 2022.
